Susurros del Frio y el Alba

Vientos del Crepúsculo 15

"En respuesta a la crisis, se desplegaron unidades de Snognis, quienes intentaron contener la expansión de las manadas. Sin embargo, la magnitud del problema superó las capacidades de estas fuerzas."

Fragmento de: Última edición - Historia de Offrasolned.

Libro oficial de historia para las escuelas de Gavasta.

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El pasillo que hasta hace poco brillaba con la calidez y murmullo sereno del fuego parecía ahora una cicatriz abierta en el corazón del castillo, Loren sintió un frio que sacudió sus huesos mientras a su paso el suelo mostraba grietas profundas. Las ventanas altas de grueso vidrio estaban astilladas o rotas por completo, dejando que los susurros del frio de la Luna Eterna se filtraran sin piedad junto a los gritos y sonidos del combate que se desataba en los jardines, y revelando una especie de nevada violeta cayendo por fuera del castillo.

El calor que había habitado los corredores ahora era solo un recuerdo, las chimeneas estaban apagadas como tumbas frías y entre su recorrido notaban como se apilaban los restos de una defensa fallida: cuerpos de guardias con armaduras partidas y armas rotas, no todo estaban muertos ya que el neonato podía oír el palpitar suave de los corazones de algunos todavía, los gritos finales de otro y lamentos de terceros.

Loren tragó saliva con dificultad, sentía que su cuerpo quería volver atrás y arrastrarlo lejos como un animal asustado, aunque sus pies seguían avanzando. A su lado, Eydisjar se mantenía firme y con los ojos fijos en lo que había más adelante, los dos sabían que se acercaban al núcleo del horror.

Fue que lo vieron, a varios metros frente a ellos. Tres Snognis se mantenían alineados, rodeados por la distintiva nieve mágica dorada que flotaba a su alrededor. Era hermosa, como pequeños soles contenidos en cada copo danzante, pero incluso esa visión fue devorada por el abismo que se alzaban frente a ellos.

Era la aberración, un hibrido grotesco.

Su altura sobrepasaba con facilidad los dos metros, una figura de pesadilla con piel azul oscuro, y manchada de sangre roja y azul que chorreaba sin alterar su compostura. Su cabello largo y gris estaba no solo en la cabeza sino también en el centro de su pecho y brazos, además de tener líneas también grises recorriendo su piel descubierta.

Los guardias Snognis no esperaron, uno alzó su brazo y los otros dos lo imitaron. La nieve dorada obedeció la orden y se arremolinó en una ráfaga brillante, se lanzó con el poder de una tormenta controlada que cortaría y congelaría todo con lo que chocara.

Pero el hibrido no se movió ni un paso, tampoco se inclinó de hombros ni nada. Desde su espalda brotó una sustancia morada que parecía absorber la luz y emanar oscuridad, cuando entró en contacto con la nieve dorada no solo la bloqueó, la corrompió. El oro se volvió purpura y pasó de estar vibrante a apagarse.

Con los copos de nieve infectándose ocurrió lo más terrible, el control y propiedad de las Lágrimas de Nedgaus pasó de los guardias a su oponente. La nueva nieve morada giró en el aire reconociendo a su nuevo dueño y se quedó flotando a su alrededor, el hibrido abrió los brazos recibiéndola con gozo.

Los tres Snognis retrocedieron, sin esconder el pánico. Uno de ellos murmuró una maldición en voz baja pero fue todo inútil, esa criatura era más que una amenaza, era como un reflejo roto del mundo y su magia.

Loren apenas pudo respirar, sentía que la sangre se le espesaba. Sus colmillos saltaron por una mezcla de instinto defensivo y el bueno olor de la que había desparramada, y pese a todo, sus piernas se mantuvieron congeladas donde estaban. Junto a él Eydisjar levantó la cabeza. —Por los Vindivus.

Ambos estaban paralizados, no solo por el miedo sino también por una compresión abrumadora que los sobrepasaba. Los dos eran considerados neonatos, aunque uno ya superaba los 50 años, pero ambos carecían de experiencia real. Lo que sabían sobre otros mundos era apenas una colección de retazos, datos, rumores y conocimiento robado. De la Escancia Arconte solo comprendían el nombre, y de los Glyptis solo sabían que eran entidades prohibidas.

Sin embargo, ahora lo veían con sus propios ojos, un horror que rompía las reglas fundamentales del mundo. Una criatura capaz de retorcer la magia hasta volverla suya y que existía fuera de las leyes naturales, su presencia corrompía.

El hibrido levantó las manos y cerró los puños, la nieve corrupta que flotaba a su alrededor respondió al instante. Con precisión quirúrgica una parte de esa nieve violeta se congeló y moldeó en lanzas largas y afiladas de hielo, entonces movió los dedos y las tres lanzas surcaron el aire en un destello, la velocidad y fuerza eran tales que apenas dejaron estela a su paso.

Dos guardias no tuvieron oportunidad de nada, las puntas violáceas perforaron sus armaduras y cuerpos como si fueran papel, dejándolo caer de rodillas mientras gritaban de dolor. Pero el tercero aguantó, la lanza impactó contra su pecho con brutalidad, y el metal de su armadura se resquebrajó como cristal, solo que algo más brilló debajo.

Se trataba de un segundo escudo, una coraza traslúcida de hielo dorado, había sido moldeada con su propia magia, el guardia no había usado toda en el ataque anterior. Y gracias a eso ahora la punta enemiga había quedado atrapada sin lograr perforarlo del todo.

Con un rugido más de bestia que de un hombre, el guardia desenfundó su espada y la agarró con ambas manos. Sacó la poca nieve que quedaba y la usó para recubrir la hoja de su espada, golpeó la lanza incrustada con fuerza haciéndola caer en pedazos helados, y corrió con furia directo hacia el enemigo. Su grito fue la única respuesta posible al terror.

Observándolo el hibrido solo sonrió, acto seguido levantó los brazos y esta vez la nieve corrupta flotó hacia lo alto del pasillo dejando todo despejado. Desde su cintura una cola larga y flexible se desenrolló con fluidez, era del color de su piel y rematada con una punta afilada. La movió con una precisión brutal y cuando el guardia estuvo a apenas un metro la extremidad descendió como un rayo, clavándose en su cuello.




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