La esposa que el mafioso no debía amar

Capítulo 8 — La puerta

Valentina no respiraba.

El teléfono seguía en su mano.

El mensaje de Dante permanecía en la pantalla.

No abras la puerta.

Afuera, el hombre volvió a golpear.

—Señorita Russo.

Esta vez no respondió.

Retrocedió lentamente.

Miró hacia la ventana.

Era demasiado alta.

No podía escapar por allí.

Volvió a mirar la puerta.

—Valentina.

La voz del otro lado sonó más fuerte.

—Sé que estás ahí.

Ella apretó los labios.

No podía entrar.

No podía salir.

Y no sabía cuánto tiempo tardaría Dante en llegar.

Entonces escuchó un ruido detrás de ella.

Un pequeño golpe.

Valentina se giró de inmediato.

La puerta del armario se había movido.

Se acercó con cuidado.

La abrió.

Nada.

Solo ropa.

Suspiró.

—Estoy perdiendo la cabeza.

Entonces vio algo en el suelo.

Una pequeña llave.

Valentina la recogió.

No la había visto antes.

Miró alrededor.

Había una pequeña puerta junto al armario que nunca había notado.

Introdujo la llave.

La puerta se abrió.

Era un pasadizo estrecho.

Valentina se quedó mirando la oscuridad.

No sabía adónde conducía.

Pero sabía algo con certeza.

Era mejor que quedarse esperando a que aquel hombre entrara.

Tomó su teléfono y encendió la linterna.

Avanzó.

El pasadizo desembocaba en una pequeña habitación.

Había estanterías.

Cajas.

Documentos.

Y una mesa.

Valentina se acercó.

Encima había varias fotografías.

Una de ellas le llamó la atención.

Era una imagen de su madre.

Pero no estaba sola.

A su lado había un hombre joven.

Valentina reconoció sus ojos.

Era Dante.

Se quedó helada.

—No puede ser...

Tomó la fotografía.

En la parte posterior había una fecha.

Agosto de 2003.

Valentina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

Dante conocía a su madre.

Mucho antes de conocerla a ella.

Un ruido proveniente del pasadizo la hizo reaccionar.

Guardó la fotografía en el bolsillo.

Apagó la linterna.

Se escondió detrás de unas cajas.

Alguien entró.

Pasos.

Lentos.

Cautelosos.

Valentina se llevó una mano a la boca.

La persona caminó hasta la mesa.

Encendió una lámpara.

Ella pudo ver solamente una silueta.

El desconocido tomó un documento.

—Así que realmente está aquí.

Valentina cerró los ojos.

El hombre continuó:

—Dante cometió un error.

Silencio.

—La encontró demasiado pronto.

Valentina sintió que el miedo le paralizaba el cuerpo.

Entonces escuchó algo más.

El sonido de una puerta abriéndose violentamente.

—¡Aléjate de ella!

La voz de Dante.

El desconocido se giró.

Todo ocurrió demasiado rápido.

Dante entró acompañado de dos hombres.

El intruso intentó escapar por el otro extremo del pasadizo.

Uno de los hombres de Dante lo interceptó.

Valentina salió de su escondite.

—¡Dante!

Él se giró.

Cuando la vio, su expresión cambió completamente.

Corrió hacia ella.

—¿Estás herida?

—No.

Dante tomó su rostro entre las manos.




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