Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 32

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—Nunca pensé que nuestro reencuentro se debiera a una misión ilegal y ultrasecreta —bromeó Cillian, con una pequeña sonrisa en los labios—. Lo imaginaba más en un bar compartiendo un par de cervezas —dijo pensativo, y se rascó la poca barba que le iba creciendo en la barbilla.

—Lamento que no fuera como esperabas —dije con seriedad mientras observaba por los binoculares de visión nocturna.

Hacía un par de horas, Cillian y yo nos habíamos reunido a las afueras de la ciudad, cerca de la costa.

Estábamos en un viejo muelle que aún era utilizado por algunos pescadores ya que, desde que inauguraron el nuevo muelle, equipado con escáneres, la mayoría de los traficantes lo evitaban, debido a que podía detectar droga, armamento, entre otras cosas ilegales.

Otra razón por la que lo utilizaban era la escasa vigilancia policial.

Aspiré profundamente, y el olor a humedad, sal y pescado inundó mis fosas nasales.

Más temprano había estado lloviendo, así que las pocas farolas que había, iluminaban los charcos que se habían formado, y aunque había dejado de llover, me empezaba a preocupar que no apareciera nadie.

Nos encontrábamos acostados encima de un viejo contenedor oxidado, observando a lo lejos la ancha calle asfaltada que se extendía hasta llegar al muelle.

Ya llevábamos un par de horas allí.

Cillian me indicó que habían estado vigilando a Hassan desde ese lugar, mientras obtenían información de sus vínculos, tanto con personas nacionales como con extranjeros que llegaban a dejar la mercancía en los cargueros.

—Por cierto, gracias. Esto es muy importante para mí —me sinceré.

Aunque era un hombre de pocas palabras, estaba realmente agradecido.

—Te devolveré el favor —dije con firmeza.

—Bueno, me lo puedes devolver invitándome a una cerveza —dijo él sonriendo.

Cillian se caracterizaba por ser un tipo alegre, espontáneo y bromista, pero sabía cuándo debía ponerse serio.

Estaba a punto de responderle cuando vi movimiento.

—Hay un auto acercándose a las quince —señalé, con un gesto de la cabeza.

Cillian tomó otros binoculares, de visión simple, y el auto se detuvo a unos cuarenta metros de nuestra posición.

Debíamos ser sigilosos y precavidos, ya que estaban relativamente cerca y nos podrían ver.

Era un auto negro y lujoso, sus ventanas estaban polarizadas, por lo que a simple vista no se podía distinguir cuántas personas había. Sin embargo, los binoculares de visión nocturna eran de mucha ayuda; había cuatro sujetos en el auto.

—Movimiento a las veintiún horas —susurró Cillian con seriedad.

Mi vista se dirigió a ese lugar.

Un vehículo todoterreno con pintura de camuflaje se acercaba con rapidez, y se detuvo frente al otro auto.

Del 4x4 bajó un sujeto con el cabello corto y gafas oscuras. Su ropa era también camuflada y llevaba una espesa barba.

Lo reconocí de inmediato.

—Hassan Rahimi —susurramos Cillian y yo al mismo tiempo.

Los demás bajaron de los autos, incluidos los hermanos Kovalenko. Luego, Hassan saludó a uno de ellos, que vestía con traje oscuro y de marca. Incluso sus zapatillas y su reloj se veían caros.

Cillian aprovechó para sacar la cámara del estuche que llevaba y tomarles fotografías.

—Voy a bajar —le informé.

Cillian me miró como si estuviera loco.

—¿Y qué vas a hacer contra siete sujetos? —inquirió con enfado.

—Tranquilo, sabes que no soy de hacer estupideces —le recordé—, pero necesitamos más información sobre ese sujeto —dije señalando con un gesto de la barbilla al sujeto de traje.

Cillian entrecerró los ojos y finalmente resopló.

—Bien. Te cubriré desde aquí —dijo mientras sacaba de un maletín un fusil desmontable.

—¿Tienes el auricular encendido? —le pregunté mientras me deslizaba hacia atrás.

Lo observé empezar a armar el fusil.

—Desde luego.

—Muy bien.

Dejé resbalar mi cuerpo por la parte posterior del contenedor mientras me sostenía con las manos del filo, y luego simplemente me dejé caer con agilidad, sin hacer ruido.

Saqué un arma con silenciador, la cargué por si acaso y la aseguré en la parte posterior de mi cinturón.

Caminé sigilosamente entre las cajas de madera que se encontraban a un lado del contenedor, y continué moviéndome entre la basura y demás materiales que se encontraban allí y me servían para camuflarme.

Uno de los hermanos Kovalenko llevaba consigo un maletín negro. Hassan le extendió la mano y el sujeto lo abrió, dejando ver varias granadas de fragmentación.

¿Para qué rayos las necesitaban?

Seguí caminando, casi agachado entre el montón de basura hasta llegar a la parte trasera del auto de Hassan, donde coloqué cerca de las llantas un pequeño artefacto explosivo improvisado controlado por radio, similar al que querían usar con Amira y conmigo, con la diferencia que este se podía accionar a distancia.

‹‹Lo siento, Cillian››, pensé.

Luego asomé un poco la cabeza para ver lo que estaba sucediendo.

Con un movimiento de la mano, Hassan señaló hacia el sujeto de traje.

—No se arrepentirá de haberlas comprado. Son de alta calidad.

El hermano Kovalenko cerró el maletín y se lo entregó a uno de los otros hombres, mientras que el tipo de traje caro hizo el mismo movimiento, solo que esta vez, lo que dio no fue un maletín, sino un sobre que se veía bastante grueso.

Probablemente dinero. Ya lo confirmaríamos cuando nos acercáramos más.

—Eso espero. Las últimas no fueron precisamente efectivas —dijo con dureza.

Mi corazón se paralizó.

¿Era posible que este sujeto fuera quien había suministrado los dispositivos IED utilizados en el ataque contra Amira?

Las probabilidades eran muy altas.

El otro hermano Kovalenko sacó el contenido del sobre, y como supuse, era dinero. Lo vi contando hasta que se detuvo y asintió hacia Hassan.




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