Amar con cicatrices

Capítulo 15

Marcel permanecía de pie junto a la puerta que acababa de cerrar, con la chaqueta del traje colgada del hombro izquierdo y la corbata gris perlada suelta sobre el cuello de la camisa, cuyo primer botón estaba desabrochado. El sudor le bajaba por la sien izquierda hasta la mandíbula y él no se lo limpió. Sus ojos estaban fijos en Eliza, que seguía sentada en la silla de madera con el bolígrafo de plástico azul entre los dedos, detenido sobre el formulario donde había escrito su nombre con una caligrafía que todavía le resultaba poco familiar.

Ella levantó un poco más la cabeza y lo miró. La luz que entraba por la ventana del patio iluminaba su rostro. Parpadeó dos veces. Sus ojos recorrieron la mandíbula de Marcel, la camisa arrugada, los gemelos sueltos y finalmente sus manos, que permanecían a los costados del cuerpo con los dedos ligeramente separados.

Frederico, de pie junto a la puerta con los brazos cruzados, observó a ambos. Vio cómo los ojos de Eliza se dirigían hacia Marcel y cómo sus dedos se apretaban alrededor del bolígrafo azul.

Tosió una vez para romper el silencio.

- “El trámite inicial está completo”, dijo Frederico.

Doña Concepción giró la cabeza hacia él. Sus manos artríticas permanecían juntas sobre el regazo.

Marcel no se movió. Su respiración, que había sido irregular desde que cruzó el umbral, se detuvo durante un instante. La gota de sudor llegó a la comisura de sus labios.

- “¿Qué quiere decir con «completo»?”, preguntó Concepción, sin apartar los ojos de Eliza.

Frederico se separó de la pared y dio dos pasos hacia la mesa. Sacó una carpeta de cartón manila del extremo derecho, donde las etiquetas estaban ordenadas por fechas, y la abrió.

Dentro había tres hojas: un formulario con el escudo de la República Federativa de Brasil, una fotocopia de una huella dactilar tomada con tinta sobre papel y una tarjeta con el sello azul del Ministerio de Justicia y la Policía Federal.

- “Quiere decir que la solicitud de residencia humanitaria ha sido procesada y aprobada de forma provisional”, explicó Frederico. “Eliza ya está registrada en el sistema. Tiene su número de CPF emitido y su Registro Nacional Migratorio en trámite. (Hizo una pausa y miró a Eliza) Legalmente, ya tienes residencia en Brasil. Ya existes para el Estado”.

Eliza permaneció inmóvil durante unos segundos. Después miró el formulario. Luego las tres hojas dentro de la carpeta y finalmente el sello azul. Su mano izquierda se acercó a la mesa y tocó el documento con las yemas de los dedos. Entonces sonrió.

La sonrisa apareció lentamente. Primero se levantó ligeramente una comisura y después la otra. Sus ojos cambiaron y sus hombros se relajaron. Se enderezó en la silla.

Doña Concepción soltó el aire lentamente y observó a Eliza, quien giró hacia Marcel. Sus ojos se detuvieron en él.

- “Marcel”, dijo Eliza.

No era una pregunta. Era la primera vez que pronunciaba su nombre desde que él había entrado en la sala.

Marcel tragó saliva. El nudo de la corbata Windsor le resultaba incómodo. Se quitó la chaqueta del hombro izquierdo y la dejó sobre el respaldo de una silla vacía.

- “Estás aquí”, dijo Eliza.

- “Estoy aquí’, respondió Marcel. Su voz salió más baja de lo habitual.

Eliza se puso de pie. La silla se deslizó hacia atrás sobre el suelo de baldosa. Dio un paso hacia Marcel y después otro. Se detuvo a medio metro de él.

Lo miró desde abajo. Era más baja que Marcel por casi una cabeza. La cicatriz de su cuello quedó expuesta bajo la luz de la ventana. Marcel la reconoció inmediatamente, él mismo había realizado aquella incisión en la clínica Oliveira durante la reconstrucción de su rostro.

- “Tenemos que celebrar”, dijo Eliza.

Marcel la miró durante unos segundos. Después dirigió la vista hacia el formulario que había quedado sobre la mesa.

- “Sí”, respondió Marcel. “Tenemos que celebrar”.

Doña Concepción se acomodó en su silla.

- “Primero siéntense. Tenemos muchas cosas de qué hablar”, expresó la anciana.

Frederico cerró la carpeta manila y la guardó en la estantería.

- “El documento físico del CPF y la tarjeta de residente llegarán en unos días. El resto de los trámites pueden esperar”, dijo Frederico. Se volvió hacia Marcel y después hacia Eliza. “Ahora tienen tiempo para hablar”.

Salió de la sala cerrando la puerta con discreción. Concepción esperó a que se escucharan sus pasos alejarse y miró a Marcel.

- “Bueno, muchacho”, dijo Concepción. “Después de ocho meses trabajando con ella, y verla después de algunas semanas, supongo que tienes algunas preguntas”.

Marcel miró a Eliza. Ella seguía frente a él.

- “Sí”, respondió Marcel. “Tengo muchas”.

Eliza sostuvo su mirada.

- “Yo también”, dijo ella.

Durante unos segundos ninguno dijo nada. Desde que había entrado en la sala, Marcel había dejado de pensar en Larissa, en la fiesta de compromiso del día siguiente y en todo lo que había dejado pendiente. Solo miraba a Eliza, y ella estaba allí.




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