Todos los vitorearon en el salón y estallaron aplausos de alegría, llego el mayordomo ofreciéndole una copa de champan a Su Majestad y después al Gran Duque, espero que todos los invitados tuviéramos una bebida en sus manos para poder alzar su copa y brindar:
—Que este día sea recordando por las siguientes generaciones en el cual el pueblo de Wisteria y Nethria pasaron de ser enemigos a jurados a aliados eternos —brindo jubiloso—. ¡Que la paz entre nuestras naciones perdure! ¡Y que los días venideros sean de conquista para ambos pueblos! Juntos seremos imparables y nadie se atreverá a no doblegarse a nuestra fuerza.
Todos alzaron sus copas estallando de júbilo ante las palabras de nuestro Emperador terminando en aplausos que incluyeron a la Comitiva de Nethria. Serían unos grandes aliados, nadie se atrevería a intimidar a Nethria ahora que tendría el respaldo de Wisteria y Wisteria ahora recibiría una ayuda extra al conquistar naciones. El Gran Duque Rowan también sonrió jubiloso, pasando a mirar a Corio:
—No podemos olvidarnos de quien vinimos a celebrar —recordó sonriente—. Sin la insistencia del Segundo Principe, nunca nos hubiéramos atrevido a soñar con esta alianza —miro al emperador—. ¿No cree que Su Alteza merece una recompensa digna del logro que cometió?
El Emperador jubiloso de la celebración estallo diciendo:
—Principe Corioneus Helionis, mi segundo príncipe, has servido a tu nación con gran honor, intercediendo para poder fin a una guerra que no solo debilitaba a Wisteria, sino también a Nethria —pronuncio firme—. Nos has traído unos valiosos aliados, haz hecho lo que ningún otro príncipe ha logrado hacer… Ante la luz eterna de Aelion y el juicio de Aelira, doy mi palabra como Emperador de Wisteria. Corioneus Helionis, cuando llegue el día en que reclames tu recompensa, te concederé aquello que desees, siempre que no suponga la ruina del Imperio. Ésta es mi promesa ante los dioses, la nobleza y el pueblo.
El Gran Duque asintió aprobando aquella recompensa, inmediatamente Corio se arrodillo ante su padre agradeciéndole a Su Majestad por su gracia infinita, todos los invitados estaban celebrando las palabras del emperador, excepto por una persona en particular…la Emperatriz quien había palidecido al escuchar aquel juramento suponiendo un peligro para la posición del Principe Heredero, pues ¿Quién le asegura que aquella recompensa no sea el Trono del Sol? Byron se encontraba en estado de shock, mientras Sherline no podía ocultar su molestia seguramente pensando que consiguió aquella recompensa a cambio de su matrimonio mientras su hermano querida se vería perjudicado. Ahora no cambia duda de la preferencia que había mostrado el Emperador ante el segundo príncipe imperial y ahora seguramente muchos en secreto pedirían apoyarlo. Se estaba convirtiendo en una amenaza, pero no pudo evitar sentirse mal por Byron, seguramente se culpaba por no haber logrado algo significativo como su hermano menor. Pero para Aryanne parecía sospechoso como el Gran Duque había intercedido a su favor, como incluso si hubiera escuchado sus pensamientos, menciono:
—Como agradecimiento al Segundo Principe y por haber cumplido su mayoría de edad —pronuncio con firmeza—. Mi Rey Alaric IV ha preparado unos obsequios por su cumpleaños…
El asombro recorrió el salón. Un regalo enviado por el propio rey de Nethria era un honor reservado únicamente para los soberanos, por lo que la sola mención de aquel gesto bastó para despertar un sinfín de murmullos entre la nobleza. Rowan hizo una ligera señal con la mano y las enormes puertas doradas del salón se abrieron lentamente, dando paso a un grupo de sirvientes ataviados con los colores de Nethria que avanzaban en perfecto orden, cada uno portando un obsequio cubierto por finos paños blancos bordados con hilos de plata. Cuando el primero de ellos retiró cuidadosamente la tela que protegía su carga, dejó al descubierto una magnífica espada cuya hoja de acero blanco reflejaba delicados destellos azulados bajo la luz de los candelabros; su guarda, finamente trabajada en plata, estaba adornada con zafiros del tamaño de una moneda, mientras que la empuñadura, envuelta en cuero blanco, culminaba en un elegante pomo donde se encontraba grabado el escudo real de Nethria.
—La Espada del Alba Boreal —anunció Rowan—. Forjada por los maestros herreros de la Corona. Una obra creada únicamente para quienes el reino considera dignos de ser llamados héroes.
Los murmullos crecieron. Un segundo sirviente apareció llevando un elegante soporte de madera negra. Sobre él descansaba un halcón completamente blanco, el ave observaba el salón con una serenidad casi sobrenatural.
—Un halcón nival de sangre real —anunció—. En Nethria simboliza la confianza absoluta entre dos aliados.
El siguiente obsequio era un pequeño estuche de terciopelo azul. Al abrirlo, apareció un anillo de platino coronado por un zafiro tallado con el sello personal del gran duque Rowan.
—Mientras este sello permanezca en vuestra mano —proclamo Rowan—. Cualquier puerta de Nethria se abrirá para vos como si fueseis un invitado de la propia Corona.
El silencio se hizo aún más pesado, después llegaron varios cofres. Uno contenía un extraordinario juego de ajedrez elaborado en cristal azul, cuarzo blanco y plata, cuyas piezas parecían pequeñas esculturas. Otro guardaba un reloj astronómico de intrincada mecánica capaz de reproducir el movimiento del Sol, la Luna y las constelaciones. Le siguieron una armadura ceremonial de acero plateado grabada con motivos de copos de nieve, una capa de invierno confeccionada con piel de zorro ártico y bordados de hilo de plata, una colección de antiguos mapas de las montañas septentrionales, así como cofres repletos de lingotes de oro, monedas acuñadas por la Corona nethriana y piedras preciosas cuidadosamente clasificadas. Cada nuevo regalo provocaba exclamaciones apenas contenidas.