NOTA DE AUTOR:
He decidido oficialmente volver a reescribir la historia, quisiera darle un nuevo rumbo y una nueva perspectiva, pero como realmente ya tenía terminada esta primera versión, voy a publicar el resto de los capitulos que tiene en total 45 capitulos + el epilogo. De ahi en fuera voy a comenzar a reescribir los capitulos, les pondré Numero Romano para que sepan que los que tengan asi de inicio, son los nuevos capitulos reescritos. Gracias por el apoyo de seguir leyendo, pueden seguir disfrutando :)))
17 de Calen de 759 a. a
Después de su gran desfile por toda la capital celebrando no solo su regreso sino también su victoria, tres días después finalmente había llegado el día de la ceremonia de mayoría de edad del segundo príncipe. Las calles seguían adornadas con estandartes imperiales, coronas de laurel y miles de flores blancas y doradas. Desde primeras horas de la mañana, nobles y plebeyos recorrían la capital vestidos con sus mejores galas, mientras músicos, comerciantes y artesanos convertían la ciudad en una inmensa celebración. Muchos afirmaban que la magnitud de aquellos festejos solo podía compararse con la ceremonia que años atrás había celebrado el príncipe heredero. Y eso era una pésima señal. En la corte existía una antigua creencia: cuando el pueblo comenzaba a comparar a dos príncipes, el Imperio terminaba dividido entre ellos. Aryanne observó el Palacio del Sol elevándose sobre la capital. Ahora comprendía el verdadero alcance de la estrategia de Corio. En otra vida, antes de convertirse en el héroe que había puesto fin a un siglo de guerra con Nethria, jamás habría imaginado celebrar su mayoría de edad en aquel lugar.
Aquella ceremonia habría tenido lugar en el Palacio del Diamante, residencia del resto de príncipes y princesas ilegítimos, organizada por la Noble Consorte y destinada a pasar casi desapercibida entre los innumerables compromisos de la familia imperial. Del mismo modo, Sherline celebraría la suya en el Palacio de la Luna, como correspondía al resto de los hijos del emperador, porque el Palacio del Sol estaba reservado exclusivamente para el soberano y su heredero. Para los ojos del imperio el simple hecho de que Corio celebrara allí su ceremonia significaba que el emperador lo reconocía como su heredero, aunque su majestad no se expresara así, con el simple hecho de permitir que su ceremonia se llevara a cabo en el Palacio del Sol era más que suficiente para que todos entendieran que el segundo príncipe regresaba a la capital no como un príncipe exiliado sino como un príncipe del Sol que también podría llegar al Trono del Sol.
Sin embargo, Aryanne sabía que aquella decisión no obedecía únicamente a la voluntad del emperador. La verdadera razón estaba a punto de cruzar las puertas de la capital. Por primera vez en más de un siglo, la delegación oficial de Nethria pisaría nuevamente territorio wisteriano para ratificar el tratado de paz. Recibirlos en cualquier otro palacio habría sido interpretado como un insulto diplomático. Haberlos recibido en otro palacio incluido el de luna hubiera sido tomado como una ofensa para ellos y el tratado que habían soñado firmado se quedaría en eso... sueños, se hubieran marchado ofendidos. Para Nethria no importaba si Corio era hijo legítimo o ilegítimo; para ellos hubiera sido visto que los recibieron así por ellos, no por Corio. Así que el emperador no tenía otra opción más que hacerlo en el Palacio del Sol.
Debía admitirlo: había sido una excelente estrategia por parte de Corio, Aryanne no pudo evitar esbozar una sonrisa cargada de resignación. Había sido una jugada brillante. Con un solo movimiento, Corio había conseguido que todo el Imperio lo contemplara desde el balcón reservado durante siglos al heredero de Wisteria. Ya no era únicamente el Héroe del Norte; ahora era el segundo Sol. Y, desde el momento en que había puesto un pie en aquel palacio, el tablero político del Imperio acababa de cambiar. Solo entonces comprendió por qué su padre había decidido aplazar el anuncio oficial de su compromiso con Byron. Probablemente había previsto que algo así podía suceder. Quizá no exactamente de aquella forma, pero sí había anticipado que el regreso de Corio alteraría el equilibrio de poder dentro de la familia imperial, era una sabia decisión esperar el resultado del ganador, para así su familia no tuviera que desgastarse en apoyar un bando, solo observarían y se quedarían con el ganador.
El Palacio del Sol volvía a abrir sus puertas, Aryanne terminaba de alistarse con ayuda de Coralie y el resto de sus doncellas. Al contemplarse frente al espejo, no pudo evitar sentirse nerviosa, a pesar de los constantes halagos que recibía por lo hermosa que lucía por parte de sus doncellas. Su vestido, confeccionado en delicadas capas de tul color albaricoque que se fundían en un intenso tono ámbar hacia el ruedo, parecía envolverla en los primeros destellos de un amanecer. El corpiño, bordado con finos hilos dorados, cristales y pequeñas perlas, brillaba con elegancia bajo la luz, mientras unas mangas vaporosas caían suavemente sobre sus brazos y una larga capa de tul nacía desde los hombros, deslizándose tras ella como un rayo de sol. Su cabello castaño miel, completamente rizado, estaba recogido en un moño alto con trenza cruzada y conservaba su característico flequillo recto. Entre los mechones descansaba una delicada peineta de oro con ramas y hojas doradas adornadas con pequeños cristales, a juego con unos discretos pendientes de topacio imperial y un fino brazalete de oro. Todo en ella evocaba la calidez del amanecer, como si hubiese sido vestida para convertirse en la personificación del Sol.
Sin embargo, nada de aquello lograba tranquilizarla. Sería la primera vez, después de cinco años, que volvería a encontrarse con Corio frente a frente. Ya no sería una mirada compartida desde la distancia, como durante el desfile, sino una conversación inevitable bajo el mismo techo. Sabía que debía arrancar aquellos sentimientos de su corazón, pero ¿cómo podía obligarlo a olvidar? Quizá había perdido por completo su buen juicio. Estaba convencida de que, cuando sus caminos volvieran a cruzarse, se tratarían como dos completos desconocidos. Apenas intercambiarían las cortesías propias de la corte y nada más. Tal vez para Corio todo lo que habían vivido no había sido más que un sueño de juventud, un recuerdo sin importancia que el tiempo se había encargado de borrar. Quizá la única que seguía aferrándose a aquel momento era ella… bueno, ella y Belle. Habían transcurrido cinco años desde la última vez que se vieron, era muy probable que él ya la hubiera olvidado o que simplemente hubiera decidido dejar atrás aquel encuentro. Después de todo, ella era la prometida de su hermano mayor. Para Corio no sería más que una rival dentro del tablero político, alguien a quien algún día tendría que vencer y aquellas miradas que compartieron durante el desfile seguramente no habían significado absolutamente nada.