Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo veintisiete

Sorpresa

Grigori Zaítsev y Aleck Slavik decidieron alejarse del mundo Humano por un par de horas, la mejor opción para ser ellos mismos era el Séptimo Den. Allí podrían correr, cazar y convivir con más de los suyos, aunque sus corazones estuvieran en otro lugar. El fueron recibidos por Fabian Pinzón, el Lobo parecía haber envejecido. Quizá la pérdida de su cachorro mayor fuera la causa, pero se veía contento, en paz.

—Mi señor Grigori, es un honor tenerlo en el Den, salvo nuestras vidas al enviarnos aquí —le dijo refiriéndose a él y Laura su esposa.

—Gracias por seguir leal a la manada —le dijo Grigori tomando la mano de Lobo —Gracias por cuidar a los nuestros.

En alguna parte oculta de su mente Grigori temía que los Pinzón lo culparan de la muerte de su hijo, después de todo había sido él quien lo había detenido haciendo lo que no debía. Aunque nunca mostraron esa ira, nunca se sintieron ofendidos cuando escucharon las acusaciones contra su hijo. Simplemente estaban dolidos, y habían aceptado el castigo impuesto.

Esa noche hubo una celebración de bienvenida, después de todo, ¿Cada cuánto los visitaba uno de sus Alfas? Hubo cordero, cerdo, res, y cuanta infinidad de carne exista, preparado en guisos típicos del país. así como bebidas, baile, juegos y algunas piñatas para los más pequeños. La alegría de su gente fue un enorme bálsamo su corazón, permitió que la oscuridad que siempre cargaba, que remitiera un poco.

Pudo respirar con calma, sonreír sin tener que obligarse a que pareciera real. Realmente estaba disfrutando el momento, sin recordar el pasado o pensar en el futuro, solo disfrutando el presente. Disfruto de la comida y de la compañía, pero se permitió echar de menos de menos aquellos años en los qué era Frederick. Cuando no cargaba con la vida de dos razas en sus hombros, cuando no sabía de la oscuridad, cuando... Borro esa línea de pensamiento.

Echar de menos el pasado sería como arrepentirse del presente, y era justo en ese momento que su vida era casi perfecta. tenía a la mejor compañera que un Lobo podía desear. Ella era una mujer fuerte, inteligente, decidida y sumamente valiente. Y la perfección encarnada, su pequeña Catherine.

No, no añoraría lo que había sido. Él era el Lobo Cazador, era el Alfa. Pensar en ello le hizo sonreír, en años pasados habría saltado sobre la yugular de quien sea para no llegar a ese cargo. Ahora lo defendería con garras y dientes, nadie le quitaría el liderazgo.

Aleck se veía relajado, pero en realidad estaba en alerta total. No era que desconfiara de los Lobos, Humanos o Latentes que vivían dentro del Valle de los Lobos. Era algo más, en la parte más oscura de su mente, algo aleteaba, como un mensaje o una advertencia. Lo había sentido desde que Grigori le informó que irían al Den, pero decidió no decir nada.

Desde el ataque en ese búnker, dónde fueron drogados y estuvo atrapado dentro de sus peores temores, se había vuelto un tanto más paranoico. No era que sólo Alex sintiera la perturbación oscura, Grigori la había comenzado a sentir días antes de partir al Den. Toda la gente dentro del Valle de los Lobos sonreía y hacia sus actividades diarias como si nada fuese a pasar, ingenuos de la amenaza que se cernía sobre sus cabezas. Grigori salió del gran salón dónde se llevaba a cabo la celebración, tenía una sola idea en mente, salvarlos a todos. Aun cuando entendía que no podría hacerlo, tenía la esperanza de salvar tanto a Lobos como Humanos.

—Algo no está bien Grigori, lo siento como una sombra que se cierne sobre nosotros.

Le dijo interrumpiendo el silencio en el que el mismo Grigori había ido a buscar, tratando de descifrarlo que estaba ocurriendo as allá del Valle.

—También la siento Aleck, pero no hay mucho que podemos hacer por el momento, dejémoslos disfrutar de esto.

—Sólo espero que no te equivoques y que el minuto siguiente no sea demasiado tarde.

Labras de Alex fueron duras, sin embargo, sabía que estaban llenas de verdad.

“Señor Pinzón aquello que le encargué está listo” —le interrogó al Guardián del Valle de los Lobos Fabian Pinzón, a través de su senda telepática común.

“Si mi señor, con todas aquellas especificaciones que nos ordenó”.

“Con la mayor calma posible y sumergidos en compulsión saqué a tantos Lobos, Latentes y Humanos como sea posible del Den, aléjelos lo más posible del Valle”.

“Cómo ordene mi señor”.

Fabian no se atrevió a preguntar si eso era un simulacro, pero algo de seriedad en la voz telepática de su Alfa le dijo que era algo más grave. Si lo que Grigori y Aleck estaban sintiendo era cierto, entonces quería decir que la guillotina de Testarosa estaba por caer sobre sus cabezas. Toda la información que tenían acerca de ese ataque era falsa, aunque quizá habían movido demasiado el agua y habían despertado la ira de la Madre de los Cazadores.

—Aleck, revisa el perímetro.

—¿Crees que esos bastardos vayan a atacarnos esta noche?

—Existe toda la posibilidad.

—Pero, se supone que este ataque ocurriría dentro de dos semanas.

—Tú lo has dicho, se supone.

Grigori se dirigió al sentido opuesto de Aleck, al salir al perímetro del Den, dejó que sus sentidos lo guiarán. Utilizó no sólo los sentidos del Lobo, también utilizó los del Cazador. Para entonces se dio cuenta que algo se movía en su dirección, era demasiada energía oscura moviéndose. Entonces sus temores se hicieron realidad, la Madre de los Cazadores sabía levantado su puño de hierro esa misma noche.




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