El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 13: sin rendirse hasta el final

El orco sanador soltó un grito ahogado.

La masa azul que cubría su cuerpo comenzó a apretarse más y más alrededor de él.

Puddle ya no parecía aquel pequeño slime inofensivo que rebotaba alegremente alrededor de Aoi.

Ahora su cuerpo estaba completamente adherido al torso del orco, cubriendo parte de su cuello, un brazo entero y subiendo poco a poco hasta el rostro.

Cada vez que el monstruo intentaba arrancárselo de encima, el slime simplemente se dividía, se extendía y volvía a unirse a su piel.

El orco sanador retrocedió desesperado, golpeando con su bastón el suelo, intentando lanzar magia de recuperación.

Pero ya era tarde.

La sustancia azulada cubría cada vez más runas de su cuerpo.

Cada hechizo se interrumpía.

Cada movimiento se volvía más lento.

Y en el campo de batalla, todos lo sintieron.

Las heridas ya no desaparecían.

Los orcos comenzaron a quedarse dañados.

Comenzaron a sangrar.

Comenzaron a cansarse.

—¡Ahora! —gritó Aoi desde atrás.

Su voz se escuchó firme.

Más segura que nunca.

Hina fue la primera en reaccionar.

La paladina giró sobre sí misma esquivando el enorme garrote de uno de los orcos, deslizando una rodilla por el suelo de piedra antes de impulsarse hacia adelante.

Su espada brilló.

Un corte.

Luego otro.

Luego un tercero.

Las hojas de acero golpearon el costado del monstruo, dejando líneas profundas sobre su armadura improvisada.

El orco rugió y levantó el arma por encima de su cabeza.

Hina sonrió.

Esperó justo un segundo.

Y desapareció hacia un costado.

El garrote cayó con fuerza brutal contra el suelo, levantando tierra, polvo y piedras.

Pero Hina ya estaba detrás.

—Muy lento.

Su espada atravesó la parte posterior de la rodilla del monstruo.

El orco cayó sobre una pierna soltando un rugido de dolor.

Y antes de que pudiera levantarse, Hina giró una vez más sobre sí misma.

La hoja trazó una línea brillante en el aire.

El corte cruzó el cuello del monstruo.

La cabeza cayó un segundo después.

[Orco guerrero derrotado]

—¡Uno menos! —gritó Hina.

Por el otro lado del campo, Reina era completamente distinta.

Donde Hina era velocidad y precisión, Reina era pura destrucción.

Su espada gigantesca descendió desde arriba como una guillotina.

El orco que intentó bloquearla apenas logró levantar su arma.

El impacto fue tan fuerte que el monstruo se hundió de rodillas.

La tierra bajo sus pies se quebró.

—¡No te atrevas a frenarme! —gritó Reina.

Su cabello se agitó detrás de ella mientras volvía a levantar la espada.

El orco intentó responder.

Le lanzó un golpe lateral.

Reina lo recibió de frente.

El impacto la hizo retroceder medio paso.

Nada más.

Sonrió.

Luego giró el cuerpo completo.

La espada enorme cortó el aire con un sonido brutal.

Golpeó el torso del monstruo de lado.

La armadura improvisada se rompió.

Las costillas también.

El orco salió despedido varios metros, rodando por el suelo hasta chocar contra una roca.

Intentó levantarse.

No pudo.

Reina llegó antes.

Saltó.

Y bajó la espada con ambas manos.

El golpe atravesó el pecho del monstruo y se clavó en el suelo.

[Orco guerrero derrotado]

Mientras tanto, Kaede y Reika seguían enfrentando al General Orco.

La diferencia de tamaño era absurda.

El jefe parecía una muralla viva.

Cada vez que movía su enorme espada, el aire vibraba.

Cada golpe dejaba grietas en el suelo.

Reika retrocedió esquivando apenas una estocada brutal que atravesó la roca detrás de ella.

—¡Ese monstruo está loco! —gritó.

Kaede levantó el bastón.

Círculos mágicos aparecieron alrededor del General Orco.

Cadenas de hielo emergieron desde el suelo y se enredaron en una de sus piernas.

No bastaban para detenerlo.

Pero sí para hacerlo más lento.

—¡Ahora, Reika! —gritó.

La vicepresidenta no dudó.

Se lanzó hacia adelante.

Su lanza trazó una línea recta entre el humo y el polvo.

Golpeó el costado del General.

No fue una herida profunda.

Pero sí suficiente para llamar su atención.

El jefe giró hacia ella rugiendo.

Y eso era exactamente lo que necesitaban.

Fen apareció desde un costado.

El enorme lobo negro saltó directamente sobre el brazo del General Orco.

Sus colmillos se clavaron en la muñeca del monstruo.

El jefe rugió furioso.

Intentó arrancárselo de encima.

Fen no soltó.

Reika aprovechó ese instante.

Se deslizó por debajo del enorme brazo del General y golpeó directamente una de sus piernas.

El filo de su lanza atravesó la armadura.

El monstruo retrocedió medio paso.

Kaede volvió a levantar la mano.

—¡Explosión de escarcha!

El suelo bajo el General explotó.

Hielo y roca saltaron por todas partes.

El jefe rugió de dolor.

Su barra de vida bajó apenas un poco.

Pero bajó.

Desde atrás, Aoi observaba todo.

Sus ojos iban de un lado a otro.

Analizando.

Midiendo.

Lyn volaba alto, marcando posiciones.

Cada vez que veía un hueco, chillaba.

Y Aoi respondía al instante.

—¡Hina, a la derecha! —¡Reina, detrás de ti! —¡Reika, retrocede ahora!

Todo el grupo se movía siguiendo su voz.

Como si Aoi fuera el centro de una telaraña gigante.

Entonces el último orco normal intentó escapar hacia el sanador.

Pero ya era demasiado tarde.

Puddle terminó de cubrir completamente al orco sanador.

El cuerpo del monstruo desapareció lentamente dentro de la masa azul.

Y cuando el slime volvió a separarse…

No quedaba nada.

Solo un pequeño núcleo brillante atrapado dentro de su cuerpo gelatinoso.



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Editado: 01.10.2026

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