—Perspectiva de Rury—
—N-Nit, creo que no me siento bien. —Puse mi mano en mi cabeza.
El dolor era insoportable. Después de que la vampira drenara mi sangre y energía, no pude concentrarme en la plática; escuchaba las voces de Nit y Antonella como si estuvieran distorsionadas por algo.
—Oye, más vale que le devuelvas su fuerza. —Nit se puso frente a Antonella, encarándola—. Ella ha tenido unos días difíciles y necesita descansar; si es posible, devuélvele su energía.
Antonella adoptó una postura sumisa, con la cabeza mirando hacia el suelo.
—T-tú no eres mi papá, no me des órdenes, ¿vale?
—Soy alguien pacífico y poco problemático, pero... —Los brazos de Nit envolvieron mi cintura, atrayendo mi cuerpo al suyo como si me estuviera protegiendo—, no puedo permitir que alguien que ha pasado por un infierno hace apenas unos días tenga que pasar malos ratos, aun cuando la estoy protegiendo.
«Esto no me incomoda en lo absoluto, pero... me siento avergonzada».
Dejé que mi cuerpo cediera un poco y me recargué en el pecho de Nit.
—Bien dicho, Nit —dije, mientras observaba a Antonella con un tono burlón.
Sin embargo, Antonella tenía una expresión distinta a la que esperaba; estaba entre sorprendida e inquieta.
—¡Ohhh, entiendo! Cómo pude ser tan tonta. —Antonella se dio una palmada en la cabeza—. Ustedes son amantes que salen de aventuras. Lo lamento mucho, caballero, enseguida le entregaré la energía a la elfa para que puedan... digo, continuar con sus cositas de pareja, jejeje. —Una risita salió de la boca de Antonella.
—¿Qué coño dices? —Nit y yo respondimos al mismo tiempo con tono inexpresivo.
—¿Qué no son pareja? Cualquiera que los viera en esta situación no dudaría que lo fueran.
—No le des tantas vueltas al asunto, ¿qué es lo que realmente sucedió aquí? —Nit señaló en dirección al carruaje destruido y la ropa tirada—. ¿Venías acompañada?
Antonella se dio media vuelta, dándonos la espalda.
—Venía sola. Lo del carruaje fue porque un pequeño jabalí de tres metros chocó contra él —Antonella giró de manera violenta y extendió sus brazos—, y de ahí salí volando hasta esa piedra donde estaba oculta.
—No te creo. —Nit seguía sin ceder.
—Es la verdad, no tengo por qué mentir. Yo solo iba al Reino de Singar para... buscar algo importante para mí.
—Aghhh, bueno, como sea. ¿Conoces algún sitio seguro al cual podamos ir? —Nit preguntó algo disgustado.
—Mmmm... me parece que hay un puesto fronterizo antes de llegar a territorio vampiro. —Antonella puso una mano en la barbilla—. Como sea, vamos. Tengo que ir a reportar este incidente y pedir que me den una carreta nueva para irme. Síganme.
Antonella comenzó a caminar en dirección al bosque que estaba detrás de ella.
—¿Ya te sientes mejor? —La mano de Nit estaba sobre mi cabeza.
—Sí, ya me encuentro algo mejor. Gracias por preocuparte. —Le esbocé una sonrisa genuina.
Nit se quedó parado unos segundos, después quitó su mano de mi cabeza y se dirigió hacia donde estaba Antonella.
—Estoy aliviado. Estaría demasiado frustrado de tenerte en muy mal estado.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro.
«Aún no entiendo la personalidad de Nit; sin embargo, estos pequeños detalles, por alguna razón, hacen que me sienta feliz. Lo único malo... ya debería quitarse ese casco para poder ver las expresiones que hace».
Dos horas después...
—Es justo aquí. —Antonella señaló una zona enorme y bien estructurada.
—¿Esto es un puesto fronterizo? —Mi expresión era de sorpresa—. Tengo una imagen algo diferente de lo que debería ser uno de esos.
—Pues sí. Justo está diseñado así para que mis compatriotas, o bueno, mi gente, se sienta orgullosa de sus raíces de nobleza.
—Qué interesante —exclamó Nit.
—Muy bien, en marcha, busquemos algo de comer y después a descansar. —Antonella, feliz, caminaba en medio de la calle del lugar.
—Oye, ¿en serio eres una vampira? —pregunté algo curiosa.
—Al cien por ciento. ¿Por qué la pregunta?
—Es que... cómo decirlo, estás en el sol y aún no te quemas ni te conviertes en cenizas. —Ladeé la cabeza con duda.
—E-es una larga historia. En resumen, uno de nuestros ancestros veía como una debilidad en todos los vampiros el hecho de que el sol nos debilitara y causara daño. Por ello, dio su vida por el estudio hasta que por fin logró una vacuna para hacer que todos los vampiros fuéramos no inmunes, sino tolerantes a la exposición de la luz solar. Obvio, los debuffs seguirán, pero el sol ya no nos daña —explicó Antonella mientras se acercaba a un puesto de comida.
—No hay que desaprovechar esta oportunidad, ¿no crees? —susurró Nit a mi oído.
—¿Por qué lo dices? —le susurré también.
—Tu maldición... es posible que aquí haya alguien que pueda ser capaz de ayudarte, al menos a controlarla de manera eficaz.
—El único inconveniente sería... que me ayudaran. —Volteé a ver a Nit—. Necesitaré mucha ayuda de tu parte. Siempre me ha funcionado el hecho de ayudar a la gente en problemas, y a veces me hacen favores por salvarlos; podríamos hacer eso para aumentar la confianza.
—Es cierto, eso podría funcionar. La cuestión sería si en verdad el Reino Vampiro tiene peligros. —Nit señaló en dirección a un parque.
La escena ahí era una riña entre dos magos. El desastre en el lugar era inminente, puesto que cada vez estaban aumentando el nivel del hechizo; sin embargo, antes de que subieran a nivel intermedio, dos guardias disiparon la energía de ambos y los sometieron en segundos.
—Mmm, tienes razón. Al parecer, aquí los guardias sí hacen su trabajo de manera correcta, pero es probable que solo sea aquí, ¿no? —seguía siendo optimista.
—Veo que sigues muy optimista. —Nit me dio una palmadita en la espalda—. Ven, vamos a comer.
«Qué reconfortante es esto. Puede parecer un tipo intimidante a primera vista; sin embargo, tiene un corazón muy noble. Está tratando de hacerme sentir bien y evitar que piense en las cosas que me pasaron hace unos días».