Historias de la segunda casa de salud

Lupita

"Lupita"

Lupita era mexicana pero ya tenía tantos años en EEUU que hablaba una mezcolanza de idiomas. Decía tener unos 80 pero se la notaba lúcida, algo poco común en ese ambiente, donde cada uno tenía sus problemas. Era sencilla y muy amable. Yo la apreciaba mucho.

Un día le pregunté si tenía hijos, y me contestó que sí, que tenía 5 y que incluso vivían en la misma ciudad. "Me llaman y me dicen que la semana que viene van a venir. ¡Pero no vienen!", dijo. Se me encogió el corazón, y pensé en lo ingratos que podemos ser los hijos... De paso hice mea culpa por la parte que me cupo.

Pero, luego de muchos meses, la historia tuvo un final feliz. Vino uno de ellos y se la llevó a un restaurante mexicano donde estaba toda la familia. Lupita me contó que lloró mucho. Me sentí feliz por ella.

Algunos años después, cuando yo ya no iba más a ese lugar porque cambié a Doug a otra institución, una amiga mía, cuyo esposo era residente en la de Lupita, me comentó que ella había fallecido. Me dio tristeza, y pensé en lo oportuno que fue que por fin sus hijos hubieran decidido homenajearla.




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