Nacidos entre las sombras -Dioses Ocultos, Libro 3

Capítulo treinta

Miedos.

La unión entre la Alianza del este y los Venántium había sufrido un golpe que no esperaban, estaban muy seguros de que esa habría sido una victoria fácil, pero algo había salido terriblemente mal. Testarosa de Luca se dirigía al norte en una camioneta, que ella misma manejaba. De los que le habían acompañado a la masacre, todos habían desaparecido, solo ella había sobrevivido.

La madre de los Cazadores estaba más allá del terror, trataba de calmas el temblor de sus manos, pero no lo lograba. Le dio la orden a la aplicación de si celular de marcar a cierto número, este le respondió al sexto tono.

—Mi señora, ¿Por fin es hora de celebrar la caída de esos perros?

—Escucha bien lo que voy a decir, reúne a todos los Cazadores, quiero a cada uno de los Venántium en la Necrópolis, ¡Los quiero para ayer!

—¿Mi señora que es lo que ha ocurrido?

—Los Lobos… ellos hicieron algo, había una criatura que barrio con todos, esa cosa… esa cosa va tras cada uno de nosotros.

El Cazador sintió terror al escuchar la desesperación y el miedo en la voz de Testarosa de Luca, entonces atendió que su raza entera estaba en peligro. Pero, quería saber lo que los Lobos habría echo para crear esa criatura, que clase de poder era la que tenía y si podían capturarlo para tomar su poder para ellos, quizá ascender en la escala de los Venántium.

—Bien mi señora, como ordene.

Testarosa corto la llamada, no teína más que decirle a su subordinado, repetía en su mente, una y otra vez la escena que había visto, no lograba entender que era lo que había ocurrido, no lograba entender que clase de criatura tendría ese magnifico poder. Pensó por un segundo en la posibilidad de capturarlo, pero con ese nivel de poder los destruiría antes, así que lo descarto.

Iba tan centrada en sus pensamientos que estuvo a punto de chocar un par de veces, maldiciendo siempre a los Humanos que aparecían frente a su rostro. Los odiaba a todos, solo quería verlos convertidos o muertos, pero por el momento había sido vencida por esa cosa. Encontraría como ponerse en pie, como volverse más fuerte y hacerle frente. Encontraría como destruir a la manada y a todo aquel que los apoyara, y una vez que tuviera esa fuerza iría por esa cosa.

Entonces una idea comenzó a crecer en su mente, los Humanos se habían aliado a la manada porque no los conocían, porque no los conocieron como lo hizo ella, ella había visto lo que un Lobo enfermo de la Sed de sangre podía llegar a hacer. Los Humanos tenían que verlos como ella los había visto, para que sintieran ese terror, que se dieran cuenta del peligro que eran.

Si lograba que los Humanos vieran el verdadero rostro de los Lobos, entonces pondrían en duda su seguridad junto a ellos, podría entonces convencerlos que ella solo quieres salvarles, los Humanos les abrirían la puerta para que destruyera a la manada y sin los Lobos para protegerles, estarían en sus manos.

Pero primero tenía que salvar su vida, estaba segura de que esa cosa le pisaba los talones, lo había sentido así desde que dejo atrás el Vulpak, le tomaría quizá un día llegar al norte a la entrada de la Necrópolis. había pedido que todos los Cazadores regresaran, alguno de ellos tenía que haber escuchado un rumor, un mito sobre esa cosa que ataco y elimino a su gente.

Revisaría los manuscritos de Derrik, quizá él sabía de esa cosa, quizá él la diseño. Hizo muchos experimentos a lo largo de los siglos, desde que Henrriette llegó con ellos y fue convertida, los experimentos de su hermano se volvieron más sofisticados, tenía la esperanza de encontrar algo allí. Quizá ellos habían trabajado en esa cosa y los rituales con los sacrificables lo habían invocada, pero quizá no tenia el control sobre su poder como un Cazador recién convertido.

Su hermano siempre había tenido la respuesta para todo, hasta el día en que desapareció. Nunca encontró su rastro, nunca encontró su cuerpo, pero tenía la certeza de que él había sabido de esa cosa. No sabia si pasaba por alto detalles importantes, pero sabia que en esas paginas no encontraba nada de lo que necesitaba. Quizá eso solo estaba en otro lugar, tenia que haber algo a cerca de esa cosa.

Tomo otro de los manuscritos, dónde se detallaban los experimentos que se habían echo con algunas Lobas en gestación, incluso mencionaba a Henrriette como “caso de referencia” pero no había nada más relacionado. ¿Por qué la tomaría como caso de referencia y no anotaría nada al respecto? ¿Quizá la embarazo y esa cosa era su hijo? Sabía que una vez que se convirtieron la posibilidad de engendrar se volvía nula, pero Derrik era diferente.

Él había sido el primero, tenía habilidades y podía hacer cosas que ninguno de ellos podía hacer, sin importar lo que trataran o los métodos que utilizaran, era imposible que lo hicieran. De hecho, él no volvió a usar la sangre de ese Lobo corrupto que tenía en su sótano para “alimentarse”, su hermano lo odiaba por eso. En cierta medida también ella, pero le vio una ventaja, así ninguno de los dos hermanos le prestaba atención a ella por pelear entre ellos.

Su sirviente le interrumpió sus pensamientos informándole que todo estaba dispuesto para partir, las cosas ya habían salido en una diligencia más temprano.

—Asegúrate de que todo esto se valla en la última carga.

—Si mi señora.

—¿La fuente esta cargada? —interrogo refiriéndose a ese Lobo corrupto.




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