Dos Casas Más Allá

20. La otra mesa

La invitación llegó un martes en la noche.

Aurora estaba sentada en el suelo de Entreluz, intentando decidir si una combinación de mostaza, rosado viejo y verde oscuro era preciosa o un crimen textil, cuando Fernando escribió:

—Mi mamá quiere invitarnos a almorzar el domingo.

Aurora sonrió.

—¿“Nos” quiénes?

—Todos.

Eso podía significar cualquier cosa.

—Define todos.

Fernando tardó un poco en responder.

—Nosotros. Los niños. Claudia. Sebastián. Mis papás.

Aurora miró las fibras desparramadas a su alrededor.

—Eso no es todos. Eso es una reunión de directorio.

—Ricardo probablemente tendrá preguntas.

Aurora dejó caer la cabeza hacia atrás.

—NO VOY.

La respuesta llegó inmediatamente.

—Te aviso que ya le contó a mi mamá que quiere preguntarte cómo va Entreluz.

—MENOS VOY.

Fernando propuso fingir una intoxicación familiar muy contagiosa y Aurora terminó riéndose justo cuando Víctor pasó por el living.

—¿Qué?

—Almuerzo con la familia de Fernando.

—Ah.

Siguió caminando con una tranquilidad que a Aurora le pareció sospechosa.

—¿Eso te da risa?

Víctor retrocedió un paso.

—¿Estará su papá?

—Sí.

—Suerte.

—¡Víctor!

—¿Qué? Te va a preguntar cuánto ganas.

—¡Cállate!

Víctor desapareció antes de que pudiera lanzarle algo. El teléfono vibró otra vez.

—¿Entonces?

Aurora miró las fibras.

—Vamos.

Fernando respondió con un corazón y, unos segundos después:

—No necesitas demostrarle nada a nadie.

Aurora frunció el ceño.

—No pensaba hacerlo.

—Excelente.

Dejó el teléfono.

—Conchetumadre.

Ahora sí pensaba hacerlo.

El domingo se cambió de ropa cuatro veces.

Víctor apareció en la puerta de su pieza cuando ya llevaba la cuarta combinación y la observó a través del espejo.

—La tercera.

—¿Qué?

—Era mejor.

Aurora bajó la vista hacia el pantalón impecable, la blusa y la chaqueta que acababa de ponerse.

—¿Por qué?

—Porque esta parece que vas a presentar Entreluz a inversionistas.

Mierda.

—¿Y la tercera?

—Parecías tú.

Aurora se volvió hacia él.

—Otra vez con esa hueá.

—Porque funciona.

Cinco minutos después salió con la tercera opción. Víctor levantó el pulgar.

—Esa.

—¿Por qué eres tan insoportable?

—Genética.

—No me parece.

—Entonces crianza.

Peor.

Fernando llegó poco después con Martina y Lucas. Tocó el timbre y Enrique salió disparado antes de que Aurora alcanzara a detenerlo.

—¡Fernando! Mi mamá se cambió cuatro veces.

—¡Enrique!

Fernando entró sonriendo.

—Información valiosa.

Aurora apareció desde el pasillo y él se quedó mirándola un momento.

—Hola.

—Hola.

—Te ves…

Víctor asomó la cabeza desde atrás. Fernando lo vio y corrigió inmediatamente:

—Tú.

Víctor levantó ambas manos.

—¡Gracias!

—Los odio —dijo Aurora.

Martina rio.

—Mi papá también se cambió.

Fernando giró hacia ella.

—Martina.

—Dos veces.

—Una.

—Dos.

Aurora sonrió.

—Información valiosa.

La casa de Elena y Ricardo ya olía a comida cuando llegaron. Elena abrió antes de que tocaran y los hizo pasar entre abrazos, besos y la inmediata constatación de que Fernando, a su juicio, estaba demasiado flaco.




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