Capítulo 30— La calma antes del gran momento
El lunes llegó con una serenidad que Allison no recordaba haber sentido en mucho tiempo. Después de la intensidad de los últimos días, aquella mañana parecía pertenecer a otra clase de vida. No había llamadas urgentes ni compromisos que exigieran su atención inmediata.
Manhattan continuaba moviéndose con la misma energía de siempre, pero desde los ventanales del ático la ciudad parecía más distante, como si por una vez les hubiera concedido permiso para respirar.
Allison permaneció unos minutos junto a la cristalera con una taza de café entre las manos. Llevaban meses compartiendo aquella casa y, sin embargo, aquella mañana había algo diferente en la forma en que la contemplaba.
Ya conocía el sonido de los pasos de Rinaldi por el pasillo, sabía dónde dejaba las llaves al llegar y qué taza buscaba siempre cuando preparaba café.
Había ropa de ambos en los armarios, libros compartiendo espacio en las estanterías y pequeños objetos que habían ido apareciendo sin que ninguno de los dos se detuviera a decidir cuándo aquella casa había dejado de pertenecer solamente a él.
Ahora era de los dos. Allison bajó la mirada hacia la taza y sonrió.
Durante años había vivido pendiente de lo que vendría después, de los lugares a los que tendría que ir, de las personas que conocería y de todo aquello que pudiera acercarla a la vida que siempre había creído merecer.
Había aprendido a mantener la mente ocupada porque resultaba mucho más sencillo mirar hacia delante que detenerse a pensar en las decisiones que había tomado para conseguirlo.
Ahora, sin embargo, descubría que podía quedarse quieta sin sentir que estaba perdiendo el tiempo.
Podía mirar por una ventana, podía pensar y lo más extraño de todo era que sus pensamientos ya no regresaban constantemente al pasado.
Se dirigían hacia delante.
Hacia lo que todavía no había ocurrido. Allison sonrió al darse cuenta. Dejó la taza sobre la mesa y caminó hasta el salón. Sobre el respaldo de una de las sillas estaba la chaqueta de Rinaldi que había dejado allí la noche anterior, y Allison la tomó para colocarla en su sitio antes de continuar.
Pensó en él y en los meses que llevaban compartiendo aquella vida.
En cómo, poco a poco, habían dejado de preguntarse si aquello funcionaría para empezar simplemente a vivirlo. Y quizá era precisamente eso lo que más la sorprendía. Ya no sentía que estuviera esperando a que algo terminara, por primera vez, estaba pensando en todo lo que todavía podía empezar.
Sobre una de las consolas había quedado una fotografía del sábado. Rachel había insistido en hacerla antes de marcharse. Todos aparecían juntos. Dante estaba detrás de Alexis, que sonreía con la expresión triunfal de quien acababa de ganar una partida de cartas.
Rachel aparecía a su lado y Allison estaba junto a Rinaldi.
Ella sostuvo la fotografía entre los dedos, durante unos segundos contempló la imagen. Había algo casi desconcertante en verla.
No, porque le recordará lo que habían perdido. Sino porque, por primera vez, no sentía la necesidad de imaginar cómo habría sido aquella fotografía ocho años atrás. La fotografía que tenía entre las manos era suficiente. Era su presente y quizá por primera vez, eso le bastaba.
—Te has quedado muy seria. —La voz de Rinaldi llegó desde la entrada.
Allison levantó la cabeza.
Él acababa de entrar en el salón con el teléfono todavía en la mano.
—No estaba seria. —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Te conozco lo suficiente para saber que esa expresión significa que estás pensando demasiado. —Rinaldi dejó escapar una pequeña sonrisa mientras se acercaba.
Ella sonrió.
—¿Eso también lo has aprendido en estos días?
Rinaldi dejó el teléfono sobre la consola.
—No. Eso lo recuerdo perfectamente. —Se acercó hasta ella y miró la fotografía.
—¿Qué haces con eso?
—Mirándola. —Allison bajó los ojos hacia la imagen durante un instante.
—Eso ya lo veo. —Rinaldi sonrió ligeramente.
Allison levantó un poco la fotografía.
—Me gusta.
Rinaldi la observó durante unos segundos.
—A mí también. —Su mirada permaneció sobre la imagen antes de volver a encontrarse con la de ella.
Allison volvió a mirar la fotografía.
—¿Sabes qué es lo curioso?
—Dímelo. —Rinaldi esperó su respuesta sin apartar los ojos de ella.
—Durante mucho tiempo pensé que, si alguna vez recuperábamos nuestra vida, sentiría que estaba intentando reconstruir algo que se había roto. —Allison bajó ligeramente la mirada hacia la fotografía antes de continuar.
Rinaldi permaneció en silencio, observándola.
—Pero no siento eso.
—¿Qué sientes? —preguntó él, acercándose un poco más.
Ella dejó la fotografía sobre la mesa.
—Que estamos empezando algo. —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios mientras levantaba la mirada hacia él.
Él la miró con una expresión tranquila.
—Yo también. —Rinaldi rozó suavemente sus dedos antes de dejar caer la mano.
Allison se acercó a la cristalera, Rinaldi la siguió y se detuvo a su lado.
—El sábado, cuando vi a Rachel, a Dante y a Alexis aquí... —Allison hizo una breve pausa mientras contemplaba la ciudad.
Se detuvo.
—Me di cuenta de algo.
—¿Qué? —Rinaldi volvió el rostro hacia ella, esperando su respuesta.
Ella tardó unos segundos en responder.
—Que ya no pienso en la vida que habría tenido contigo. —Allison bajó la mirada durante un instante antes de volver a encontrar sus ojos.
Rinaldi permaneció inmóvil.
—¿Y en qué piensas? —preguntó, sin apartar la mirada de ella.
Allison volvió la cabeza hacia él.
—En la que todavía podemos tener.
Aquellas palabras provocaron una sonrisa lenta en el rostro de Rinaldi.
—Eso suena mucho mejor.
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Editado: 19.09.2026