El jefe final que no quiere ser derrotado

Capítulo 15: El grupo que rompió lo imposible

Las pantallas ardían con luz propia en cada rincón del servidor.

En las plazas principales. En las tabernas repletas. En las calles bulliciosas. En las ciudades iniciales. En los pueblos más recónditos y olvidados. E incluso en medio de vastos campos y zonas de farmeo, donde ejércitos enteros habían detenido sus armas, paralizados, solo para ser testigos de la historia.

Y en todas y cada una de ellas, se proyectaba la misma, aterradora y majestuosa imagen.

El campo de batalla era un caos de destrucción absoluta. La tierra hendida y abierta en profundas grietas que parecían no tener fondo. Piedras gigantescas partidas como si fueran cristal. Y los restos imponentes del General Orco desvaneciéndose lentamente, disolviéndose en millones de partículas luminosas que flotaban en el aire.

Y en el centro de aquel infierno, de pie o arrastrándose, estaba el pequeño grupo de cinco. Las únicas que habían sido capaces de doblegarlo.

Hina yacía inconsciente, su respiración débil sobre el lomo de Fen, mientras Aoi velaba por ella con una ternura que contrastaba con la brutalidad del entorno. Reika estaba sentada en el suelo, incapaz de dar un paso más, con su lanza clavada firmemente en la piedra como un último bastión de defensa. Reina inhalaba y exhalaba con pesadez, apoyando todo su peso sobre la empuñadura de su espada, que descansaba contra su rodilla temblorosa. Kaede cerraba los ojos, al borde del desmayo, aferrándose únicamente a la conciencia de la victoria.

Estaban al límite.Cada gota de energía había sido consumida. Pero seguían ahí. Firmes.

Y eso era precisamente lo que rompía la lógica de todos los observadores.

Porque derrotar al General Orco ya era una hazaña titánica por sí sola.Pero derrotarlo... en modo berserker...

Eso era otra dimensión. Eso era algo que, hasta ese preciso segundo, todo el servidor había grabado a fuego como imposible.

Desde el lanzamiento del juego, cada grupo que había conquistado el primer piso lo había logrado sorteando la locura. Lo habían hecho enfrentándolo con sus otras armas.

La espada larga.

Las dagas duales.

El hacha pesada.

Todas tenían patrones predecibles. Todas permitían ser estudiadas y memorizadas. Todas daban una oportunidad, un margen para la estrategia y la preparación.

Pero el mazo...El mazo era la encarnación de la destrucción pura.

El modo berserker era la tumba donde yacían las esperanzas de cientos de equipos. No importaba el nivel alcanzado. No importaba la cantidad de pociones o el equipo legendario. No importaba cuán perfecta fuera su formación.

Cuando el General desataba su furia y empuñaba aquella arma, la única meta realista era sobrevivir el mayor tiempo posible, aprender de la masacre y huir para intentarlo otro día.

Porque nadie, absolutamente nadie, creía que se podía ganar.

Y ahora...Ahora, cinco chicas acababan de hacer añicos esa realidad.

El silencio cayó sobre el mundo virtual, denso y pesado.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Hasta que la realidad estalló.

Todo comenzó en una taberna de Lunvar. Un jugador golpeó la madera con tal furia que las jarras saltaron y los vasos se hicieron añicos contra el suelo.

—¡LO HICIERON! ¡MIERDA, LO HICIERON DE VERDAD!

Otro se puso de pie de un salto, con los ojos desorbitados

.—¡DERROTARON AL BERSERKER! ¡HAN VENCIDO AL MODO IMPOSIBLE!

Y tras ese grito, el mundo entero estalló en júbilo y shock.

Las plazas se convirtieron en un mar de voces y vítores. En las tabernas se alzaron las copas en un brindis universal. Los gremios enteros se levantaron simultáneamente frente a sus pantallas, incapaces de creer lo que sus ojos veían. Algunos lloraban de la emoción, otros aplaudían hasta sangrar las palmas. Muchos gritaban los nombres de las heroínas que acababan de ver nacer. Y la gran mayoría simplemente se quedó congelada, con la boca seca y la mente en blanco, procesando lo inaceptable.

En los canales de comunicación, los clips comenzaron a reproducirse a una velocidad vertiginosa, convirtiéndose en fuego que se extendía por todo el servidor.

La caída del sanador cayendo en primera línea. El instante exacto donde Lyn destrozó el primer ojo del gigante. El impacto brutal que mandó a Hina al suelo. El momento heroico donde Puddle se interpuso, deteniendo con su propio cuerpo el brazo de la muerte. La ceguera final del monstruo. Y el ataque coordinado, perfecto y letal de Reina y Reika que selló su destino.

Cada imagen se repetía una y otra vez, grabándose en la memoria de todos.

Los titulos llovían como meteoritos, tan rápidos que era imposible leerlos todos:

“El grupo que desafió a los dioses”. “Las cinco que rompieron el sistema”. “La domadora y su lobo: la estrategia perfecta”. “El slime que se convirtió en pesadilla”. “Así cayó el invencible General Orco”. “¿Quiénes son ellas?”. “¿Cómo lograron lo imposible?”.

En la cabina de transmisión principal, Mireya seguía de pie, temblorosa, con la mirada fija en la pantalla como si esta fuera a desvanecerse en cualquier momento.

—No sé si la gente es consciente de la magnitud de esto... —su voz sonaba ronca, cargada de emoción—. No es solo vencer a un jefe. Este equipo... ellas acaban de derribar el muro que todos pensábamos inquebrantable. Han cambiado las reglas del juego para siempre.

A su lado, Darius no apartaba la vista. Su rostro serio mostraba el respeto absoluto que solo se le tiene a la verdadera grandeza. Incluso él, un veterano de mil batallas, estaba visiblemente impactado.

—A partir de hoy —sentenció con voz grave—, cada equipo en el servidor querrá ser ellas. Todos intentarán replicarlo. Todos querrán la gloria de derrotar al Berserker.

Mireya se giró hacia él, buscando una respuesta.

—¿Y crees que lo lograrán?

Darius esbozó una media sonrisa, llena de admiración.

—No. Ni en un millón de años.



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Editado: 01.10.2026

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