El Eco De Tus Pasos

Capítulo 31 — La elección

Capítulo 31 — La elección

La mañana había amanecido luminosa sobre Manhattan. El cielo, despejado después de varios días en los que las nubes habían cubierto parcialmente la ciudad, permitía que el sol se reflejara sobre las fachadas de los edificios y llenara las avenidas de una claridad casi dorada.

La Quinta Avenida comenzaba a recuperar su movimiento habitual, con los taxis avanzando entre el tráfico, los escaparates llenándose poco a poco de compradores y los peatones cruzando las calles con esa prisa tan característica de una ciudad que parecía no concederse nunca demasiado tiempo para detenerse.

Allison caminaba junto a Rinaldi mientras avanzaban hacia el edificio de De Luca Group. Él tenía por delante una mañana de trabajo, varias reuniones y una agenda que probablemente no le dejaría demasiado tiempo para respirar, pero habían decidido salir juntos del ático y caminar unos minutos antes de que Rinaldi entrara en la oficina.

Allison llevaba una mano entrelazada con la de él.

Rinaldi caminaba a su lado con una expresión tranquila, aunque de vez en cuando la miraba con esa atención que ella había aprendido a reconocer.

—Llevas varios minutos observando los edificios como si estuvieras buscando algo —comentó finalmente—. ¿Hay alguna razón para que hoy te interese tanto la arquitectura de Manhattan?

Allison volvió la cabeza hacia él y sonrió.

—Quizá simplemente estoy mirando.

—Eso sería perfectamente normal si no llevaras esa expresión.

—¿Qué expresión? —preguntó ella, arqueando ligeramente una ceja.

Rinaldi inclinó ligeramente la cabeza, estudiándola.

—La que pones cuando estás pensando en algo que todavía no has decidido contarme.

Ella soltó una pequeña carcajada.

—Me conoces demasiado bien.

—Después de todo lo que hemos vivido, sería preocupante que no fuera así. —Rinaldi apretó ligeramente su mano.

—No estoy ocultándote nada.

—No he dicho que lo estés haciendo.

—Lo has pensado. —Allison lo miró de reojo, divertida.

—He pensado que estás pensando. —Una sonrisa apareció en los labios de Rinaldi.

Ella negó con una sonrisa.

—Eso es todavía peor.

Rinaldi soltó una risa baja.

—Entonces tendrás que explicarme qué ocurre para que pueda dejar de hacer conjeturas. —La miró con una expresión divertida.

Allison sostuvo su mirada durante unos segundos. Había algo en la forma en que él la observaba que le hizo sentir una profunda ternura. Ocho años atrás, quizá habría intentado esquivar la conversación. Habría cambiado de tema o habría fingido que no sucedía nada, pero ahora ya no.

—No ocurre nada malo —respondió finalmente—. Simplemente llevo unos días pensando mucho en nosotros.

La expresión de Rinaldi cambió ligeramente.

—¿Y eso debería preocuparme? —preguntó, mirándola con atención.

—No. —Allison sonrió—. De hecho, creo que debería tranquilizarte.

—Entonces puedes continuar. —Rinaldi mantuvo la mirada sobre ella, esperando.

Ella volvió a mirar hacia delante.

—Creo que desde que regresé a Nueva York he pasado demasiado tiempo pensando en lo que ocurrió entre nosotros y estoy empezando a pensar en lo que podemos hacer con todo lo que nos ha pasado.

Rinaldi mantuvo la mirada sobre ella durante unos segundos antes de responder.

—Durante mucho tiempo pensé que, si algún día volvía a encontrarte, tendría que decidir si quería recuperar nuestra historia. Como si nuestra relación estuviera esperando exactamente donde la habíamos dejado.

—Y ahora sabes que no es así. —Rinaldi apretó ligeramente su mano mientras continuaban caminando.

—Ahora sé que no podría ser así.

Ella volvió la mirada hacia él.

—Ni tú eres el mismo hombre ni yo soy la misma mujer.

—Afortunadamente. —Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Rinaldi.

Allison soltó una pequeña risa.

—Eso ha sonado peligrosamente sincero.

—Lo era. —Rinaldi sostuvo su mirada, divertido.

Ella le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Ten cuidado.

—¿Con qué? —preguntó él, arqueando ligeramente una ceja.

—Con hacerme pensar que has cambiado demasiado.

Rinaldi se detuvo un instante y volvió completamente el rostro hacia ella.

—He cambiado. —La forma en que pronunció aquellas palabras hizo que Allison también se detuviera.

—Lo sé.

—Pero hay algo que no ha cambiado. —Rinaldi volvió a tomar su mano.

Allison levantó la mirada.

—¿Qué?

Él acarició con el pulgar el dorso de su mano.

—Lo que siento cuando te miro.

Allison sostuvo su mirada durante unos segundos. No porque no tuviera una respuesta, sino porque había momentos en los que las palabras parecían insuficientes para explicar lo que sucedía dentro de ella.

Continuaron caminando. Allison dejó que el silencio los acompañara durante unos metros. Ya no era necesario llenarlo. Eso también era algo nuevo.

Antes habían sentido la necesidad de explicar cada pensamiento, de resolver cada incomodidad antes de que pudiera crecer. Ahora podían simplemente caminar juntos.

── ❦ ──

Unos minutos después, Allison disminuyó ligeramente el paso. No había sido una decisión consciente; simplemente había ocurrido, algo había llamado su atención.

Frente a ellos se alzaba un edificio de aspecto sobrio y elegante. Las puertas de entrada, de madera y cristal, permanecían abiertas mientras un agente de seguridad controlaba el acceso de las personas que entraban y salían.

Allison lo contempló durante varios segundos; sintió que algo dentro de ella se detenía. Rinaldi avanzó un par de pasos antes de percatarse de que la mano de Allison había dejado de acompañar la suya con la misma naturalidad. Se volvió y la encontró inmóvil, mirando hacia la entrada.

—Allison. —Regresó hasta colocarse frente a ella—. ¿Ha ocurrido algo?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.