El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 4: Ecos de un nombre

—Academia: dia siguiente de entrar al juego—

El día siguiente llegó demasiado rápido.

Aoi apenas había dormido.

No por cansancio físico, sino porque cada vez que cerraba los ojos, el mundo del juego volvía a aparecer: el bosque visto desde el cielo, el peso de Fen bajo sus manos, la forma en que Lyn respondía incluso antes de que él pensara.

Y, sobre todo…

El rostro del espejo.

Se levantó temprano, se vistió en silencio y salió de casa con el mismo uniforme de siempre.

Pero algo había cambiado.

Esta vez, cuando caminaba con la cabeza baja, sabía exactamente qué estaba ocultando.

El pasillo de la escuela estaba más ruidoso de lo normal.

No por gritos, sino por susurros.

—¿La viste?

—Dicen que apareció con un lobo enorme.

—No, no era un NPC normal.

—Montaba un Grimfang Wolf, ¿sabes lo raro que es eso?

Aoi se tensó sin querer.

Se detuvo frente a su casillero, intentando ignorar las voces, pero fue inútil. Los nombres flotaban en el aire como si lo estuvieran buscando.

—El ave era un Skylark Feral, ¿no?

—Sí, pero evolucionado.

—Y el slime… nadie doma un Glutton Slime tan temprano.

Aoi apretó la puerta metálica del casillero con más fuerza de la necesaria.

Fotos circulaban de mano en mano. Pantallas inclinadas, risas nerviosas, miradas curiosas.

La chica del juego.

La que dominaba monstruos hostiles.

La que montaba un lobo de caza como si fuera lo más natural del mundo.

Aoi cerró el casillero de golpe y se alejó.

—No me miren… —pensó—. Por favor.

Se encogió más de lo habitual, bajando aún más la cabeza. Ajustó el flequillo, como si eso pudiera hacerlo desaparecer.

No se dio cuenta de por dónde caminaba.

Y entonces—

—¡Oye!

El impacto fue leve, pero suficiente para sacarlo de sus pensamientos.

Aoi dio un paso atrás de inmediato.

—Lo-lo siento —dijo, sin levantar la vista.

—¿Puedes mirar por dónde vas?

La voz no era dura, pero sí firme.

Aoi tragó saliva.

—Perdón… no fue mi intención.

—Siempre estás así —murmuró la chica—. Caminando como si el piso fuera a tragarte.

Aoi parpadeó.

Esa voz…

—Reina —dijo otra, más calmada—. Basta.

Aoi alzó la mirada apenas.

Frente a él estaban dos chicas.

La primera, la que había hablado con fastidio, era Reina Shidō, la vicepresidenta del consejo estudiantil. Tenía el cabello corto, castaño oscuro, ligeramente ondulado, y unos ojos vivaces que parecían analizarlo todo con rapidez. Su uniforme estaba impecable, pero llevaba la chaqueta abierta, dándole un aire más directo, menos formal que el de la presidenta.

Era del tipo que decía lo que pensaba sin filtros.

—Deberías prestar más atención, Mizuchi —continuó Reina, cruzándose de brazos—. Este pasillo no es solo tuyo.

Aoi abrió un poco más los ojos.

—¿Eh…?

—Aoi Mizuchi, ¿verdad? —añadió ella—. Siempre andas igual.

Aoi asintió torpemente.

—S-sí… ese soy yo.

Fue entonces cuando lo sintió.

Una mirada.

No molesta.

No severa.

Curiosa.

Reika Kanzaki estaba justo al lado de Reina.

Aoi no la había visto de inmediato, quizá porque su presencia no necesitaba imponerse. Simplemente… estaba ahí.

Reika lo observaba con atención, como si hubiera escuchado algo que no encajaba del todo.

—¿Aoi… Mizuchi? —repitió en voz baja.

Aoi asintió otra vez.

—Sí.

Reina suspiró.

—Bueno, ya está. Solo mira por dónde vas —dijo, girándose—. Vamos, Reika, llegamos tarde.

—Un segundo —respondió Reika.

Reina la miró de reojo.

—¿Qué pasa?

Reika no apartó los ojos de Aoi.

No lo miraba como presidenta.

No lo miraba como autoridad.

Lo miraba como alguien que acababa de notar una coincidencia imposible de ignorar.

—Nada —dijo al final—. Solo… me llamó la atención el nombre.

Aoi inclinó la cabeza, confundido.

—¿Mi nombre?

Reika sonrió apenas.

—Sí —respondió—. Nada importante.

Reina frunció el ceño.

—¿Eso era todo?

—Sí. Vamos.

Pasaron junto a Aoi, y el mundo volvió a moverse.

El ruido regresó.

Las voces se superpusieron otra vez.

Aoi se quedó quieto un segundo más de la cuenta.

—Aoi… —pensó—. Solo una coincidencia.

Pero mientras se alejaba, no vio que Reika, unos pasos más adelante, había disminuido el ritmo.

Su mente no estaba en la agenda.

Ni en la reunión.

Estaba en un nombre.

En una imagen borrosa que había visto la noche anterior.

En una chica del juego.

En una coincidencia que no debería importarle…

y sin embargo, lo hacía.

Dos Aoi.

Dos mundos.

Y una sensación incómoda que acababa de empezar a tomar forma.

—Sala del concejo estudiantil: 13 pm—

El consejo estudiantil estaba más tranquilo de lo habitual.

No porque no hubiera trabajo, sino porque Reika había terminado la mayoría de los asuntos antes del recreo. Los documentos estaban ordenados, las solicitudes revisadas, las reuniones agendadas.

Todo funcionaba.

Y aun así, su mente no estaba ahí.

—…Reika.

La voz de Reina la sacó de sus pensamientos.

—¿Hm? —respondió, levantando la vista.

Reina estaba sentada frente a ella, girando lentamente una silla con el pie. Tenía su teléfono en la mano, la pantalla apagada… lo cual, en ella, ya era extraño.

—Te pregunté si ibas a entrar hoy —repitió—. Al juego.

Reika parpadeó.

—Ah… sí. Tal vez esta noche.

Reina ladeó la cabeza, estudiándola.

—Estás distraída.

—No más de lo normal.

—Mentira.

Reika suspiró y cerró la carpeta que tenía delante.

—¿Qué pasa?

Reina sonrió con esa expresión suya que siempre anunciaba chismes… o problemas.

—¿Viste los foros esta mañana?



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Editado: 01.10.2026

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