Historias de la segunda casa de salud

El retorno de richard y las mudanzas

Unos pocos días más tarde, Richard determinó bajo su habitual soberbia que su nueva habitación tampoco era de su agrado.

Noté en los días previos sus movimientos en el pasillo en mi Mac aunque no sabía que se traía "bajo el poncho"

Su hijo lo paseaba pacientemente por varias salas del edificio hasta que el hombre terminó decidiéndose, de forma caprichosa, por regresar a la pieza que ocupaba antes. O sea, la nuestra...

Para cumplir su deseo, la administración hizo sacar a Doug sin siquiera consultarme o informarme, lo cual ya era un gran atrevimiento, para trasladarlo a otra habitación donde, afortunadamente y ya por fin, ya no escuchaba los golpes de Richard y los permanentes lamentos del hombre que gritaba HELP eran bastante menos audibles. Los detalles específicos de esa mudanza, que mi memoria había olvidado los encontré el 28 de diciembre de 2024 ¡en un email que enviado en aquel tiempo!

A esa altura de las circunstancias en la Casa de Salud, la mente analítica ya me estaba advirtiendo con total claridad que tenía que aprender a elegir mis batallas. Yo no podía estar litigando de forma constante por cada injusticia del camino y precisaba estrictamente guardar mis fuerzas y energía para cosas muchísimo más importantes en el cuidado de Doug.

Acto seguido, manteniendo mi rigor, pregunté a las autoridades por qué razón exacta lo estaban mudando otra vez de grilla.

¿Qué creen que me respondieron en el mostrador? Me salieron con la excusa de que el "pobre Richard" había estado esperando pacientemente por "su lugar" desde el instante exacto en que lo habían trasladado —¡a su propio pedido y por un capricho suyo personal!— a la pieza de al lado.

Así que, con total impunidad, el tal Richard hizo sacar a Doug de la habitación que mi esposo ocupaba legítimamente desde mucho antes de la aparición de ese señor en el establecimiento.

Y ahí estaba él, parado de forma desafiante en el pasillo, esperando con total frialdad a que las CNAs terminaran de vaciar el cuarto de Doug para ingresar. Se presentaba, por supuesto, armado de su inseparable vara, la misma que utilizaba de forma sistemática para golpear las estructuras rústicas cuando pretendía de forma necia que le prestaran atención; cosa que, de todas maneras, los ayudantes de enfermería no harían.

Analizando la balanza de los hechos, lo único verdaderamente bueno y rescatable que salió de aquella nueva mudanza fue que Doug ya no estaría ubicado en la habitación contigua a Richard, ni tampoco quedaría expuesto frente al bache dramático del paciente que gritaba HELP. La física del silencio jugó a nuestro favor.

Eventualmente, Richard desapareció de la clínica. Tal nuestra habitación tampoco fue de su agrado, no lo sé. Me pregunté un tiempo qué le habría pasado realmente, pero la realidad es que jamás lo extrañé.




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