Epílogo
Había pasado un año desde aquella mañana en la Quinta Avenida. Un año desde que Allison había detenido el paso frente a aquella puerta y había pronunciado una pregunta que Rinaldi jamás había imaginado escuchar de sus labios.
Un año desde que habían cruzado juntos aquellas puertas sin saber exactamente cómo sería la vida que tenían por delante.
Y, sin embargo, cuando Allison abrió los ojos aquella mañana, tuvo la extraña sensación de que habían pasado muchos más años, no porque el tiempo hubiera transcurrido deprisa, sino porque durante aquel último año habían vivido tantas cosas pequeñas que cada una parecía haber encontrado un lugar propio dentro de su memoria.
Habían viajado, habían discutido por cuestiones completamente insignificantes, habían descubierto cuáles eran las costumbres del otro que podían resultar desesperantes y habían aprendido nuevas maneras de reírse juntos. También habían descubierto que, incluso después de tantos años separados, todavía existían detalles del otro que desconocían.
Y habían construido, poco a poco, una vida que no se parecía a ninguna de las que habían imaginado cuando eran jóvenes.
Allison permaneció unos instantes contemplando a Rinaldi mientras dormía. Había una serenidad en su rostro que le producía una ternura difícil de explicar, quizá porque durante tantos años había pensado que conocer a una persona significaba recordar cada uno de sus gestos, anticipar sus respuestas y saber qué estaba pensando antes de que pronunciara una palabra.
Ahora sabía que no era así. Conocer a alguien significaba continuar descubriéndolo incluso después de creer que ya lo sabías todo.
Rinaldi abrió lentamente los ojos.
—Llevas demasiado tiempo mirándome. —Su voz todavía conservaba el tono adormecido de quien acababa de despertar.
Allison sonrió.
—Estaba pensando. —Dejó escapar una pequeña risa al ver cómo él arqueaba ligeramente una ceja.
—Eso me preocupa.
Ella rozó suavemente su brazo.
—No tienes remedio.
Rinaldi se incorporó un poco y la observó con curiosidad.
—¿Qué estabas pensando?
Allison acarició suavemente su rostro.
—Que todavía me sorprende despertarme a tu lado. —Dejó los dedos sobre su mejilla, contemplándolo con una sonrisa tranquila.
Él tomó su mano y besó sus dedos.
—A mí todavía me sorprende que seas tú quien me mira mientras duermo. —No soltó su mano cuando terminó de hablar.
—Quizá debería dejar de hacerlo. —Allison intentó contener la sonrisa, pero terminó delatándose.
—No. —Rinaldi apretó ligeramente sus dedos y entrelazó la mano con la de ella—. Me gusta saber que sigues aquí.
Allison sostuvo su mirada.
—Sigo aquí. —Cerró suavemente los dedos alrededor de los suyos.
Aquellas dos palabras, tan sencillas, contenían mucho más de lo que cualquiera de los dos habría sabido explicar, porque durante años ninguno había sabido si alguna vez volverían a pronunciar algo parecido.
── ❦ ──
Aquella tarde, Rachel, Dante y Alexis llegaron para cenar.
Alexis había crecido un poco durante aquel último año, aunque continuaba conservando aquella manera de hablar que conseguía convertir cualquier conversación seria en una escena divertida.
Cuando entró en el apartamento, dejó una pequeña caja sobre la mesa. Allison la observó con curiosidad mientras se acercaba.
—¿Qué has traído?
Alexis sonrió con orgullo.
—Una sorpresa.
Dante apareció detrás de él y negó divertido con la cabeza.
—Lleva toda la semana hablando de esa sorpresa.
Rachel dejó su bolso y sonrió.
—Y nos ha hecho prometer que nadie abriría la caja antes de que llegáramos. —Miró a Alexis con una mezcla de ternura y resignación.
Rinaldi siguió el juego.
—Eso significa que debe de ser algo importante.
—Muchísimo. —Alexis asintió con absoluta solemnidad.
El niño abrió la caja con cuidado; dentro había una fotografía. Allison la tomó entre sus manos y su expresión cambió al reconocer la imagen. Era una fotografía de todos ellos juntos.
Rachel, Dante, Alexis, Rinaldi y ella.
La había tomado alguien durante una de aquellas tardes que, con el paso de los meses, habían terminado convirtiéndose en una costumbre familiar. Allison contempló la fotografía durante unos instantes, recorriendo con la mirada los rostros que aparecían en ella.
—Es preciosa. —Acarició distraídamente uno de los bordes.
Alexis sonrió, satisfecho al ver su reacción.
—Quería que tuvierais una nueva.
Allison levantó la mirada.
—¿Una nueva?
—Sí. —Alexis señaló la fotografía con un dedo—. La otra era de cuando os casasteis.
Hizo una pequeña pausa antes de añadir:
—Esta es de ahora.
Allison sintió que algo se le cerraba suavemente en la garganta. Bajó la mirada hacia la fotografía y después buscó los ojos de Rinaldi.
Él también la contemplaba. Cuando se acercó para verla mejor, sus dedos rozaron los de Allison.
—Creo que esta me gusta todavía más. —Una sonrisa tranquila apareció en sus labios.
Alexis sonrió satisfecho.
—Entonces ha funcionado. —Su expresión de orgullo hizo sonreír a Allison.
Dante se acercó y extendió una mano hacia la fotografía.
—¿Puedo verla?
—Claro. —Allison se la entregó mientras volvía a mirar a Alexis.
Dante sostuvo la fotografía entre los dedos y la contempló durante unos segundos. Una sonrisa tranquila apareció en sus labios al recorrer con la mirada los rostros de todos ellos.
—Definitivamente seguimos igual. —Dante señaló la fotografía con una sonrisa divertida.
Rachel le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Habla por ti. —Sonrió mientras volvía a mirar la fotografía.
Dante la miró con una expresión divertida.
—¿Qué quieres decir?
Rachel se encogió ligeramente de hombros.
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Editado: 19.09.2026