Sígueme el juego-Segundo libro de la saga: vidas cruzadas-

Capítulo 28

MAYA

MAYA

La tensión entre Román y yo duró más de lo previsto.

Las noches posteriores a la pelea volví religiosamente a esa dichosa casa. La diferencia era que ya no dormía con Román.

No dije nada.

Simplemente, en completo silencio, recogí la ropa que, con el paso del tiempo, había terminado colocando en su armario, ese que al final habíamos acabado compartiendo, y me la llevé a la habitación que tenía asignada desde el principio.

Román no dijo nada.

Ni siquiera me miró a la cara.

Pasé la mayor parte del tiempo en casa de las chicas y procuraba volver tarde, cuando sabía que Román ya estaría en la cama.

En las promociones a las que acudíamos juntos hacíamos el papel de nuestras vidas. Sonreíamos, nos cogíamos de la mano, nos acercábamos más de lo necesario y fingíamos que todo seguía exactamente igual.

Pero no era así.

La tensión entre nosotros era evidente, aunque ambos intentáramos ocultarla lo mejor posible.

Las conversaciones nocturnas que solíamos tener antes de dormir desaparecieron de inmediato. Apenas nos dedicábamos un simple «buenos días» cuando coincidíamos por casa.

Las sesiones con la doctora Dexter, en cambio, iban mejor.

Me dejó bastante claro que había estado mal que estallara de aquella manera con Justin la primera vez, pero, cuando le expliqué lo ocurrido en nuestro segundo enfrentamiento, me felicitó por haber conseguido controlar mis impulsos.

Los días en la oficina eran lo único que conseguía mantener mi cabeza ocupada.

Las reuniones con los deportistas eran cada vez más productivas y aprendía algo nuevo de cada uno de ellos. Bratt me permitía involucrarme un poco más conforme pasaban los días y, sinceramente, aquello había sido lo único bueno de aquella semana.

En esos momentos me dirigía a una reunión con mi profesor de fotografía.

No voy a negar que, cuando recibí su correo solicitando que nos reuniéramos, una pequeña dosis de miedo se instaló en mi interior.

Y ese miedo aumentó considerablemente cuando me vi recorriendo los pasillos del pabellón de Bellas Artes.

Mis pasos eran decididos, aunque titubeaban un poco más conforme me acercaba a su despacho.

Me temía lo peor.

En aquellos momentos estaba atravesando una mala racha y, cuando te encontrabas así, la mente tenía una habilidad sorprendente para construir los escenarios más catastróficos posibles.

Llamé a la puerta.

—Adelante.

Tragué saliva.

Durante unos segundos, mi cuerpo pareció quedarse completamente paralizado antes de que consiguiera reaccionar y entrar en el despacho.

El hombre estaba concentrado en varios documentos, con aire ausente. Cuando percibió mi presencia, levantó la mirada.

Y sonrió ampliamente.

Mis nervios disminuyeron casi de inmediato.

—Maya, por favor, siéntate —me indicó.

Asentí.

Aparté la silla de cuero y tomé asiento frente a él. Me limpié discretamente las manos sudorosas en los pantalones sin apartar la mirada del hombre.

—Tengo muy buenas noticias —canturreó.

Solté el aire que llevaba conteniendo.

—¿Cuáles? —pregunté, intentando esbozar una sonrisa.

—Después de mover algunos hilos y presentar varias propuestas, he conseguido algo que creo que te va a encantar.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Te acuerdas de que te comenté que un amigo mío, dueño de una galería, quería organizar una exposición amateur para fotógrafos con potencial?

Asentí con cierta duda.

—Sí...

—Pues he conseguido que seas tú quien represente a nuestra universidad.

Abrí los ojos de golpe.

—¿Qué?

Sonrió ampliamente ante mi reacción.

—No voy a mentirte, la competición será bastante dura. Se presentan alumnos de varias universidades, pero, después de hablarlo con el comité y enseñarles algunas muestras de tus trabajos, hemos decidido que seas tú quien acuda en representación de la universidad.

Lo miré sin terminar de procesar sus palabras.

—¿Yo? —pregunté, todavía incrédula.

—Sí, tú —respondió como si fuera lo más evidente del mundo—. Eres una de mis mejores alumnas y tienes muchísimo potencial para convertirte en una fotógrafa de renombre.

Se inclinó ligeramente hacia mí y bajó la voz.

—No se lo digas a tus compañeros, pero sabes perfectamente que eres mi favorita.

Me lo susurró como si acabara de confiarme el mayor secreto de su vida, consiguiendo que una sonrisa apareciera en mi rostro.

—Además, hay un premio.

—¿Un premio?

—Una beca.

Volví a quedarme inmóvil.

—Si ganas, cubrirá dos años más de tus estudios. Sé que quizás pienses que no es demasiado, pero, Maya, estamos hablando de tener otros dos años completamente cubiertos.

Dos años.

Parpadeé varias veces.

Dos años en los que no tendría que preocuparme constantemente por cómo pagar mis estudios.

Dos años en los que podría respirar un poco más tranquila.

—No estoy diciendo que vayas a ser la ganadora absoluta —aclaró—. Vas a competir, y repito, contra estudiantes de muchas universidades diferentes. El nivel será alto. Pero nosotros hemos decidido apostar por ti.

Hizo una pequeña pausa.

—Tienes material de sobra, ¿verdad?

—Sí... Más o menos —respondí algo avergonzada—. Tengo fotografías de paisajes, de personas, de animales...

Fui enumerándolas con cierto nerviosismo.

El profesor se inclinó ligeramente sobre el escritorio, apoyó los codos en la mesa y me observó con ese evidente orgullo de docente que consiguió ponerme todavía más nerviosa.




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