La máquina de elevación, el colchón bariátrico y el dolor de Doug
Cuando Doug finalmente recibió el alta para salir del hospital, aunque su estado general estaba algo mejor que en los meses de la primera casa de salud, seguía estando sumamente mal. Dormía casi todo el tiempo. Al principio, las autoridades médicas me explicaron que debían trasladarlo obligatoriamente a una casa de salud en lugar de mandarlo a nuestro hogar porque se requería el esfuerzo de al menos dos personas cualificadas para poder lidiar con él en el día a día. De hecho, las enfermeras tenían que utilizar una máquina elevadora especial para poder levantarlo de la cama.
Como Doug era un hombre muy grande —medía casi dos metros de altura y al comenzar todo este proceso pesaba alrededor de ciento cincuenta kilos—, la institución le asignó una habitación individual y una cama de plaza y media, equipada con un colchón bariátrico especial de unos treinta centímetros de altura, o tal vez más, diseñado para amortiguar su peso.
Sin embargo, como pasaba tantas horas sumido en el sueño profundo, casi no ingería alimentos. En resumen, adelgazó muchísimo en un período muy corto. Debido a esa drástica pérdida de peso, las autoridades decidieron que ya no requería esos cuidados especiales, por lo que casi enseguida lo trasladaron a un colchón común y corriente y lo mudaron a habitaciones compartidas.
Fue en esos días cuando tomé verdadera dimensión del sufrimiento físico que lo aquejaba. Una tarde, mientras estaba a su lado, se me cayó accidentalmente la tapita de una bebida. El objeto golpeó seca y levemente contra el metal de la estructura de la cama. Doug, que en ese instante se encontraba profundamente dormido, se despertó sobresaltado y pegando un grito de agonía desgarrador. ¡Y pensar que todo ocurrió por un ruido mínimo, a pesar del grosor y el aislamiento que se suponía que ofrecía el costoso colchón bariátrico! Ese día exacto comprendí con total lucidez la magnitud del dolor absoluto que él llevaba en su cuerpo.
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historias divertidas y tristes, enseñanzas de vida, infarto cerebral y sus consecuencias
Editado: 16.10.2026