Como parte de mis intentos por ayudar estimular las capacidades cognitiva de Doug, se me ocurrió comprarle una guitarra.
A pesar de no tener casi dinero en ese tiempo, hice un esfuerzo económico inmenso y compré una usada que me salió 100 dólares. Pensaba que eso iba a entusiasmar a Doug y a ayudarlo de forma directa en su lenta recuperación.
Él siempre me contaba que había sido músico en su juventud allá en el Norte, y parece ser, según los registros, que uno muy bueno en el tablero de las melodías. Eso mismo me dijeron con total cariño sus viejos compañeros de escuela de los Estados Unidos, con los que aún manteníamos un contacto fluido a través de emails, y que cabe destacar que me ayudaron muchísimo más en el peores momentos de crisis, cuando él se enfermó de gravedad, que mi propia familia.
Doug quedó verdaderamente encantado y con el fuero interno iluminado al verla en el cuarto de la casa de salud. Pero, claro, la realidad se impuso de un zarpazo: ¡resulta sumamente difícil tocar la guitarra cuando sólo se tiene una mano útil!
Esa guitarra, tiempo después, finalmente me la robó un amigo de mi hija en el living. Pero eso ya configura otra historia, una de la que tal vez me siente a hable otro día...
#1411 en Otros
#17 en No ficción
#208 en Relatos cortos
historias divertidas y tristes, enseñanzas de vida, infarto cerebral y sus consecuencias
Editado: 07.11.2026