Dos Casas Más Allá

23. Tratado de paz y pan caliente

La idea fue de Alejandra.

Por supuesto.

Aurora lo supo porque recibió un mensaje un jueves a las once y veintisiete de la mañana.

—El sábado podríamos hacer algo chico en tu casa.

Había aprendido a desconfiar de la palabra chico. Fernando la usaba mal y, al parecer, Alejandra también.

—Define chico.

—Nosotras.

Aurora esperó.

—Los niños.

Siguió esperando.

—Fernando obvio.

Todavía no respondió.

—Y podríamos invitar a sus amigos.

Aurora dejó el teléfono sobre el escritorio.

No.

Lo recogió otra vez.

—¿Por qué?

Alejandra respondió:

—Porque no los conocemos.

—Precisamente.

—Y ellos tampoco nos conocen.

—ESTÁS REFORZANDO MI PUNTO.

Paula intervino:

—Yo apoyo.

Andrea:

—Puede ser interesante.

Aurora escribió:

—Cuando Andrea dice “interesante” siempre termina pasando una hueá.

Andrea respondió con un corazón.

Alejandra continuó:

—Además, si Fernando va a seguir existiendo, eventualmente tendremos que conocer a su gente.

Aurora miró la pantalla.

— “Si Fernando va a seguir existiendo” suena a amenaza.

Paula:

—Depende de él.

Andrea:

—Y de sus decisiones.

Alejandra:

—Entonces sábado.

Aurora ni siquiera había dicho que sí.

A las once y treinta y cuatro llegó un mensaje privado de Fernando.

—Andrés me preguntó si es verdad que el sábado hay un asado en tu casa.

Aurora cerró los ojos.

—Yo me acabo de enterar.

—Ah.

—

Fernando tardó.

—Gonzalo.

—¿Y CÓMO SABE GONZALO?

—No sé.

Aurora sabía perfectamente.

Volvió al grupo.

—ALEJANDRA.

La respuesta fue inmediata.

—💖

—Conchetumadre.

El sábado, a las once de la mañana, Aurora todavía creía que podía contar a los invitados. Estaban ella, Fernando, Víctor, Enrique, Martina, Lucas, Alejandra y sus hijos, Paula con los suyos, Andrea, Andrés, Laura, Gonzalo y Felipe.

Dieciocho.

Manejable.

La ilusión duró exactamente doce minutos. Claudia escribió que Fernando le había contado y preguntó si podía pasar un rato. Sebastián tenía que dejarle algo, así que vendría con ella. Camila iba a buscar a Martina y Lucas cerca de las nueve, pero Claudia la agregó al grupo temporal del asado y Alejandra decidió, sin consultar a nadie, que era absurdo que llegara justo cuando todos estaban terminando, así que mejor viniera antes y comiera algo.

Cuando Elena supo que estaban reunidos, anunció que pasaría a dejar una ensalada.

Aurora dejó de contar

Fernando estaba en el patio intentando mover una mesa cuando Aurora apareció en la puerta.

—Fernando.

—¿Qué?

—¿Cuánta gente cabe en mi casa?

Él miró alrededor, evaluando el espacio.

—¿Sentada?

—Mala respuesta.

—Depende.

—Peor.

Fernando soltó la mesa.

—¿Cuántos somos?

—No quiero hablar de eso.

—Entonces estamos bien.

Aurora lo miró.

—Tu mamá viene.

—Ah.

—Sebastián también.

—Bueno.

—Camila probablemente se queda a comer.

Fernando parpadeó.

—¿Quién organizó esto?

—Alejandra.

—Ah.

Eso pareció explicarlo todo.

Víctor pasó junto a ellos cargando una silla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.