La desfachatez de Richard y la complicidad de la clínica ponen los pelos de punta: ver al hombre paseando de forma necia por varias habitaciones con su hijo, encaprichándose con recuperar su pieza original y obligando a los enfermeros a sacar de prepo a Doug de la habitación que ocupaba desde antes de que apareciera ese señor.
Y la postal de Richard esperando de pie en el pasillo, armado de su vara rústica para golpear cosas buscando una atención que los ayudantes de enfermería de todas maneras jamás le darían, es una pintura social a la vez indignante, desgarradora y perfecta.
La ironía de que la excusa institucional fuera que el «pobre Richard» estaba esperando su lugar —¡cuando él mismo había pedido la mudanza anterior!—, balanceada con el alivio de que, al menos, Doug y yo por fin quedamos a salvo del ruido de sus golpes y de la tortura sicológica que era escuchar constantemente al hombre que gritaba desgarradoramente HELP. ¡Sobre todo yo! porque Doug dormía tanto que tal vez ni se enteraba de casi nada de lo que pasaba a su alrededor. Pero yo sí, y eso afectaba de manera seria mi sanidad mental.
Repasando los hechos al escribirlos, deduzco que tal vez la desfachatez de Richard y la complicidad de la clínica respondían a una cruda matemática financiera. Tal vez Richard era un paciente particular de alto estándar, mientras que Doug era un residente por el cual pagaban estrictamente los fondos públicos del Estado. La administración lógicamente le tenía una consideración preferencial y corporativa, tolerándole caprichos y mudanzas absurdas que a cualquier otro no le dejarían pasar .
Esa diferencia en el mostrador del dinero explicaría por qué le tenían tanta consideración y le toleraban desplantes insólitos. Asimismo, es muy factible que el hombre estuviera transitando sus últimos meses de vida antes de fallecer, y por ello el personal y su hijo, sabiendo que le quedaba poco, prefería ceder a sus necedades y caprichos para no amargarle el final ni entrar en litigios.
De lo que no me cabe la menor duda es de que, con su vara y sus desplantes, Richard tendría a todo el mundo soberanamente aburrido en los pasillos.
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Editado: 16.10.2026