El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 25: Una prisión jamás vista

Argos comenzaba a mostrar los primeros signos evidentes de que la estrategia estaba cumpliendo su efecto.

Sus movimientos, que al principio eran torpes pero firmes, ahora se volvían cada vez más rígidos y pesados. Cada vez que intentaba levantar un brazo, su cuerpo entero parecía oponerse a sí mismo, como si algo invisible estuviera frenando el mecanismo interno que lo mantenía en funcionamiento. Las líneas de energía brillante que recorrían las uniones entre los bloques de piedra ya no ardían con el mismo resplandor intenso; ahora titilaban con luz tenue, parpadeando de forma irregular, señal de que las runas que lo mantenían unido empezaban a perder estabilidad.

—¡Está funcionando! —exclamó Mireya con entusiasmo, inclinándose hacia la pantalla—. Miren cómo se mueve, ¡las corrientes mágicas se están debilitando!

—Sí… pero demasiado despacio —respondió Darius con el ceño fruncido, sin apartar la vista ni un segundo—. No olviden con qué nos enfrentamos. Argos no es solo roca común: su estructura está forjada con minerales de altísima densidad y reforzada con magia antigua de siglos. Es como intentar erosionar una montaña golpeándola con una lluvia suave.

Y la barra de vida en la pantalla confirmaba sus palabras.

Bajaba, sí, pero a un ritmo casi imperceptible, como la arena que se escapa por un orificio muy estrecho:

95% → se mantuvo varios minutos.

93% → tardó casi tres minutos más en descender.

91% → avanzaba con una lentitud desesperante.

Cada pequeño porcentaje costaba tiempo y un gasto constante de energía.

—Es exactamente lo que nos pasa a todos cuando lo enfrentamos —se escuchaba decir en los foros y en las tabernas, mientras los jugadores seguían la transmisión—. Primero logras frenarlo un poco, sí, pero reducir su resistencia lleva una eternidad.

—Y si no tienes guerreros capaces de descargar golpes devastadores para romper esa coraza de piedra… la pelea puede durar horas, y al final te quedas sin fuerzas antes que él.

Mientras tanto, dentro de la sala, la escena se mantenía en un equilibrio tenso y preciso.

Fern seguía moviéndose con una agilidad sorprendente para su tamaño. Cada golpe que Argos lanzaba contra el suelo o contra las paredes era esquivado por apenas unos centímetros; el lobo giraba, saltaba y usaba las propias paredes para impulsarse y cambiar de dirección, manteniéndose siempre fuera del alcance de aquellos puños que podían aplastarlo en un instante.

Sobre su lomo, Aoi permanecía inmóvil y en silencio, con la mirada fija en cada movimiento del golem. No daba órdenes innecesarias ni se apresuraba. Solo observaba, calculaba distancias, medía tiempos y esperaba el momento exacto.

En lo alto, Regulus continuaba sobrevolando con calma, descendiendo de vez en cuando para cubrir el cuerpo de piedra con sus llamas, justo cuando Aoi lo indicaba, asegurándose de que el vapor siguiera penetrando en cada rendija. Lyn, por su parte, vigilaba desde las alturas, atenta a cualquier cambio en el comportamiento o en la energía de Argos.

Todo parecía seguir un ritmo constante, repetitivo… demasiado repetitivo.

—Algo no cuadra… —murmuró Darius de repente, entre dientes.

Mireya giró la cabeza hacia él, intrigada.

—¿Qué pasa? ¿Notas algo raro?

El veterano comentarista entrecerró los ojos y repasó mentalmente cada detalle de la imagen.

—Tenemos a Fern esquivando, a Regulus con el fuego, a Lyn vigilando… pero ¿dónde está Puddle?

La pregunta flotó en el aire unos segundos antes de que todos se dieran cuenta.

—¡Es verdad! —exclamó Mireya—. ¡No lo hemos visto aparecer en pantalla en los últimos minutos!

Los operadores cambiaron rápidamente de ángulo, moviendo las cámaras por toda la sala: una seguía a Fern, otra enfocaba el cuerpo de Argos, otra recorría el techo y las esquinas… pero no había rastro del pequeño slime.

—¿Lo habrá perdido en algún movimiento? —preguntó alguien entre el equipo.—¿O quizás se escondió para protegerse?

—No —respondió Darius con seguridad, negando lentamente—. Aoi nunca perdería de vista a uno de sus compañeros, y mucho menos lo dejaría fuera de lugar sin un propósito.

Entonces, una cámara secundaria descendió suavemente hasta la base del enorme golem, enfocando el suelo agrietado a sus pies.

Y allí estaba.

Puddle, pegado como una mancha brillante y elástica sobre una de las piernas de piedra, casi camuflado entre las sombras y las grietas. No se movía de su sitio, y no atacaba al cuerpo del jefe. Simplemente, una y otra vez, lanzaba su chorro de agua con fuerza, pero no hacia arriba, sino directamente hacia las profundas hendiduras que recorrían el suelo bajo los pies de Argos.

—¿Qué está haciendo? —preguntó Mireya, confundida—. ¿Se equivocó de objetivo? ¿Está desperdiciando energía mojando el piso?

La misma duda se extendía entre los espectadores.

—No le está dando al jefe… ¿para qué sirve eso?

—Parece que perdió el foco del combate.

Pero Darius se quedó en silencio, observando con atención cómo el agua caía y se filtraba sin detenerse en las grietas, cómo el nivel iba subiendo poco a poco, acumulándose bajo la superficie rocosa.

Hasta que, unos minutos después, la cámara mostró claramente cómo el suelo comenzaba a brillar con reflejos húmedos, y el agua ya no se perdía, sino que empezaba a llenar todo el espacio subterráneo que rodeaba la base del golem.

Fue entonces cuando Darius golpeó la mesa con el puño, comprendiendo al fin.

—¡No estaba atacando! ¡Estaba almacenando toda esa agua!

En ese mismo instante, sobre el lomo de Fern, Aoi abrió lentamente los ojos. Había esperado pacientemente, contando cada segundo, hasta que el depósito subterráneo estuviera al máximo. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

—Ahora, Puddle.

Al escuchar la orden, el pequeño slime soltó un sonido agudo y alegre, dio un salto lejos de la pierna de Argos y comenzó a brillar con una luz azul intensa que iluminó toda la sala.



#168 en Ciencia ficción
#1672 en Otros
#86 en Aventura

En el texto hay: aventura, aventura ciencia y ficcion, rpg

Editado: 01.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.