Historias de la segunda casa de salud

Mabel

"Mabel"

Mabel era una mujer pendenciera, pero con ella funcionaba a la perfección el dicho de que "la música amansa a las fieras". Cada vez que la veía metida en alguna discusión, me acercaba y le decía:

—Mabel, vamos a cantar. Yo toco el piano.

Siempre añadía que me gustaba mucho escucharla cantar, lo cual era rigurosamente cierto. Al oírme, su rostro cambiaba por completo; se sentaba a mi lado y se ponía a tararear las melodías que yo tocaba. Tenía una facilidad asombrosa y las aprendía sumamente rápido. Sumergida en las notas, se olvidaba por completo de pelear.

Sin embargo, cuando la música se apagaba, volvía su carácter difícil. A veces, cuando estaba "mojada", me pedía que la cambiara, sin terminar de entender que yo no trabajaba en el lugar. Ante mi negativa, me miraba con cara de pollo mojado y me reprochaba:

—¿Y no me vas a ayudar?

Otras veces, simplemente protestaba enojada:

—¿Cuál es tu problema?

Un día llegué al comedor y el ambiente se cortaba con cuchillo. No había personal de enfermería a la vista, ya que estaban ocupados en los cuartos trayendo a los demás residentes para el almuerzo. Al verme, Mabel se me acercó muy seria y me dijo que estaba custodiando el lugar para que "ese hombre" no "tocara" a Siane, una chica joven que padecía parálisis cerebral.

De inmediato pensé que se refería a Michael, un señor que estaba cerca. Me acerqué a él y le pedí que viniera conmigo, pero me contestó, con la misma convicción, que él también estaba cuidando que el otro hombre no atacara a Siane. En medio de esa confusión de sospechas mutuas, Mabel tomó un cuchillo romo de la mesa —de esos que usan en la casa de salud, que no cortan ni la cáscara de una naranja— y comenzó a amenazar al supuesto agresor… ¡el cual también estaba en silla de ruedas y sin entender nada!

Cuando por fin llegó el personal con más residentes y vieron el revuelo, se llevaron a Mabel "castigada" a un comedor secundario para calmar los ánimos. Pero el correctivo no funcionó: ¡al ratito ya estaba de vuelta en el salón principal, como si nada hubiera pasado!

Otro día, ella y una amiga pasaron la tarde tratando de descifrar el misterio de mi vida familiar. Querían decidir si Doug era mi esposo o mi papá. Me lo preguntó varias veces y, por los gestos que hacía, se veía que no confiaba mucho en mi respuesta.

Mabel era, sin duda alguna, todo un personaje.




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