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Mientras esperaba que Cillian averiguara sobre el intermediario, me di a la tarea de vigilar Corporaciones Delacroix, y de supervisar de cerca absolutamente todos los movimientos de Leah.
Me encontraba en el auto, llevaba gafas oscuras y estaba estacionado al otro lado de la calle, cerca de la entrada principal de la corporación.
Ya llevaba allí un par de horas, y no había visto nada sospechoso… hasta que Leah salió por la puerta principal.
Me removí en el asiento de cuero para ver mejor.
Llevaba un bolso; en una mano sostenía una botella térmica rosa y, en la otra, una carpeta con papeles.
Caminó un par de metros por la acera hasta que se detuvo frente a ella un auto negro, con ventanillas polarizadas.
La observé subir al auto y pasar junto a mí.
Encendí el vehículo y di una vuelta en U para seguirla.
La perseguí hasta las afueras de la ciudad, ansiando que se detuviera en algún lugar y se reuniera con alguien misterioso. Sin embargo, sentí una punzada de decepción cuando el auto aparcó frente a una de las sedes de la editorial.
Leah bajó del auto y entró en el lugar, y luego el vehículo desapareció al doblar en una esquina.
Estacioné un par de metros lejos de la sede, y rápidamente saqué la portátil para rastrear la placa del auto, con la esperanza de que perteneciera a alguien con quien Leah se hubiera reunido de camino hacia allí.
No obstante, la matrícula del vehículo pertenecía a la corporación. Era uno de los autos que usaban los choferes para transportar a los ejecutivos de la compañía.
Respiré hondo, y me armé de paciencia para seguir vigilando.
Mi vista recorrió cada rostro y cada rincón de la calle en búsqueda de algo sospechoso. No obstante, no sucedió nada de importancia.
Mi cuerpo se empezaba a entumecer, pero no pensaba moverme un milímetro, ya que podía perder cualquier pista importante, y si ese sacrificio significaba encontrar a Amira, lo haría.
Esperé sentado por muchas horas. Ya me dolía la espalda, el trasero y los muslos.
Necesitaba estirarme, pero entonces, los empleados empezaron a salir del lugar, incluida Leah.
Se le veía preocupada.
Y no parecía fingido, pero… no podía simplemente confiar en ella.
Al menos, no hasta que tuviera una conversación cara a cara con ella y pudiera estudiar todo su lenguaje corporal.
Reparé en que había sacado su celular, y parecía escribirle a alguien.
De repente, mi teléfono empezó a vibrar.
Era un mensaje suyo.
‹‹¿Crees que podamos reunirnos?››, había escrito.
Suspiré.
No había imaginado que la persona a la que le estaba escribiendo fuera yo.
‹‹Claro. ¿Cuándo quieres reunirte?››.
Le pedí al universo que no fuera ese día, ya que justo estaba frente a ella.
Y, aunque podía reunirme con ella, llegaría demasiado rápido.
Sí, podía fingir que tardaba en llegar, pero se suponía que estaba en otra provincia.
‹‹¿Mañana está bien?››.
‹‹Sí››, escribí.
‹‹Te enviaré la ubicación mañana en la tarde››.
‹‹Bien››.
Luego de eso, mi atención volvió a centrarse en el mismo auto que la dejó, y me puse en marcha en cuanto comenzó a moverse.
Estaba anocheciendo, y el sol se perdía en el horizonte.
El cielo pintó una franja naranja hasta que fue desapareciendo poco a poco, y finalmente cayó la noche.
Seguí el auto hasta un barrio tranquilo, donde se estacionó frente a un edificio de varios pisos.
No era tan alto ni lujoso como el de Amira, pero cualquiera con un salario promedio no podría permitírselo.
Supuse que Leah ganaba lo suficiente como para costearlo.
Ella bajó del auto y entró en el edificio de fachada moderna.
El auto se puso en marcha y me dije que eso había sido todo por el día.
Mañana ya hablaría con Leah.
Conduje de regreso al penthouse porque, sí, la extrañaba muchísimo y no podía simplemente volver a mi apartamento solitario y abrumador.
El penthouse era, a pesar de ser lujoso, muy hogareño… y me recordaba a Amira: a su cálida sonrisa, sus ojos brillantes, su risa contagiosa y la manera en que fruncía el ceño cuando estaba concentrada en algo.
Suspiré agobiado.
Al llegar, noté que Nero no me recibió como siempre lo hacía.
Estaba tirado en la alfombra de la sala, como lo había hecho los últimos días.
Sus ojos tristes me miraron, y gimió cuando lo acaricié entre las orejas.
—Tranquilo, amigo. La encontraré. Lo prometo.
Esas palabras no solamente eran para Nero, sino para reafirmarme que así lo haría y regresaría con ella a casa.
De cierta manera, me apesadumbró el hecho de que mi perro se había encariñado demasiado con Amira como ella de él, porque entonces yo no era el único que estaba sufriendo por su ausencia.
Suspiré y me acerqué a los grandes ventanales.
La mayor parte del paisaje estaba compuesta por edificios y luces. No era una mala vista, pero sería mejor si fueran montañas.
Ahora entendía por qué Amira siempre estaba entusiasmada al hablar de Suiza.
Definitivamente había un contraste muy grande a lo que ella estaba acostumbrada.
Fue en ese momento que algo en mí reaccionó.
Recordé el último cuadro que Amira había comprado y caminé hacia él a grandes zancadas.
¿Cómo se llamaba?
‹‹…es Interlaken, en Suiza. Hay varios pueblos bonitos por allí según Internet››, recordé sus palabras.
Desde luego, no tenía certeza de que estuviera allá, pero pensaba intentarlo de todos modos.
Caminé con rapidez a mi habitación y llamé a Cillian. Puse el teléfono en altavoz y empecé a hacer el equipaje.
—¿Tanto me extrañabas, Kane? Solo nos vimos hace un par de días —dijo en tono jocoso.
—Jódete —dije con seriedad—. Me voy a Suiza. Llámame si encuentras algo.
Entré al baño y tomé lo que necesitaba.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 26.09.2026