Mientras más se acercaban al lugar seguro, más miedo tenía. Era ilógico, pero así lo sentía. Cada vez se le hacía más difícil mantener el control.
Tras usar repetidamente la magia, su fuerza vital se mejoraba, los golpes, heridas y fracturas apenas las sentía. Volvía a ser fuerte, pero también volvía él. Lo sintió desde el momento en que convirtió a Emil en ratón, ese pinchazo molesto que intentaba entrar en su cabeza.
Maude no tenía defensas, él podía entrar en cualquier momento y al parecer disfrutaba fastidiarla. De vez en cuando le susurraba que viniera a verlo, le decía que no era poderosa, él le prometía jamás volver a un calabozo. Ella respondía que no, que se callara de una vez. Lo mantuvo a raya la mayor parte del camino.
Su hermano se daba cuenta que algo no estaba bien con ella y le prometía que solo faltaba unas cuantas calles más. Es más, volvía su pequeño vigía.
Emil se sentó en una esquina y les indicó por gestos que había visto guardias, les señaló que lo siguieran. Godfrey murmuró algo sobre que al parecer se darían una vuelta. Su hermano la sujetaba de la mano y la animaba a continuar. En cuanto se giró, lo vio. Cassian la esperaba en la oscuridad, sonriéndole, invitándola a acercarse.
—¡No! Vete, no te seguiré—gritó, plantándose lejos de él. Sacudió su mano hasta que Godfrey la soltó y caminó tres pasos segura.
Su intención era verse poderosa y así mantener el control. Sintió las miradas extrañadas de Godfrey y Emil. Al parecer solo ella veía a Cassian. Movió sus dedos para formar un escudo, pero su hermano la tomó de la muñeca.
—Hey, tranquila. Ya mismo llegamos —dijo obligándola a bajar su mano. Maude negó con la cabeza.
Ese segundo de distracción hizo que Cassian desaparecieran. Maude de inmediato se giró para enfrentarlo. Sabía que aparecería tras de ella. No se equivocó.
Levantó su brazo para defenderse, pero ya era tarde. El mundo físico se desdibujó y el mundo brumoso de sus pesadillas la envolvió. Cassian apareció vestido de príncipe, su ropa negra perfectamente planchada, solo le faltaba una corona. Le tomó de las manos y con delicadeza la llevó bailando de un lado para otro. Maude no podía resistirse, él controlaba todo este nuevo mundo.
—Querida —dijo tras darle una última vuelta —. Al fin has llegado y yo que pensaba rescatarte…
Con solo decir eso, Maude recordó como estaba antes encadenada y al parecer el brujo también porque creó unos grilletes pesados alrededor de sus muñecas. La chica intentó liberarse, pero eran fuertes y muy resistentes, de alguna forma cada vez que los jalaba, ellos se anclaban más al suelo. Llegó a tal punto que era difícil mantenerse de pie.
—Demuéstrame como te escapaste.
La cadena era diferente, esta le dejaba libre las manos, Cassian quería que usara magia. Maude movió los dedos de su mano derecha y apuntó a la cadena de la izquierda, una bolita azul voló hacia la cadena y apenas la tocó explotó. Lo malo es que lo hizo con todo y ella.
Mientras rodaba por el piso escuchaba la carcajada de Cassian. Era irónico como ella no podía ver el suelo, pero definitivamente lo sentía. Cuando se incorporó su brazo estaba raspado.
—Vaya tonta que eres —dijo Cassian apareciendo frente a ella —. Si no te hubiera protegido te habrías arrancado el brazo —. Te estoy prometiendo poder —añadió —. Serás capaz de librarte de cualquier cadena y…
—¡No me importa! —gritó ella con todas sus fuerzas —. Prefiero ser mil veces esclava de los humanos que tuya.
Apenas lo dijo, la nariz arrogante de Cassian se arrugó y chasqueó los dedos. De nuevo, pesadas cadenas abrazaron sus muñecas. Sus rodillas no aguantaron el peso y cayó de rodillas. Sin embargo, mantenía la mirada fija hacia su torturados. Sin importarle que cada fibra de su ser le gritara que huyera.
—Mira abajo —dijo Cassian.
Maude no quiso hacerlo, pero escuchó la voz de su hermano. Cuando bajó la vista se encontró con un escenario diferente, uno donde su cuerpo no era más que la carcasa de alguien más. Se movía y caminaba sin su alma, ya que ella estaba ahí afuera, atrapada. Godfrey intentaba detenerla, pero su cuerpo actuaba como enloquecido. Golpeaba y gritaba, incluso unos hechizos se formaban en sus dedos para desaparecer segundos después.
—¿Me estás controlando? —preguntó en un susurro. Por más que lo pensara no podía detener su cuerpo. Ella había sentido muchas veces el miedo, pero cada vez le sorprendía más. Siempre alcanzaba nuevas formas de horror y verse a sí misma como una muñeca violenta la destrozaba.
Cassian comenzó a reírse y su risa se convirtió en carcajada. Maude no podía creerlo. En unos minutos, él la había controlado y ni siquiera se había dado cuenta. Las lágrimas cayeron por sí solas. Resistirse parecía ya no tener sentido.
—Oh, querida —dijo él agachándose a su lado y limpiándole las lágrimas —¿No creíste de verdad que podrías escapar de mí?
¿Escapar? Hace unas horas no lo dudaba, pero ahora sus miedos se habían confirmado, el mundo no era suficiente grande para esconderla. Ella ya era su esclava.
Atendiendo al exterior vio como su hermano intentaba sujetarla, su rostro desencajado por la desesperación, Emil intentando escapar de sus pisadas, subiéndose desesperado por una de sus piernas.
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Editado: 23.08.2026