Sígueme el juego-Segundo libro de la saga: vidas cruzadas-

Capítulo 34

MAYA

MAYA

El abuelo Stone daba un miedo que te cagas. En diez minutos exactos teníamos la información necesaria.

Román preguntó de dónde había salido todo aquello y Rebecca respondió que era mejor no hacer preguntas cuyas respuestas quizás no le beneficiarían.

Tenía la misma energía que el yayo Stone.

Me encantaba.

En esos momentos nos encontrábamos todos por videollamada.

Asher estaba con Luna.

Rebecca estaba con Avril y Ken.

Will y Evan también estaban conectados.

Habíamos decidido mantener a los adultos al margen, principalmente porque debíamos lidiar con aquello nosotros solos. Éramos adultos y, por lo tanto, debíamos actuar como tales.

—Chloe Turner... Chloe... —Ken frunció el ceño, con la mirada perdida—. ¿De qué me suena ese nombre?

—A mí también me suena —murmuró Rebecca—. Sé que es influencer, pero...

Los dos se quedaron pensativos.

Y entonces ocurrió.

Fue prácticamente al mismo tiempo.

Ken abrió los ojos de golpe y Rebecca giró la cabeza hacia él. Se miraron durante unos segundos, como si acabaran de llegar exactamente al mismo recuerdo.

—No —dijo Ken, incrédulo.

—Sí —sentenció Rebecca.

—¿Seguro?

—Completamente.

Todos los miramos como si les hubiera salido una segunda cabeza.

—¿Qué coño nos hemos perdido? —preguntó Will con cierto recelo.

Rebecca se echó hacia atrás.

—Una fiesta en casa de los tíos de Ken.

—Hostia... —Ken se pasó una mano por la cara—. Es verdad.

—¿Alguien quiere explicarnos algo? —pregunté.

Ken soltó el aire antes de empezar a hablar.

—Fue hace unos años. Rebecca y yo todavía estábamos juntos. Habíamos ido a una fiesta en casa de mis tíos y, en algún momento de la noche, Rebecca se quedó abajo hablando con Billy mientras yo subí a mi habitación.

—Y Chloe fue detrás —continuó Rebecca.

Parpadeé.

—¿Perdona?

—Se metió en mi habitación —explicó Ken—. Sabía perfectamente que Rebecca y yo estábamos juntos e intentó acercarse a mí. La eché.

Miré a Román.

Román me miró a mí.

Después, los dos miramos nuevamente la pantalla.

—¿Me estáis diciendo que no es la primera vez que esta tía hace algo parecido? —pregunté.

—No —respondió Rebecca—. Lo que te estamos diciendo es que acabamos de recordar dónde coño habíamos visto antes a Chloe Turner.

Ken negó lentamente con la cabeza, todavía procesándolo.

—Joder... Es que no puede ser la misma.

—Es la misma —insistió Rebecca.

—Qué puta casualidad.

—Yo no lo llamaría casualidad —murmuré.

—¿Tenéis pruebas de eso? —pregunté esperanzada.

Como era de esperar de esos dos, se miraron y una sonrisa maliciosa se apoderó de sus rostros.

Definitivamente, eran peligrosos cuando estaban juntos.

—Claro que tengo pruebas. Además, mensajes bastante íntimos —dijo Ken con orgullo—. Rebecca y yo nos echamos unas risas en su momento, pero la verdad es que, ahora que empiezo a atar cabos, esa tía quería otra exclusiva para conseguir que hablasen de ella —añadió con un suspiro.

—¿Pero será suficiente para desmentirla? ¿Para dejarla mal? —pregunté, dudosa.

—Créeme, Maya, el mundo de los ricos es una gran mierda pintada con purpurina —suspiró Ken.

—El salseo es prácticamente lo único que mueve su día a día —añadió Rebecca—. Si hubieras dicho que Chloe le dio una patada a un perro, la habrían funado en redes sociales y probablemente hasta vetado de algunas fiestas de gala.

Parpadeé varias veces.

—Es aterrador —dijo Avril.

—Dínoslo a nosotros —respondió Ken.

—Que venimos de ese tipo de ambiente —continuó Rebecca.

Los dos se miraron.

—Menos mal que nuestras familias no son así. Son bastante más humildes —dijeron prácticamente al mismo tiempo.

Hubo unos segundos de silencio.

Los observé a través de la pantalla.

Definitivamente, esos dos juntos daban miedo.

Seguimos hablando. Era lunes, así que todavía nos quedaba margen de tiempo, pero la conversación con Chloe debía ser cuanto antes.

Román hizo su propia investigación y consiguió averiguar dónde estaba. Al parecer, Chloe estaba fuera, pero regresaba ese mismo lunes. Le había mentido a Bratt, asegurándole que no volvería hasta el viernes, justo cuando tenía lugar la reunión con los patrocinadores.

La realidad era muy distinta.

Volvía antes.

—Vale, con esto vamos bien —dije con un suspiro.

—Esa pécora merece ser destruida —dijo Avril con determinación.

—Qué fina eres, ¿no, rayito de sol? —se burló Evan.

Avril sonrió.

—Por supuesto que sí. ¿Algún problema con eso? —preguntó con su habitual dulzura.

—En absoluto. —Se encogió de hombros con evidente indiferencia.

—Dios, me duelen los oídos de oírte. ¿No te han dicho que eres un gran conversador? —bromeó Avril.

Pude distinguir un ligero brillo de diversión en los ojos de Evan.

—Sí, me lo dicen.

Avril se rio y simplemente siguió conversando con los demás.

Avril se rio y simplemente siguió conversando con los demás

Román condujo hasta la casa de Chloe. Ya lo teníamos todo preparado, pero debíamos saber cómo ejecutarlo.

Román le había mandado un mensaje diciéndole que tenía que hablar con ella y Chloe, sin dudarlo, había accedido. Casi diría que hasta ilusionada.




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