Valeria se despertó más temprano de lo habitual.
Se quedó unos minutos mirando el techo, pensando en todo lo que había sucedido durante los últimos meses.
La boda estaba a pocos días.
Y por primera vez, la idea dejó de parecer algo lejano.
Era real.
—Ya casi —murmuró para sí misma.
Después de prepararse, salió de casa.
Nicolás ya la estaba esperando.
—Buenos días.
—Buenos días.
Él la miró y sonrió.
—¿Dormiste bien?
—Más o menos.
—¿Nerviosa?
Valeria suspiró.
—Un poquito.
—Yo también.
Ella levantó una ceja.
—¿Tú?
—Sí.
—Pensé que estabas tranquilo.
—Estoy tranquilo... hasta que pienso que faltan pocos días.
Valeria comenzó a reír.
—Entonces estamos igual.
Llegaron al lugar de la ceremonia, donde Camila, Paula, Daniel y los demás participantes de la boda ya estaban esperando.
La organizadora explicó cómo sería el ensayo.
—Primero practicaremos las entradas. Después la ubicación de cada persona y finalmente el momento de la ceremonia.
Valeria asintió.
Todo parecía sencillo.
Hasta que comenzó.
Primero practicaron la entrada de los invitados.
Después las personas que acompañarían a Valeria.
Luego llegó el turno de Nicolás.
Él caminó hasta su lugar y se quedó esperando.
Camila se acercó a Valeria.
—¿Lista?
Valeria respiró profundamente.
—Sí.
Comenzó a caminar.
Apenas avanzó unos pasos, vio a Nicolás esperándola.
Y se detuvo.
La organizadora la miró confundida.
—¿Todo bien?
Valeria sonrió.
—Sí.
Nicolás también sonrió.
—Creo que se puso nerviosa.
—No estoy nerviosa.
Camila soltó una pequeña risa.
—Claro que no.
Todos continuaron con el ensayo.
Cuando llegó el momento de practicar la ceremonia completa, Valeria y Nicolás se colocaron frente a frente.
La organizadora explicó:
—Aquí es donde intercambiarán sus votos.
Valeria miró a Nicolás.
Los dos recordaron inmediatamente que habían escrito sus votos en secreto.
—¿Los van a leer? —preguntó la organizadora.
—No —respondieron ambos al mismo tiempo.
Camila los miró sorprendida.
—¿Todavía no saben qué escribió el otro?
—No —dijo Valeria.
—Entonces será una sorpresa de verdad.
Nicolás sonrió.
—Así queremos que sea.
Continuaron con el ensayo.
Cuando terminaron, todos aplaudieron.
Valeria soltó el aire que estaba conteniendo.
—Por fin.
Nicolás se acercó.
—¿Qué pasa?
—Ahora sí me di cuenta de que falta muy poco.
—Lo sé.
—Estoy emocionada.
—Yo también.
Camila se acercó con una botella de agua.
—Tomen. Después de todo esto, la necesitan.
Valeria la recibió.
—Gracias.
Paula miró a los dos.
—¿Ya se imaginan cómo será el día de la boda?
Valeria y Nicolás se miraron.
—Un poco —respondió Valeria.
—Yo creo que voy a estar más nervioso ese día —admitió Nicolás.
—¿Más que hoy?
—Mucho más.
Valeria sonrió.
—Entonces voy a tener que recordarte que respiraras.
—Y yo a ti.
Después del ensayo, todos se quedaron un rato conversando.
Hablaron sobre los últimos detalles y revisaron que todo estuviera preparado.
Finalmente, cuando el grupo comenzó a marcharse, Valeria y Nicolás se quedaron solos.
Caminaron lentamente por el lugar.
—¿Te gusta? —preguntó Nicolás.
—Muchísimo.
Valeria observó el espacio donde celebrarían uno de los días más importantes de sus vidas.
—Nunca imaginé que algún día estaría aquí.
Nicolás tomó su mano.
—Yo tampoco.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Valeria sonrió.
—Entonces ya no hay vuelta atrás.
—No quiero que la haya.
Ella lo miró.
—Yo tampoco.
Se quedaron unos segundos en silencio.
No hacía falta decir mucho.
Todo lo importante ya lo habían hablado.
Antes de irse, Valeria miró una última vez el lugar.
—Nicolás.
—¿Sí?
—Cuando llegue el día, no importa si algo sale mal.
Él la miró con atención.
—¿Por qué?
—Porque mientras estemos juntos, todo va a estar bien.
Nicolás sonrió.
—Eso sí te lo puedo prometer.
Salieron juntos del lugar.
El ensayo había terminado.
Los preparativos estaban prácticamente completos.
Y ahora sí, la cuenta regresiva había comenzado.
Faltaban pocos días para la boda.
Y antes de llegar al gran día, todavía quedaba una última noche que ninguno de los dos olvidaría.