Valentina dejó de respirar.
Durante unos segundos, todo lo que existía en aquella habitación fue aquella voz.
Hija.
Una palabra.
Solo una.
Pero había sido suficiente para destruir todo lo que creía saber sobre su vida.
Dante permanecía frente a ella, completamente inmóvil.
—Quédate detrás de mí —susurró.
Valentina negó.
—Es mi padre.
—Precisamente por eso.
—No sabes si es él.
Dante la miró.
—Sí lo sé.
Ella frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Porque yo también conozco esa voz.
Valentina sintió un escalofrío.
Los pasos se acercaron.
—Valentina —repitió el hombre—. No quiero hacerte daño.
Ella dio un paso hacia la puerta.
Dante la sujetó suavemente del brazo.
—Espera.
—Llevo veintitrés años esperando.
Él la soltó.
Valentina salió del despacho.
El hombre estaba al final del pasillo.
Era mayor de lo que aparecía en la fotografía.
Cabello oscuro con algunas canas.
Barba corta.
Una cicatriz atravesaba parte de su ceja.
Pero sus ojos...
Valentina los reconoció.
Eran los mismos que había visto en la fotografía.
Los mismos que veía cuando se miraba al espejo.
El hombre se quedó inmóvil al verla.
Sus labios temblaron.
—Valentina.
Ella no pudo responder.
Él dio un paso.
Dante inmediatamente se interpuso.
—No te acerques.
El hombre lo miró.
—Moretti.
—De Luca.
Valentina sintió que algo dentro de ella se rompía.
De Luca.
Su verdadero apellido.
El hombre miró nuevamente hacia ella.
—Has crecido.
Aquella frase hizo que Valentina llorara.
—¿Por qué?
Él bajó la mirada.
—Porque era la única forma de mantenerte viva.
—¿Viva?
Valentina soltó una risa entre lágrimas.
—¡Me hiciste creer que estabas muerto!
—Tenía que hacerlo.
—¡Yo creí que no tenía padre!
Él cerró los ojos.
—Lo sé.
—Te esperé.
Aquellas palabras parecieron golpearlo.
—Lo siento.
Valentina se acercó.
—No quiero que lo sientas.
Su voz se quebró.
—Quiero respuestas.
Alessandro la miró.
—Las tendrás.
Dante intervino.
—No aquí.
Alessandro negó.
—Aquí es precisamente donde debemos hablar.
Dante endureció la expresión.
—No sabes quién puede estar escuchando.
—Lo sé perfectamente.
Alessandro sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo.
—Por eso elegí esta casa.
Valentina lo miró confundida.
—¿Qué es eso?
—Un inhibidor de señal.
Dante observó el aparato.
—¿Desde cuándo lo tienes?
—Desde hace años.
Alessandro se acercó a una pared y retiró un cuadro.
Detrás había una pequeña caja fuerte.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Había una caja fuerte aquí?
—Tu madre la instaló antes de que nacieras.
Alessandro introdujo una combinación.
La puerta se abrió.
Dentro había una caja de madera.
La tomó.
—Esto pertenece a ti.
Valentina no se movió.
—¿Qué hay dentro?
—La verdad.
Alessandro colocó la caja sobre la mesa.
Valentina abrió lentamente la tapa.
Había cartas.
Fotografías.