El Eco De Tus Pasos

Capítulo 29— Una vida compartida

Capítulo 29— Una vida compartida

El sábado amaneció con una tranquilidad poco habitual en Manhattan.

Desde los grandes ventanales del ático, la ciudad comenzaba a recuperar lentamente su ritmo, aunque a aquella hora todavía conservaba algo de la calma que durante el resto de la semana parecía imposible encontrar.

El tráfico era menos intenso, las terrazas empezaban a recibir a los primeros clientes y una luz clara y dorada se extendía sobre los edificios, haciendo que el cristal de las fachadas reflejara el cielo como si toda la ciudad estuviera cubierta por una fina capa de luz.

Allison abrió los ojos sin saber exactamente qué la había despertado. Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía atrapada entre el sueño y la realidad, hasta que sintió el calor de un cuerpo junto al suyo.

Giró lentamente la cabeza; Rinaldi seguía dormido; aquella visión consiguió arrancarle una sonrisa.

Había algo profundamente reconfortante en descubrirlo allí cada mañana. No importaba cuántas veces sucediera; una parte de ella continuaba experimentando aquella pequeña sensación de incredulidad, como si todavía necesitara unos segundos para recordar que aquel hombre ya no pertenecía a un pasado perdido.

Ahora estaba allí a su lado, en su presente.

Allison apartó con cuidado la sábana y se levantó de la cama. Antes de salir de la habitación, volvió a mirarlo. Rinaldi se movió ligeramente, pero no llegó a despertarse; ella sonrió y salió en silencio.

Al llegar a la cocina, se encontró con algo que no esperaba: sobre la encimera había una taza vacía y, junto a ella, una pequeña nota escrita a mano.

Allison la tomó.

No prepares café. Hoy me toca a mí.

No pudo evitar sonreír.

—Esto quiero verlo. —Volvió a leer la nota antes de dejarla sobre la encimera.

—¿Qué quieres ver? —La voz de Rinaldi llegó desde el pasillo.

Allison se volvió.

Él apareció unos segundos después, todavía con el cabello ligeramente despeinado y vestido de manera tan informal que resultaba difícil asociarlo con el hombre impecable que dirigía una de las empresas más importantes de Nueva York.

Ella levantó la nota.

—Esto.

Rinaldi miró el papel y después a ella.

—¿Qué pasa? —preguntó, acercándose a la cafetera.

—Que llevo varios días descubriendo cosas nuevas de ti y esta puede ser la más sorprendente de todas. —Allison apoyó la nota sobre la encimera y sonrió.

—¿Preparar café? —Rinaldi levantó una ceja.

—Exactamente.

—No entiendo qué tiene de sorprendente. —Se volvió hacia la cafetera y empezó a preparar las dos tazas.

Allison apoyó una mano sobre la encimera y lo observó.

—El hombre que recuerdo necesitaba que alguien le llevara el café al despacho porque, según él, prepararlo personalmente era una pérdida de tiempo.

Rinaldi dejó escapar una risa.

—Ese hombre tenía una visión bastante equivocada de las cosas. —Tomó una de las tazas y comprobó el café antes de servirlo.

—¿Y cuándo cambiaste de opinión? —Allison ladeó ligeramente la cabeza, esperando su respuesta.

Él se encogió de hombros mientras terminaba de preparar las dos tazas.

—Supongo que cuando entendí que hay cosas que dejan de parecer una pérdida de tiempo cuando tienes a alguien con quien compartirlas.

Allison permaneció en silencio unos segundos, mirándolo.

—¿Eso también lo aprendiste durante estos años?

Rinaldi levantó la mirada.

—Aprendí muchas cosas durante esos años. —Dejó una de las tazas frente a ella.

—¿Y todavía hay muchas que no conozco? —Allison rodeó la taza con ambas manos, aunque todavía no bebió.

—Probablemente tantas como las que tú todavía no conoces de mí. —Rinaldi tomó su propia taza y apoyó la cadera contra la encimera.

Allison sonrió.

—Entonces tendremos que tener paciencia. —Levantó finalmente la taza y tomó un pequeño sorbo.

—Entonces tendremos que tener paciencia.

Rinaldi sonrió mientras terminaba de preparar su café.

—Tenemos tiempo.

Aquellas dos palabras hicieron que Allison sintiera algo cálido instalarse en su pecho. Había algo diferente en la manera en que Rinaldi hablaba ahora de ellos, como si aquellos ocho años hubieran dejado de ser una distancia imposible de recuperar para convertirse simplemente en una parte de la historia que todavía tenían por delante.

Allison dejó la taza sobre la encimera y se acercó a él.

—Y muchas cosas que descubrir.

Rinaldi rodeó su cintura con un brazo y la atrajo suavemente hacia él.

—Eso parece.

—Aunque creo que algunas pueden esperar. —Allison apoyó las manos sobre su pecho y sonrió al sentir cómo él se inclinaba hacia ella.

—¿Cuáles? —preguntó Rinaldi, acercando los labios a los suyos.

—Estas. —Ella apenas terminó de pronunciar la palabra antes de besarlo.

Rinaldi respondió al beso y la estrechó un poco más entre sus brazos, hasta que el teléfono comenzó a sonar sobre la encimera.

Allison se separó apenas unos centímetros y miró hacia el teléfono.

—No contestes. —Volvió a apoyar la frente contra la de él.

—Podría ser importante. —Rinaldi sonrió, aunque no hizo ningún intento de apartarse.

—También podría no serlo. —Allison volvió a rozar sus labios con los de él.

El teléfono insistió una segunda vez; Rinaldi dejó escapar una pequeña risa.

—Definitivamente alguien tiene mucha prisa.

—O muy poco respeto por nuestro primer café de la mañana. —Allison sonrió mientras lo miraba.

El teléfono volvió a sonar y Rinaldi terminó por separarse de ella y tomó el móvil de la encimera.

—Déjame adivinar. —Allison siguió sus movimientos con una expresión divertida.

Él miró la pantalla.

—Dante. —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Lo sabía. —Allison negó suavemente con la cabeza.

Rinaldi respondió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.