El Eco De Tus Pasos

Capítulo 32— Elegirnos

Capítulo 32— Elegirnos

La mañana llegó envuelta en una claridad suave que se filtraba lentamente entre las cortinas del dormitorio, iluminando la habitación con una luz dorada y tranquila. Allison llevaba varios minutos despierta, aunque todavía no había encontrado ninguna razón para levantarse de la cama.

Permanecía tumbada boca arriba, contemplando el techo mientras escuchaba el silencio particular de aquella primera hora del día. Manhattan comenzaba a despertar al otro lado de los ventanales, pero el ruido de la ciudad todavía parecía lejano, amortiguado por la altura y por las paredes del ático.

Había imaginado aquella mañana muchas veces.

En algunas de esas imaginaciones se veía nerviosa, incapaz de permanecer quieta, revisando una y otra vez cada detalle para asegurarse de que nada pudiera salir mal. En otras se había visto llorando. Incluso había llegado a imaginar que, cuando finalmente llegara el momento, podría sentir miedo.

Sin embargo, ahora que aquel día había llegado, lo que sentía era algo completamente diferente. Estaba emocionada, profundamente emocionada, pero debajo de aquella emoción había una serenidad que no esperaba encontrar.

Aquella mañana iba a casarse con Rinaldi.

La frase seguía pareciéndole extraordinaria, no porque dudara de la decisión que había tomado, sino porque durante tantos años había llegado a pensar que aquel futuro pertenecía a una vida que ya no existía.

Ocho años atrás había amado a Rinaldi creyendo que el amor era suficiente para protegerlos de cualquier cosa que pudiera suceder. Había sido joven, impulsiva y había cometido errores que entonces ni siquiera sabía que estaba cometiendo. También había tomado decisiones nacidas del miedo, convencida de que algunas pérdidas podían evitarse si encontraba la manera adecuada de controlar las circunstancias.

Después habían llegado la separación y los años que los mantuvieron alejados, las mentiras, los secretos y aquellas heridas que ambos habían aprendido a ocultar detrás de vidas que, desde fuera, parecían completas.

Allison cerró los ojos. No necesitaba recordar cada detalle aquella mañana. Había pasado demasiado tiempo intentando comprender el pasado como para permitir que volviera a apoderarse también de aquel día.

Abrió nuevamente los ojos y giró la cabeza hacia la ventana. La luz había aumentado y Nueva York estaba allí, la misma ciudad que había conocido antes de marcharse y a la que había regresado años después.

Y, sin embargo, ella ya no era la misma mujer y aquello era lo que más le sorprendía.

Durante mucho tiempo había pensado que recuperar a Rinaldi significaría recuperar una parte de sí misma que había perdido cuando se separaron. Ahora comprendía que había sido al contrario.

Primero había tenido que encontrarse a sí misma, aprender a vivir sin él y descubrir que podía sentirse completa incluso después de haber perdido aquello que más quería. Solo entonces había podido regresar y mirarlo sin pedirle que reparara las partes de ella que necesitaban ser reparadas.

Allison dejó escapar una respiración lenta.

—Hoy —murmuró. La palabra salió de sus labios acompañada de una sonrisa. En ese mismo instante escuchó unos golpes suaves en la puerta.

—¿Puedo entrar?

La voz de Rachel hizo que su sonrisa se ampliara.

—Claro.

La puerta se abrió y Rachel apareció con una taza de café en una mano y una expresión de satisfacción en el rostro.

—He decidido que, antes de enfrentar cualquier decisión importante, necesitas café.

Allison se incorporó y soltó una pequeña carcajada.

—¿Es una tradición familiar?

—En esta familia estamos intentando evitar que las personas importantes tomen decisiones con el estómago vacío. —Rachel dejó la taza sobre la mesita y se sentó a su lado.

Allison la observó durante unos segundos antes de sonreír.

—¿Sabes que todavía me cuesta creer que estemos aquí?

Rachel le devolvió la sonrisa.

—A mí también.

—Hace unos meses no habría imaginado que iba a despertarme una mañana sabiendo que iba a casarme con Rinaldi.

Rachel la miró con una expresión divertida.

—Yo sí. —Se encogió ligeramente de hombros, conteniendo una sonrisa.

Allison arqueó una ceja.

—¿De verdad? —La miró con una mezcla de sorpresa y diversión.

—No exactamente de esta manera. —Rachel dejó escapar una pequeña risa.

—Entonces no cuenta. —Allison negó suavemente con la cabeza, aunque una sonrisa terminó apareciendo en sus labios.

—Cuenta bastante. —Rachel sonrió mientras tomaba la taza de café de la mesita y se la tendía.

Allison negó suavemente con la cabeza.

—No voy a permitir que empieces a decirme que siempre supiste lo que iba a ocurrir.

—No lo sabía. —Rachel sostuvo su mirada unos segundos—. Pero sabía que cuando dos personas se aman de la manera en que vosotros os habéis amado, aunque hayan pasado demasiadas cosas por el camino, siempre existe una parte de la historia que se niega a desaparecer.

Allison tomó el café y permaneció unos segundos contemplando el líquido antes de beber.

—¿Crees que hemos cambiado demasiado?

Rachel reflexionó durante unos instantes, bajando la mirada hacia su taza antes de volver a mirarla.

—Creo que habéis cambiado exactamente lo suficiente. —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Allison levantó la mirada hacia ella y arqueó ligeramente una ceja.

—¿Qué significa eso?

Rachel se acomodó mejor en el borde de la cama.

—Que, si fuerais exactamente los mismos de hace ocho años, probablemente volveríais a cometer los mismos errores. Pero tampoco sois dos desconocidos que casualmente han vuelto a encontrarse. Seguís siendo las mismas personas en algunas cosas, pero ahora entendéis mejor quiénes sois y qué necesitáis.

Allison sonrió.

—Eso suena mucho más sencillo cuando lo dices tú. —Bajó ligeramente la mirada hacia su taza, todavía con una pequeña sonrisa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.