El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 28: La heroína que cambió el juego

El silencio cayó sobre el mundo como una manta pesada.

No hubo gritos.

No hubo aplausos.

Ni un susurro siquiera.

En el Segundo Piso, millones de ojos permanecían fijos en el cielo artificial. Allí, suspendida sobre las Ruinas Eternas, seguía la gigantesca Esfera de Dyson... pero ya no latía.

Los inmensos anillos de piedra se habían detenido en seco. Las escaleras que segundos antes giraban como aspas de molino, ahora permanecían rígidas e inmóviles. Las murallas que habían atacado sin descanso, intentando aplastar cualquier rastro de vida, ya no eran más que bloques inertes, fríos y mudos.

Y entonces comenzó el final.

No hubo explosión. No hubo un estruendo final que sacudiera el suelo.

Simplemente, la estructura empezó a desvanecerse. Miles de partículas brillantes comenzaron a separarse lentamente, como si el propio tiempo se deshiciera de ella. Los anillos exteriores se fueron primero, disolviéndose en luz dorada. Luego las murallas, los puentes, los pasillos interminables... todo aquello que había sido un laberinto viviente, se desvaneció en el aire suavemente, como niebla bajo el sol.

Dentro de lo que quedaba en pantalla, la cámara se acercó.

Aoi estaba sentada sobre el suelo de piedra fría, las rodillas dobladas, abrazando contra sí a Puddle con todas sus fuerzas. Tenía la mirada perdida, el cuerpo caído hacia adelante, demasiado agotada incluso para levantar la cabeza. No había victoria en su rostro, solo un alivio inmenso y profundo.

La imagen se mantuvo así unos segundos eternos.

Nadie habló. Ni Mireya, ni Darius, ni un solo jugador en todo el servidor. Solo el viento soplaba suavemente entre las ruinas vacías.

Hasta que la pantalla se oscureció.

━━━━━━━━━━━━━━━

FIN DE LA TRANSMISIÓN

━━━━━━━━━━━━━━━

...

Tres segundos.

Solo tres segundos de silencio absoluto en todo el mundo.

Y entonces, el mundo estalló.

—¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!!

El grito recorrió el Primer Piso, subió al Segundo, resonó en el Tercero y llegó hasta cada rincón conocido. En las plazas, en las calles, en las tabernas y en los salones de los gremios, la gente empezó a gritar, a reír, a saltar. Muchos se abrazaban a desconocidos, otros se cubrían la boca con las manos sin poder creerlo, otros simplemente lloraban de emoción.

—¡¡LO LOGRÓ!!

—¡¡VENCIÓ A ARGOS DE VERDAD!!

—¡¡ROMPIÓ EL PROTOCOLO MÁXIMO!!

—¡¡ES LA PRIMERA EN LA HISTORIA DEL JUEGO!!

Los foros colapsaron en cuestión de segundos. Miles de mensajes se acumulaban a una velocidad que los servidores apenas podían soportar:

¡¡ALGUIEN GUARDÓ LA REPETICIÓN?! ¡¡NECESITO VERLA ENTERA!!

¡¡LA CLASE DE DOMADOR NO ES DÉBIL! ¡¡NUNCA LO FUE!!

¡¡EL LABERINTO ERA EL JEFE! ¡¡ARGOS ERA SOLO LA LLAVE!!

¡¡PUDDLE SE LLEVÓ EL NÚCLEO! ¡¡ES INCREÍBLE!!

¡¡HOY HEMOS VISTO ALGO QUE NADIE VOLVERÁ A HACER!!

En las redes sociales reales, el nombre Aoi inundó cada pantalla. Fragmentos de la batalla se multiplicaron en segundos: el salto desesperado de Fern, el último vuelo de Lyn, el empujón final de Regulus, y ese momento en que el núcleo se apagó para siempre. Era tendencia mundial, la historia más grande que el juego había conocido.

En los estudios de transmisión, los creadores de contenido permanecían callados, mirando fijamente sus pantallas. Uno de ellos se pasó las manos por el rostro, soltando un suspiro tembloroso.

—No... no puedo describirlo —dijo al fin—. Acabamos de ver la batalla más perfecta, más pensada, más humana que jamás haya tenido este juego.

Su chat se llenó de cientos de mensajes a la vez.

Otro creador soltó una risa emocionada:

—¿Se dan cuenta? Esta mañana casi nadie sabía su nombre. Ahora todo el mundo la conoce. Y todo el mundo la respeta.

Un tercero se inclinó hacia la cámara, con voz seria:

—Olvídense del equipo, olvídense del nivel, olvídense de qué es lo "mejor" según las guías. Lo que hizo Aoi fue pensar. Entender el problema antes que atacarlo. Eso es lo que nadie más vio. Y eso es lo que la hizo ganar.

En la cabina oficial, Mireya seguía sin moverse, con los ojos brillantes. Fue Darius quien habló al fin, mirando la pantalla en negro con una sonrisa llena de orgullo.

—Hoy todos somos testigos —dijo suavemente—. Vimos el momento en que una jugadora cambió para siempre lo que creíamos posible. No fue la más fuerte, ni la mejor equipada. Fue la única que se atrevió a mirar ese laberinto imposible y preguntarse: "¿Y si no es un camino? ¿Y si es un solo ser?".

Hizo una pausa, y el silencio en la cabina pareció acompañar sus palabras.

—Dentro de diez años, de veinte años, cuando los jugadores cuenten las historias de este mundo... no hablarán de cómo derrotó a un jefe. Hablarán de "la domadora que conquistó el laberinto viviente".

La habitación de la academia estaba sumida en un silencio absoluto.

Solo se escuchaba el suave zumbido constante del aire acondicionado, rompiendo apenas la calma.

Reika permanecía recostada sobre su cama, con un brazo cubriéndose los ojos, mirando fijamente la oscuridad bajo su mano. Reina, por su parte, se había dejado caer sobre el sofá en cuanto la transmisión terminó, como si le hubieran quitado todo el peso del mundo de encima.

Ninguna de las dos habló durante casi un minuto entero. Ambas seguían respirando con dificultad, el pecho subiendo y bajando rápido, como si ellas mismas hubieran corrido, saltado y luchado al lado de Aoi durante todo ese camino.

Fue Reina quien rompió el silencio al fin.

—...

Se llevó una mano al pecho, sintiendo todavía cómo el corazón le latía desbocado.

—Creo... creo que recién ahora volví a respirar de verdad.

Reika soltó una pequeña risa, débil y aliviada.

—Yo tampoco lo había hecho.

Reina giró lentamente la cabeza para mirarla.



#168 en Ciencia ficción
#1672 en Otros
#86 en Aventura

En el texto hay: aventura, aventura ciencia y ficcion, rpg

Editado: 01.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.