Dos Casas Más Allá

35. El comité nupcial que no existía

La planificación del matrimonio comenzó doce horas después de la propuesta.

A las nueve de la mañana del jueves, Alejandra tocó el timbre de El Templo cargando una carpeta.

Al menos había aprendido algo.

Aurora abrió la puerta, miró la carpeta y dijo:

—No.

—Ni siquiera he entrado.

—Veo la carpeta.

—Es planificación preliminar.

—Nos comprometimos anoche.

—Exactamente. Perdieron ocho horas durmiendo.

Detrás de ella apareció Paula con un computador bajo el brazo y dos cafés. Andrea venía unos pasos más atrás con la piedra dorada, una bolsa de velas y una expresión de absoluta impunidad espiritual.

Aurora cerró los ojos.

—¿Por qué trajiste todo eso?

—Primera reunión del comité nupcial.

—No existe un comité nupcial.

Víctor asomó la cabeza desde el pasillo.

—Llegaron temprano.

Aurora giró hacia él.

—¿Tú sabías?

—Estoy en el grupo de coordinación.

—¿CUÁNTOS GRUPOS EXISTEN?

Alejandra comenzó a contar con los dedos.

—Operación Pan Caliente, Tratado de Paz, Comisión Bicameral, Boda…

—¡DISUELVAN TODOS!

Fernando apareció detrás de Aurora con una taza de café.

La manada guardó silencio, lo miró a él, después a Aurora y nuevamente a él.

—¿Qué? —preguntó Fernando.

Paula sonrió.

—Nada.

Aurora señaló la puerta.

—Entren antes de que los vecinos crean que abrimos una secta.

Andrea levantó la piedra.

—Técnicamente…

—No termines esa frase.

A las nueve y veintidós llegó Claudia.

Tocó.

Aurora abrió y Claudia levantó una bolsa con medialunas.

—Vengo como hermana del novio, amiga de la novia y representante del sector que todavía conserva alguna función ejecutiva cerebral.

Aurora la abrazó.

—Te necesito.

—Lo supuse cuando Fernando escribió a las siete de la mañana: Ayuda.

Desde el living él protestó:

—No puse solo eso.

Claudia entró.

—Pusiste: Ayuda. Se activaron.

Alejandra se ofendió.

—No somos una enfermedad.

Sebastián apareció detrás de Claudia cargando un metro, una libreta y una caja de herramientas.

Aurora lo miró.

—¿Por qué traes herramientas?

—Claudia dijo boda.

—¿Y?

—En esta familia eventualmente alguien me pide construir algo.

—Todavía no hemos decidido nada.

—Por eso no traje madera.

Fernando levantó su taza hacia él.

—Gracias.

—De nada.

Aurora los miró a ambos.

—Son enfermos.

—Pero útiles —dijo Sebastián.

—Ese es precisamente el problema de esta familia.

La primera reunión del comité nupcial que oficialmente no existía comenzó a las nueve y treinta y cinco.

Paula abrió una planilla.

Aurora señaló el computador.

—No quiero saber qué hay ahí.

—Presupuesto preliminar.

—No tenemos fecha.

—Por eso es preliminar.

Alejandra abrió su carpeta. Tenía separadores para ceremonia, comida, invitados, música y contingencias.

Aurora tomó la carpeta.

—¿Qué chucha puede ser una contingencia matrimonial?

—Lluvia.

—Ya.

—Niños enfermos.

—Bien.

—Exes conflictivos.

Camila no era un problema y Alejandra lo sabía.

Aurora la miró.

—Eso lo pusiste para llenar espacio.

—Quizás.

—¿Qué más?

—Andrea.

Andrea levantó la cabeza.

—¿Por qué soy una contingencia?

—Porque nadie sabe qué puedes hacer con velas después de dos copas.

Sebastián tomó un café.




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