Pero no sólo los pacientes sentían soledad. Yo era parte de ese ecosistema, había emigrado recientemente y no conocía a más gente que a Doug y a algunos de sus amigos, a los que había visto alguna vez.
No trabajaba por la situación, ni tampoco estudiaba, lo que me habría permitido conocer a otras personas adultas con las que hacerme amigos o, al menos, conocidos con los que pudiera salir de vez en cuando a tomar u cafe, a un restaurante, al cine, o simplemente, a caminar por ahí.
Estudiar ni siquiera se me pasó por la mente en ese momento. Para empezar, no tenia dinero. Y, para seguir, no tenía auto y todo era un problema. La falta de tiempo que me causaba tener que tomar ómnibus y lo malo que era el sistema de transporte público hacían que cualquier salida me llevara horas.
Y me preocupaba dejar la casa de salud para lo que fuera, aún para ir a dormir a mi casa.
En resumen, las únicas personas con las que me relacionaba eran los pacientes de la casa de salud, y casi todos eran como niños, o estaban demasiado enfermos como para que yo pudiera tener conversaciones adultas con ellos, o con los enfermeros, que estaban superados por su trabajo.
Con un par de ellos tenía algunas conversaciones, pero eran pocos y los intercambios del tipo que fuera eran muy esporádicos.
Antes del stroke, Doug había llenado mi vida. Con el resto del mundo me comunicaba por internet. Pero, desde el infarto cerebral (stroke, le llaman en EEUU al infarto cerebral o ACV), mi esposo dormía tanto, que a veces no se despertaba en absoluto en varios días. Tanto es así que, cuando estuvo en la primera casa de salud por 11 días, ¡él ni siquiera se enteró!
Yo deseaba que él pudiera ser como los demás residentes, que participaban de las actividades o, al menos, estaban despiertos a la hora de las comidas. ¡Doug se dormía incluso a la mitad de una frase! Era un sueño patológico, causado por el daño a su cerebro, y yo entendía que ese ógano lo necesitaba para sanar.
Pero entenderlo no es lo mismo que aceptarlo o estar feliz con eso. En resumen, yo me sentía muy sola en ese tiempo. Estaba rodeada de gente, pero pocas eran las personas con las que yo podía conversar.
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historias divertidas y tristes, enseñanzas de vida, infarto cerebral y sus consecuencias
Editado: 07.11.2026