Sígueme el juego-Segundo libro de la saga: vidas cruzadas-

Capítulo 27

ROMÁN

ROMÁN

La reunión con Bratt se me hizo eterna. Quizás porque sabía que, cuando terminara, había quedado con Maya para hacer algo juntos.

Miré al hombre, que hablaba sin descanso sobre las campañas que había hecho últimamente. Como era de esperar, una de las que mejor había funcionado era la que hice con Chloe, pues, según palabras textuales de Bratt, el público nos shippeaba.

—Eso es todo por el momento —dijo con un suspiro—. Ah, sí, Román. Al parecer, los patrocinadores están bastante contentos con tu cambio.

—Sí, por lo que he visto, sí —respondí con seguridad.

—Quizás el contrato con Maya termine antes de lo previsto y podáis volver a la vida que teníais antes —añadió con una amplia sonrisa.

Me quedé paralizado.

Las palabras se atascaron en mi garganta.

Mi expresión debió de delatarme, porque Bratt me miró extrañado.

—¿No te alegras? No sé, como para ti todo esto era una especie de castigo, pensé que te alegraría saber que ya queda menos.

—Claro... Sí...

El aturdimiento en mi voz era cada vez más evidente.

No había pensado en la posibilidad de que el contrato terminara antes.

En mi cabeza todavía tenía tres meses por delante.

Tres meses con Maya.

Tres meses despertándome con ella, desayunando juntos, durmiendo a su lado, escuchándola hablar sin descanso de cualquier tontería que se le pasara por la cabeza.

Tres meses en los que todavía podía fingir que aquella vida era realmente nuestra.

Pero ahora podían ser menos.

Y aquella noticia, en lugar de alegrarme, consiguió hundirme un poco más.

La inseguridad de la noche anterior volvió a instalarse en mi interior.

Cuando todo esto termine... ¿podré soportar verla con otro?

Solo imaginarlo consiguió que la bestia que llevaba dentro rugiera con indignación, como si se negara rotundamente a aceptar aquella posibilidad.

Me despedí de Bratt y salí de la oficina con la cabeza hecha un auténtico lío.

La noticia que acababa de darme, sumada a las ausencias cada vez más frecuentes de Maya, estaba provocándome un malestar difícil de explicar.

Era mi problema.

Lo sabía.

Maya no estaba haciendo nada malo.

También lo sabía.

Pero, a veces, cuando la inseguridad se apodera de cada rincón de tu cabeza, saber que tus pensamientos son irracionales no sirve para hacerlos desaparecer.

Y, por mucho que intentara controlarlos, había una pregunta que no dejaba de repetirse en mi mente:

¿Qué iba a hacer cuando ya no tuviera ninguna excusa para tenerla a mi lado?

Solo de pensarlo, un vértigo se apoderó de mí. Sentí que el corazón se me detenía durante unos segundos y que un montón de emociones fluían sin compasión por todo mi cuerpo, buscando desesperadamente una salida.

Querían salir a la luz.

Querían mostrar todo lo que sentía.

Gritar todo lo que llevaba demasiado tiempo callando.

No quise pensarlo más. Ya era bastante complicada la situación en la que me encontraba. Entre lo de Justin y lo de Maya, mi cabeza no estaba precisamente en su mejor momento, y aquello podía terminar afectando a las campañas que tenía por delante.

Maya no sabía cómo coño lo hacía, pero era capaz de organizarlo todo en cuestión de minutos como una verdadera experta. Los correos enviados, las llamadas con los patrocinadores, los horarios ajustados para que absolutamente todo encajara sin fallo alguno.

Era increíble.

Era la mujer más increíble que había conocido en mi vida.

O quizás eran los sentimientos que tenía por ella los que me hacían verla de aquella manera.

Pero, joder, ¿cómo no iba a verla así?

Maya era como la luz.

Un extraño chute de energía que te envolvía por completo y conseguía hacerte sentir que eras capaz de cualquier cosa.

Seguro que el nuevo chico también va a disfrutarlo.

Apreté la mandíbula.

Otra vez.

Ese jodido pensamiento estaba atormentándome de nuevo.

Ni siquiera sabía si existía ese supuesto chico y mi cabeza ya había decidido convertirlo en mi peor enemigo.

Me subí al coche y conduje hasta la ubicación que Maya me había enviado.

La verdad era que estuve tentado de no ir. En aquellos momentos no iba a ser precisamente la compañía más agradable y lo sabía.

Pero quería verla.

Quería pasar tiempo con ella.

Y, después de lo que Bratt acababa de decirme, una parte de mí sentía que tenía que aprovechar cada momento que todavía nos quedara.

Así que fui.

La ubicación que me había enviado Maya estaba bastante alejada de las zonas más concurridas del campus

La ubicación que me había enviado Maya estaba bastante alejada de las zonas más concurridas del campus.

Los árboles rodeaban todo el lugar y el sol brillaba con fuerza entre las ramas. El canto de los pájaros me envolvió por completo.

Era precioso.

Uno de esos sitios a los que ibas cuando necesitabas despejarte, dejar de pensar durante un rato y darle un poco de descanso a la cabeza.

Entonces la vi.

Maya estaba hablando con alguien por teléfono.

La sonrisa que había aparecido en mi rostro al encontrarla fue desapareciendo poco a poco cuando vi la suya y, sobre todo, cuando la escuché reír por algo que su interlocutor acababa de decirle.




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