Capítulo 28 — Lo que elegimos ahora
La tarde había comenzado a caer lentamente sobre Manhattan cuando Allison dejó el teléfono sobre la cómoda y terminó de arreglarse frente al espejo.
Llevaba casi una hora dando vueltas por el dormitorio, cambiándose de ropa más veces de las necesarias, aunque ni siquiera tenía claro qué buscaba.
Quizá no estaba buscando un vestido; quizá estaba intentando encontrar una versión de sí misma que ya no sabía si necesitaba.
Sus pensamientos regresaban una y otra vez a la conversación que había mantenido con Rinaldi aquella mañana.
La oportunidad de conocer y enamorarme de la mujer en la que te has convertido.
Todavía no sabía por qué aquellas palabras habían conseguido conmoverla tanto.
Durante buena parte de su vida había sabido perfectamente quién era.
Una mujer hermosa.
Una mujer que sabía el efecto que provocaba cuando entraba en una habitación. Una mujer que había aprendido muy pronto que no había demasiadas puertas que no pudiera abrir si sabía cómo mirar, cómo sonreír o cómo hacer que un hombre quisiera darle aquello que ella deseaba.
Durante años había confundido aquella seguridad con poder y, en cierto modo, lo había sido.
Su belleza física y su cuerpo sensual habían sido su pasaporte hacia una vida que estaba convencida de merecer. No había hombre rico que se le resistiera, o al menos eso había llegado a creer.
Si quería algo, lo conseguía. Y cuando no lo conseguía, buscaba otra manera. Ahora, sin embargo, aquellas certezas comenzaban a parecerle demasiado pequeñas.
Quizá porque Rinaldi no se había enamorado de la mujer que había sido capaz de conseguirlo todo, más bien se había enamorado de la que estaba aprendiendo a no necesitar hacerlo.
Allison bajó lentamente la mirada hacia el vestido que acababa de dejar sobre la cama. Quizá porque, durante años, había pensado que volver significaba recuperar algo que había perdido.
Ahora empezaba a comprender que no era así. No había vuelto para convertirse de nuevo en la mujer que había sido… Ella había vuelto siendo otra y Rinaldi también.
Aquello no debería haberle dado miedo; debería haberla ilusionado; sin embargo, había algo dentro de ella que todavía no sabía cómo enfrentarse a aquella nueva Allison.
Se acercó a la cristalera y contempló Manhattan, bañada por una luz anaranjada que comenzaba a reflejarse sobre los edificios; sacó el teléfono del bolso con la intención de llamar a Rinaldi y preguntarle a qué hora pensaba terminar. Quería saber cuánto tiempo tenía para terminar lo que estaba haciendo y arreglarse antes de que él llegara.
Miró la hora; eran casi las seis. Desbloqueó la pantalla con la intención de llamarlo y preguntarle a qué hora pensaba terminar, pero antes de marcar su número apareció una notificación.
«Estoy abajo»
Allison sonrió. Había algo en aquellas palabras que consiguió cambiarle el ánimo de inmediato.
«¿Ya has terminado?»
La respuesta llegó casi inmediatamente.
«He decidido que por una vez el mundo puede esperar.»
Ella soltó una pequeña carcajada.
«¿Incluso Boston?»
Esta vez tardó unos segundos en contestar.
«Incluso Boston. ¿Vas a seguir interrogándome o vas a bajar?»
«Dame cinco minutos»
«Te doy tres»
«¿Tres?»
«Los otros dos son para mí»
Allison negó con la cabeza mientras dejaba escapar otra sonrisa, guardó el teléfono, recogió sus cosas y echó un último vistazo a lo que había estado haciendo.
No llevaba el abrigo puesto. Lo sostenía sobre un brazo mientras consultaba distraídamente algunos mensajes en el teléfono.
Al verla, Rinaldi levantó la mirada. La expresión de concentración desapareció de su rostro y una sonrisa tranquila apareció en sus labios mientras se acercaba a ella.
—Te ves preciosa. —Se inclinó para besarla suavemente en los labios antes de quitarle el abrigo del brazo.
Allison sonrió.
—¿Solo preciosa? —preguntó, arqueando una ceja mientras lo seguía con la mirada.
—Mucho más que eso. —Rinaldi volvió a acercarse y le dejó otro beso, esta vez en la mejilla.
Ella soltó una pequeña carcajada.
—¿Y eso significa que tienes algo preparado?
—Quizá. —Una sonrisa divertida apareció en su rostro.
—¿Quizá? —Allison entrecerró los ojos, intentando descubrir qué estaba tramando.
—He pensado que podríamos salir. —Rinaldi tomó su mano y entrelazó los dedos con los de ella.
—¿A dónde?
—A cenar.
Allison lo miró durante unos segundos.
—¿Solo eso?
—Solo eso. —Se encogió ligeramente de hombros—. Aunque puedo prometerte que la cena será mucho mejor que cualquier cosa que hayas podido encontrar en la nevera.
Allison soltó una risa.
—Eso no es una promesa demasiado difícil de cumplir.
Rinaldi sonrió y se inclinó para besarla otra vez.
—Bien. —Rinaldi volvió a besarla antes de dirigirse hacia la salida—. Porque llevo toda la tarde pensando en sacarte de casa.
Ella lo siguió, todavía sonriendo.
—¿Y si yo quería quedarme?
—Te habría convencido. —Rinaldi le lanzó una mirada divertida por encima del hombro.
—Ah, ¿sí?
—Sí. —Esperó a que ella se acercara antes de rodearle la cintura con un brazo—. Soy bastante persuasivo cuando me lo propongo.
Allison soltó una carcajada.
—Eso ya lo sé.
El aire de la tarde era fresco y limpio. Manhattan comenzaba a cambiar de ritmo. Los trabajadores abandonaban las oficinas, las terrazas de los restaurantes empezaban a llenarse y las primeras luces se encendían en las fachadas de los edificios.
Caminaron sin prisa; durante los primeros minutos hablaron de cosas sin importancia. Hasta que Allison se dio cuenta de que estaba sonriendo.
#4486 en Novela romántica
#1292 en Novela contemporánea
amores del pasado, segundas opotunidades, secretos y sentimientos
Editado: 19.09.2026