El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 14: llegando hasta donde nadie ha llegado

Las pantallas repartidas por todo el primer piso seguían mostrando la misma escena.

El General Orco rugiendo en medio del campo de batalla.

El enorme mazo destrozando piedra y levantando polvo.

Y aquel pequeño grupo de cinco jugadoras que, de alguna forma, seguía resistiendo.

Hasta ese momento, todos los grupos que habían logrado derrotar al jefe del primer piso lo habían hecho gracias a la suerte.

Si el General Orco sacaba la espada larga, todavía era posible aprender su patrón.

Si usaba las dos espadas cortas, la pelea se volvía más rápida, pero seguía teniendo aberturas.

Incluso el hacha podía ser manejable si el grupo tenía suficiente daño.

Pero la maza...

La maza era distinta.

La maza era el final.

Cuando el General Orco entraba en modo berserker, la mayoría de los equipos apenas lograban sobrevivir unos minutos más.

Algunos ni siquiera podían bajarle un diez por ciento de vida.

Los mejores grupos apenas llegaban a la mitad de la barra antes de ser aplastados.

Y eso ya era considerado una locura.

Pero este grupo...

Este grupo ya había pasado ese límite hacía rato.

En la transmisión principal, la comentarista de cabello corto seguía observando la pantalla con los ojos muy abiertos.

—No puedo creerlo... —murmuró—. Ya le bajaron más de la mitad de la vida incluso con la maza. Ningún grupo había logrado esto antes.

El hombre sentado a su lado tampoco apartó la vista de la transmisión.

Su nombre era Darius, uno de los comentaristas veteranos más conocidos dentro de la comunidad.

A su lado, la comentarista más joven, Mireya, apenas podía ocultar la emoción.

—No estamos viendo una pelea normal —dijo Darius con voz seria—. Estamos viendo algo que probablemente quede registrado como una de las mejores batallas del primer piso.

Mireya tragó saliva.

En la pantalla, Hina esquivó por centímetros un golpe descendente del mazo.

El impacto abrió una grieta enorme en el suelo.

Piedras salieron despedidas.

Una de ellas golpeó el hombro de Reina.

Otra pasó rozando el rostro de Reika.

Pero aun así ninguna se detuvo.

—La maza siempre ha sido el peor escenario porque obliga a los jugadores a mantenerse lejos —continuó Darius—. Un error basta para morir. Pero este grupo encontró la forma de convertir esa lentitud en una debilidad.

La pantalla mostró a Lyn descendiendo otra vez sobre el único ojo del General.

El monstruo rugió y levantó el brazo para cubrirse.

En ese instante, Hina apareció por su lado ciego y clavó la espada en la parte trasera de una de sus piernas.

El General perdió el equilibrio apenas un segundo.

Y eso bastó.

Reina avanzó.

Su espada chocó contra el costado del monstruo con una fuerza brutal.

No logró atravesar la armadura.

Pero sí lo hizo girar.

Entonces Reika entró de frente.

La punta de su lanza golpeó justo en el pecho del General.

Y detrás de ella, Kaede liberó otra explosión de magia helada.

El aire alrededor del jefe se cubrió de vapor.

Fragmentos de hielo chocaron contra la armadura.

La barra de vida volvió a bajar.

Poco.

Pero bajó.

Y eso era suficiente para que el servidor entero contuviera la respiración.

En las ciudades, nadie hablaba de otra cosa.

Las plazas estaban llenas.

Las tabernas rebosaban de jugadores.

Muchos ni siquiera estaban jugando.

Solo observaban.

Solo esperaban.

En Lunvar, un grupo de aventureros que había sido derrotado por el General días antes seguía viendo la transmisión desde una mesa llena de vasos vacíos.

Uno de ellos apretó los puños.

—Nosotros ni siquiera logramos bajarle la mitad...

Otro negó lentamente.

—Ellas están peleando como si llevaran meses juntas.

—No, peor —murmuró otro jugador—. Parecen un grupo de raid de alto nivel.

En otra ciudad, varios gremios completos ya habían dejado de discutir estrategias.

Ahora simplemente miraban.

Porque la batalla ya había dejado de ser una simple pelea contra un jefe.

Ahora era un espectáculo.

Era el tipo de combate que uno recordaba incluso semanas después.

El tipo de pelea que terminaba convertido en clips, videos y discusiones en todos los foros.

Y en medio de todo eso...

Aoi seguía moviéndose sobre Fen.

Su respiración era más pesada que antes.

El sudor se pegaba a su cuello.

La barra de maná de Kaede ya estaba por debajo de la mitad.

Las pociones de Hina comenzaban a agotarse.

Reina tenía grietas en parte de su armadura.

Reika respiraba con dificultad cada vez que bloqueaba un golpe.

Y Fen también estaba cansado.

Sus movimientos seguían siendo rápidos.

Pero ya no tanto como al principio.

Lyn volaba más bajo.

Puddle apenas rebotaba.

Todos estaban llegando al límite.

Y aun así...

El General Orco seguía de pie.

Herido.

Cansado.

Furioso.

Pero todavía de pie.

Aoi apretó con fuerza las riendas improvisadas del pelaje de Fen.

Su mirada se movió de una barra a otra.

La vida del jefe.

La vida de sus compañeras.

Las pociones.

El maná.

Las habilidades en enfriamiento.

Cada segundo importaba.

Cada error podía arruinarlo todo.

Fen soltó un gruñido bajo.

Como si sintiera la tensión de su dueña.

Aoi respiró hondo.

—Tenemos que terminar esto pronto... —murmuró.

Frente a ellas, el General Orco volvió a levantar la maza.

Sus músculos se inflaron.

El suelo comenzó a romperse bajo sus pies.

Y por primera vez desde que comenzó la segunda fase...

El monstruo parecía prepararse para algo distinto.

Algo peor.

Algo que ninguna de ellas había visto antes

El General Orco respiraba con dificultad.



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Editado: 01.10.2026

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