Dos Casas Más Allá

29. El directorio de El Templo del Alma

El correo de Fundación Trama llegó un martes a las once y treinta y siete de la mañana.

Aurora estaba explicando algo en la pizarra cuando sintió vibrar el teléfono dentro del bolsillo. No lo miró. Había aprendido, con un esfuerzo considerable, que el mundo podía enviar correos sin que ella tuviera que interrumpir inmediatamente lo que estaba haciendo para leerlos.

Duró seis minutos.

Cuando sus estudiantes comenzaron una actividad, sacó el teléfono.

Fundación Trama — Resultado proceso de selección.

Lo volvió a guardar.

No.

Ni cagando.

No iba a abrir eso frente a treinta adolescentes capaces de presenciar un colapso nervioso y convertirlo en material de curso durante el resto del año.

Terminó la clase, esperó que salieran, borró la pizarra y ordenó dos papeles que no necesitaban orden. Después cerró la puerta.

Recién entonces se sentó.

Abrió el correo.

Leyó la primera línea.

Después la segunda.

Volvió a la primera.

Estimada Aurora:

Nos alegra informarte que tu propuesta ha sido seleccionada para avanzar a la etapa de desarrollo y ejecución de la instalación textil comunitaria…

Aurora dejó el teléfono sobre el escritorio.

Se levantó, caminó hasta la ventana y volvió.

Tomó el teléfono.

La frase seguía ahí.

Ha sido seleccionada.

—Conchetumadre.

Esta vez no había nadie en la sala para preguntar qué pasaba.

Mejor.

Leyó el correo completo.

Habían seleccionado su propuesta.

La suya.

No era una invitación a conversar ni una posibilidad remota. Querían hacerla. Esa cosa enorme que todavía existía solamente en dibujos y palabras tendría que convertirse en una obra real: seis metros por cuatro, talleres comunitarios, presupuesto, montaje y meses de trabajo hasta ocupar un espacio en Barrio Yungay.

Aurora apoyó el teléfono sobre la mesa.

La alegría llegó primero.

Brutal.

Una descarga caliente desde el estómago hasta la garganta. Se tapó la boca y rio sola.

Después llegó el miedo.

Con una eficiencia admirable.

—Ah, hueón.

Se sentó otra vez.

Leyó el correo por tercera vez.

Había una reunión de coordinación la semana siguiente y debía confirmar la aceptación dentro de cinco días.

Cinco.

No respondió.

Otra pequeña victoria.

El grupo de WhatsApp recibió la noticia diecisiete minutos después.

Aurora había mejorado.

No tanto.

—QUEDÉ.

Paula respondió primero.

—¿QUÉ?

Alejandra:

—¿EN QUÉ?

Andrea:

—YO SABÍA.

Aurora:

—NO SABÍAS NADA.

Andrea:

—Energéticamente sí.

Claudia:

—TRAMA????

Aurora:

—SÍ.

El teléfono explotó.

Alejandra mandó siete audios, Paula exigió alcohol, Andrea envió una fotografía de una carta de tarot que Aurora no alcanzó a mirar y Claudia escribió:

—NO CONTESTES EL CORREO TODAVÍA.

Aurora:

—NO HE CONTESTADO.

Claudia:

—Estoy orgullosa.

Eso la hizo llorar.

Un poco.

En el baño.

Otra vez.

Parecía que Entreluz iba a obligarla a conocer todos los baños disponibles de su lugar de trabajo.

Fernando se enteró por Aurora.

No por Claudia.

Ese detalle le importó.

Esperó hasta salir del colegio y lo llamó desde el auto.

—Hola —respondió él.

—Hola.

—¿Todo bien?

Aurora sonrió.

—Sí.

—Tienes voz.

—Cállate.




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