El lenguaje de las sombras
MATEO
Estoy en los túneles de drenaje bajo el Distrito 4, el único lugar donde los sensores térmicos de los drones policiales no pueden alcanzarme. El agua me llega a los tobillos y el olor es insoportable, pero tengo una radio de onda corta que logré rescatar del taller de Javi.
— Aquí "Sombra". ¿Me recibes, "Libro"? —susurro al micrófono.
Pasan diez segundos de estática pura. Luego, una voz cansada y distorsionada responde.
— Te recibo, Sombra. Me han quitado todo. No tengo placa, no tengo acceso a la red. Estoy en un motel de carretera en las afueras.
— Julian, escucha. El Consorcio se ha puesto en contacto con Elena. Han ido a por ella porque saben que es nuestro punto débil.
— ¡Maldita sea! —el golpe de Julian contra una mesa suena a través de la radio—. ¿Dónde está?
— Está en la mansión. He visto su coche entrar por las cámaras de seguridad que todavía controlo. Julian, no puedes ir allí. La policía te está siguiendo para que los lleves hasta mí. Tienes que quedarte donde estás. Yo me encargo.
— Es mi esposa, Mateo.
— Y es mi hermana. Y ahora mismo, es la única que tiene el maletín que el Consorcio quiere. Si yo llego antes que ellos, tendremos una moneda de cambio. Si no... prepárate para el funeral más grande de esta ciudad.
Apago la radio. Saco mi navaja y empiezo a trepar por la rejilla de ventilación que da al jardín trasero de la mansión Vane. El cazador ha vuelto a su terreno, pero esta vez, la presa es mi propia sangre.