Capítulo 26 — La verdad ya no se esconde
El lunes amaneció con esa energía inagotable que parecía pertenecer únicamente a Manhattan. Mientras los primeros rayos del sol comenzaban a reflejarse sobre las fachadas de cristal de los rascacielos, la ciudad recuperaba el ritmo que la convertía en un organismo vivo.
Los taxis amarillos avanzaban formando largas filas por la Quinta Avenida, las cafeterías abrían sus puertas dejando escapar el aroma del café recién molido y miles de personas caminaban deprisa, convencidas de que el día ya había empezado mucho antes de que ellas salieran de casa.
En el dúplex de Rinaldi, sin embargo, el tiempo parecía avanzar a otra velocidad. Allison abrió los ojos unos segundos antes de que el despertador comenzara a sonar.
Permaneció inmóvil, disfrutando del silencio que todavía envolvía la habitación. A través de los ventanales, la luz de septiembre entraba con suavidad, dibujando sobre el suelo de madera las primeras sombras del día.
Giró lentamente la cabeza. Rinaldi seguía dormido, no recordaba haberlo visto descansar nunca con aquella tranquilidad.
Durante demasiado tiempo había aprendido a reconocer el peso que llevaba sobre los hombros incluso cuando dormía. Sus noches siempre habían parecido demasiado cortas, demasiado inquietas, como si ni siquiera el descanso fuera capaz de concederle unas horas de paz.
Aquella expresión había desaparecido; Allison sonrió para sí, no porque creyera que los problemas hubieran terminado. Los dos sabían que la vida seguiría poniéndolos a prueba.
Sonrió porque, por primera vez en años, ninguno de aquellos problemas parecía lo bastante importante como para volver a separarlos. Se incorporó despacio, procurando no despertarlo.
Estaba a punto de levantarse cuando sintió una mano rodeándole suavemente la muñeca.
—¿Ya te vas? —La voz de Rinaldi sonó grave, todavía adormecida.
Allison volvió a sentarse sobre la cama.
—Pensaba dejarte dormir un poco más. —Una sonrisa suave apareció en sus labios.
Él abrió los ojos lentamente y durante unos segundos permaneció observándola sin decir nada.
Aquella costumbre empezaba a resultar casi inevitable. Cada mañana descubría un motivo nuevo para detenerse simplemente a mirarla.
Allison terminó riendo.
—¿Qué pasa? —preguntó, todavía sonriendo.
—Nada. —Rinaldi sostuvo su mirada, con una expresión que no parecía querer decir exactamente eso.
—Últimamente esa palabra aparece demasiado en nuestras conversaciones. —Allison negó suavemente con la cabeza.
Rinaldi sonrió.
—Porque todavía me cuesta acostumbrarme. —Sus dedos rozaron los de ella sobre la sábana.
—¿A qué exactamente? —preguntó Allison, buscando su mirada.
Él levantó la mano y acarició con el dorso de los dedos su mejilla.
—Al despertarme y descubrir que sigues aquí.
Aquellas palabras llegaron hasta Allison con una sencillez que consiguió emocionarla mucho más que cualquier gran declaración.
No necesitó responder enseguida. Tomó la mano de Rinaldi entre las suyas y entrelazó los dedos con los de él.
—Creo que voy a decepcionarte. —Una sonrisa ligeramente traviesa apareció en su rostro.
Él arqueó una ceja con gesto divertido.
—¿Por qué? —preguntó, acercándose un poco más.
—Porque vas a seguir encontrándome aquí cada mañana. —Allison sostuvo su mirada, dejando que aquellas palabras dijeran mucho más de lo que parecían.
Una sonrisa lenta apareció en el rostro de Rinaldi.
—Entonces empiezo a sospechar que voy a acostumbrarme demasiado deprisa. —Su pulgar acarició lentamente los dedos de ella.
Allison negó con la cabeza mientras reía.
—Eso suena peligrosamente parecido a una amenaza.
—No. —Rinaldi sonrió, sin apartar los ojos de ella—. Suena exactamente a un plan.
Los dos permanecieron unos instantes en silencio. Era un silencio lleno de calma, de esos que solo aparecen cuando dos personas dejan de tener miedo a quedarse simplemente una al lado de la otra.
Fue Allison quien terminó rompiéndolo.
—Hoy volvemos al trabajo. —Lo dijo con una pequeña sonrisa, como si quisiera recordarle que aquella mañana también tenía que terminar.
Rinaldi dejó escapar un suspiro teatral.
—Gracias por recordármelo.
Ella soltó una carcajada.
—No sabía que el presidente del De Luca Group odiara tanto los lunes. —Allison lo miró con expresión divertida.
—No odio los lunes.
—Ah, ¿no? —preguntó ella, arqueando ligeramente una ceja.
—Odio que interrumpan los fines de semana contigo. —Rinaldi dejó aparecer una sonrisa que hizo que el calor subiera hasta las mejillas de Allison.
Seguía sorprendiéndola la facilidad con la que aquel hombre conseguía desarmarla.
—Eso ha sido muy poco profesional, señor De Luca. —Allison intentó recuperar la seriedad, aunque la sonrisa que seguía en sus labios la delataba.
—Todavía no hemos llegado a la oficina. —Rinaldi se encogió ligeramente de hombros, como si aquello lo absolviera de cualquier responsabilidad.
—Siempre encuentras una excusa. —Ella negó con la cabeza, divertida.
—Es una habilidad que he perfeccionado con los años. —La sonrisa de Rinaldi se hizo un poco más amplia.
Ella lo observó durante unos segundos.
Había una ligereza nueva en su manera de hablar. Incluso el sentido del humor parecía haber regresado a su vida con una naturalidad que resultaba difícil de imaginar unas semanas atrás.
Y entonces comprendió algo: no era solo ella quien había vuelto. Rinaldi también estaba regresando al hombre que había sido antes de que el dolor ocupara demasiado espacio en su vida.
── ❦ ──
Rinaldi terminó de vestirse poco después y, antes de salir del dormitorio, se detuvo frente a Allison, que todavía permanecía sentada sobre la cama.
—¿Qué vas a hacer hoy? —preguntó mientras terminaba de colocarse el reloj.
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Editado: 19.09.2026