Capítulo 10
Seattle, 2019
POV Alexander Blackwood
Eran casi las 5:00 pm
Tomé la carpeta de un caso corporativo y volví a leerla.
Esta vez escuché el sonido de una silla moviéndose al otro lado del cristal.
No levanté la mirada de inmediato.
—¿Dónde está la declaración de la segunda reunión? —preguntó uno de los asociados.
—En el anexo tres —respondió Harper.
—No la encuentro.
—La versión que le entregaron está incompleta. La declaración fue archivada después del contrato principal porque se incorporó como evidencia complementaria.
—¿Y cómo sabes eso?
—La fecha de recepción aparece en el sello de la esquina superior. También está mencionada en la nota al pie de la página nueve.
Hubo un silencio breve.
—Tienes razón —admitió el asociado—. Gracias.
No era una conversación importante. Cualquier asistente competente habría podido localizar un documento. Sin embargo, Harper no se había limitado a buscar en el lugar más evidente. Había leído el expediente completo y recordaba un detalle que otros habían pasado por alto.
Volví a mirar a través del cristal.
Ella había regresado a su trabajo como si nada hubiera ocurrido.
No parecía interesada en demostrar que tenía razón. Solo quería que el documento apareciera.
A media mañana, uno de los asociados más jóvenes, Daniel Carter, se acercó a su escritorio con una pila de carpetas.
—La señorita Ellis dijo que puedes comenzar con estas —le informó.
Harper levantó la mirada.
—¿Todas?
—Son revisiones preliminares. No tienes que leer cada página en detalle.
—¿Qué necesitas exactamente?
Daniel pareció sorprendido por la pregunta.
—Una lista de los puntos importantes.
—Eso puede significar cosas diferentes.
—Los puntos importantes.
—¿Fechas, contradicciones, declaraciones relevantes o posibles riesgos procesales?
Daniel la observó durante unos segundos.
—Todo eso.
—Entonces necesitaré más tiempo.
—No tienes que complicarlo.
—No lo estoy complicando. Estoy intentando saber qué esperas recibir.
El asociado dejó las carpetas sobre su escritorio.
—Haz lo que puedas.
Harper no discutió. Esperó a que él se alejara y luego comenzó a organizar los documentos por fechas.
No era mi intención escuchar la conversación. La oficina tenía paredes de cristal y el sonido se desplazaba con facilidad entre los escritorios. Aun así, no pude evitar notar que Harper no se había dejado intimidar por la actitud de Daniel.
Tampoco había respondido con arrogancia.
Había pedido instrucciones claras.
Eso era más de lo que podía decir de varios abogados que trabajaban en la firma.
La jornada avanzó entre llamadas, reuniones y el ruido constante de los documentos que cambiaban de manos. Harper apenas se movió de su escritorio. Solo se levantó para consultar una referencia con el equipo de investigación y regresó con varios libros bajo el brazo.
No conversaba más de lo necesario.
No utilizaba el teléfono para distraerse.
No parecía interesada en impresionar a nadie.
A la hora del almuerzo, continuó trabajando hasta que Margaret dejó un sándwich frente a ella. Harper intentó rechazarlo, pero mi asistente cruzó los brazos y no se movió hasta que la obligó a comer.
La escena me produjo una reacción inesperada.
No era la primera vez que Margaret tenía que recordarle a un empleado que los abogados también necesitaban alimentarse. Pero Harper aceptó el sándwich con una expresión de incomodidad, como si incluso recibir comida fuera algo que debiera justificar.
Bajé la mirada hacia el documento que tenía delante.
No necesitaba saber nada más sobre ella.
No era relevante.
Al final de la jornada, Harper entregó el informe a Margaret. No entró en mi oficina ni preguntó por mí. Se limitó a dejar la carpeta sobre el escritorio de mi asistente y escuchar las observaciones que ella le hizo.
—Esta parte necesita una explicación más clara —dijo Margaret—. La jurisprudencia que incluiste es correcta, pero debes explicar por qué resulta relevante para el caso.
—¿Así estaría mejor? —preguntó Harper.
—Sí. Corrige el párrafo y vuelve a entregármelo.
Harper se sentó de nuevo en su escritorio.
Yo seguía en mi oficina, detrás del cristal, sin que ella pudiera verme desde donde estaba. No sabía por qué permanecía observándola. Había asuntos más importantes que revisar y una negociación pendiente que exigía mi atención.