Los Jinetes De Los Cielos: El Origen

Capítulo 42

Todo sucedió cuando estaba en medio de una de las peores partidas que había tenido que jugar en toda mi existencia: Mis cuatros fichas estaban eliminadas, los demás estaban acercándose cada vez más a la línea de meta y yo no tenía suerte con ninguna de mis tiradas.

Así que cuando Sylion me interrumpió en un momento inoportuno, justo cuando me disponía a tirar los dados, no sentí la más mínima molestia por su acción ya que hacía mucho tiempo que consideraba esta partida como una causa pérdida. Por lo que era mejor escuchar lo que tenía que decir para poder distraerme un poco de mis desgracias.

—Sabes, la nueva regla que agregaste me gusta mucho —comentó Sylion con una suave voz y mirada alegre una vez que comprobó que mi atención estaba centrada en él.

—Ah, ¿sí? Me alegra muchísimo que te haya gustado —respondí, esforzándome por mantener fuera el sarcasmo en mi voz, no quería que se me notara el resentimiento de haber perdido tantas partidas.

Su comentario casual y sin nada sustancial para aportar, hicieron que los demás jugadores, que todavía esperaban ansiosos su turno, le dedicaran a Sylion una de esas miradas en las que le indicaban de una forma no tan indirecta de la molestia que estaba siendo en ese momento.

Estaba claro para todos que su interrupción a mi lanzamiento de dados no era bienvenida y carecía de tacto.

Él, ignorando por completo esas miradas punzantes, continuó con alegría:

—Sí, es una excelente forma de despertar el espíritu competitivo de los jóvenes y estimular su imaginación. ¿Te importaría si utilizo este juego con los estudiantes de la Academia Imperial?

—Claro, ¿por qué no? Todo sea para la educación de los jóvenes —respondí con indiferencia, mientras miraba de forma discreta la posición del sol para estimar la hora, pues quería saber cuánto faltaba para que esta visitar se terminara y poner fin a esta tortura.

—Tu generosidad es envidiable, Aeliana —elogió Sylion con sinceridad—. Te lo agradezco de antemano en representación de todos los estudiantes beneficiaros. Sé que debe ser difícil para ti entregar algo tan valioso a las generaciones más jóvenes de las razas que han oprimido a la tuya por tanto tiempo.

Tuve que tenerme un instante, cuando de mi boca casi salía la respuesta “No te preocupes, no es nada” a su agradecimiento de forma inconsciente, sin embargo un detalle en su discurso me hizo despertar de mi estupor en la que mi mente se había hundido por la horrible partida.

No obstante ante una mención en particular, este se despertó, haciendo que toda mi atención se concentrará en él.

—¿Razas? —Pregunté de forma pausada y declaré mis dudas—. Pensé que solo ibas a utilizar el parchís con los más jóvenes de tu raza.

—Pero Aeliana —replico él con una expresión desconcertada—. La academia imperial es una institución interracial. Está prohibido discriminar a los estudiantes por su raza.

—¿Aceptan a los humanos en esa escuela? —Inquirí con curiosidad ante esa regla tan igualitaria en un mundo donde la discriminación era la norma.

—N-no, no lo hacen…

—Entonces no está prohibido la discriminación entre razas —concluí con la tristeza empañando mi voz.

Ante mi respuesta, un pesado silencio cayó sobre todos los presentes, ya nadie lo instaban con la mirada a que termináramos nuestra conversación. En cambio, todos ellos nos observaban con preocupación y recelo.

Sylion sin palabras por mi veredicto, no sabía muy bien cómo proceder ante un tema tan escabroso. No podía decir que los humanos no eran considerados como parte de ellos porque el imperio ni siquiera los consideraban seres vivos sino como bienes a intercambiar.

Tal comentario arruinaría con certeza nuestra cooperación y lo más probable era que él no quisiera eso.

Así que al verlo en problemas por encontrar palabras por primera vez desde que lo conozco, decidí ser magnánima, después de todo, no quería arruinar el ambiente ameno que tanto me había costado construir.

—Puedes utilizar el parchís con ellos —declaré mientras explicaba las razones detrás de mi confusión—. Solo me sorprendí un poco, porque no sabía que existía una academia donde se mezclara diferentes razas. Sé que es difícil mezclarlas de esa forma, incluso si son del mismo imperio.

—Se me hace raro que te sorprendas tanto Aeliana, la academia imperial es una de las tres mejores del mundo, famosa en todo Lerum —refutó Sylion de manera suave—. No quiero excusarme por mi descortesía pero… es solo que pensé que era de conocimiento común su integración interracial.

—Oh probablemente sea así —le concedí. Al ver cómo seguía confundido por mi extraña respuesta, añadí como explicación—. Es solo que nuestro asentamiento se ha aislado del mundo exterior durante mucho tiempo, por lo que no tenemos mucho de ese sentido común.

—Pero la academia imperial se fundó poco después del final de la gran guerra, hace casi cien mil años —replicó aún más confundido por mi explicación.

—Nosotros nos recluimos antes de que esa guerra comenzara —contesté con naturalidad, como si esa información no fuera un hecho impactante.

Sylion, sorprendido por esa revelación, centró su mirada en Dharai y Nuros como si buscara una confirmación de mis palabras.



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En el texto hay: elfos, dragones y magia, aventura fantasia

Editado: 19.09.2026

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