"...una vez con ambas, la densidad áurica del usuario alcanza los mismos parametros que la de un Visionario de rango F, y la de un Sideral de hemisferio que ha absorbido la energía de gemas sungers."
Extracto de:
Tesis sobre la Opstelamancia
en otros mundos
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Frente a ellos, como si se tratara de un tesoro secreto guardado por cientos de ciclos bajo la tierra, se abría paso una cámara inmensa. El techo era alto y las paredes irregulares cubiertas por vetas minerales que brillaban como pequeñas estrellas por la luz, esa luz, provenía de lo que ocupaba gran parte del espacio subterráneo, se extendía un lago de agua dorada.

Intentando ubicarse espacialmente Kari les soltó una hipótesis a los vientos. —Debe ser el corazón del sistema de cavernas. —Habían descendido bastante al dejarse caer por el agujero y seguir el camino en bajada, al alvinter le costaba un poco imaginar que estarían debajo de la montaña a un lado del lago congelado.
El sonido de los pasos del grupo se mezcló con el silencio húmedo y expectante, la mirada del campesino pasó por la mujer rubia recostada sobre la triada de drones. A simple vista daba la impresión de estar inconsciente, pero Kari que pasó mucho tiempo con una mujer experta en medicina podía reconocer que Élodi solo intentaba descansar, tenía los ojos cerrados pero debía de estar siendo consciente de su alrededor.
El cuerpo herido de la investigadora se inflaba y desinflaba con cada respiración, tenía ambos brazos envueltos en vendas blancas, algunas más teñidas de rojo que otras, y un brazo con más forma de “brazo” que el otro. Con sus pocos conocimientos en medicina el guía suponía que habría que amputar el brazo izquierdo, porque la más mínima infección podría ser mortal.
Sin embargo, el paciente era un Solfodd, ellos tenían medicina mágica capaz de curar una pierna rota en pocos soplos. Una herida como la de ella debería ser hasta más fácil de tratar, así que con eso en mente se relajó respecto al tema de la mujer herida y se concentró en su compañero guía.
A su costado Magnus caminaba sucio y lleno de sangre, sus orejas estaban levantadas en alto y el hocico alerta, en su bolsillo Kari aun llevaba guardado el bozal que los investigadores le pusieron y que él le sacó antes de que se lanzara a la ayuda. Él creía que ya no lo necesitaría pero aun lo mantenía por las dudas, tal vez podría servir para otra cosa.
Por otro lado, se centró en Hakon, con quien compartió una sensación llena de desconcierto y fatiga. Hubo soplos en los que tuvieron que caminar más y hacer el doble de esfuerzo físico del que llevaban hoy, por lo que la fatiga sin duda era más mental que física. Algo que se incrementó en su cabeza al tener que procesar la existencia de aquel lago de agua dorada.
Kari se detuvo con la boca entreabierta, sin saber si esto se trataba de una ilusión o efecto del cansancio. —¿Qué es esto…? —soltó la pregunta dirigida al noble. Él siempre parecía saberlo todo y pensaba que esta no sería la excepción, ya que el campesino se sentía muy incapaz de comprender lo que veía.
El noble abrió la boca aunque no tenía palabras, simplemente se quedó parpadeando atónito intentando procesar la situación y atando cabos dentro de su cabeza.
En comparación Raidia y Lucien avanzaron como si hubiesen encontrado lo que llevaban toda la vida buscando, los aparatos que llevaban se habían vuelto locos y soltaban mucho ruido y luces antes de que los apagaran. La mirada de la mujer, de por si dorada también, parecía fundirse con la luz del lago, como si hubiera una extraña relación entre ambas.
La superficie liquida parecía atrapada en un sueño eterno: quieta, perfecta, resplandeciente. El reflejo titilante del agua iluminaba la piedra circundante con un fulgor cálido, casi como estar en presencia de un ocaso celestial; parecido a un sol mudo habitando las profundidades de la tierra.
Los dos investigadores se acercaron al borde con paso reverente, la mujer con el labio inferior grueso se agachó primero, dejando que la brisa tibia que emanaba del lago acariciara su rostro. Lucien se colocó a su lado, ninguno habló, solo observaron. Kari imaginó que si la cabeza de Hakon ardía intentando entender esto la de ellos era un fuego más controlado ya que parecían tener más información al respecto.
Entonces el hombre de barba corta lo notó, no era solo la superficie lo que deslumbraba. En las profundidades del agua clara y brillante, como si descansaran allí desde tiempos remotos, estaban incrustadas en la roca lo que parecían decenas de gemas. Eran como brasas dormidas entre la luz liquida, destellando en tonos rojos, naranjas y dorados; latiendo suavemente con un calor contenido.
—Mira en el fondo. —Le señaló él a su compañero que parecía no notarlo—. Son las gemas que usan los nobles. —En la distancia cercana Hakon elevó sus manos para ver las gemas incrustadas en los anillos que portaba.
Raidia asintió embelesada. —Nunca antes las había visto en su estado puro, sin ser talladas ni intervenidas.
Detrás de ellos Kari acarició a Magnus, el lobo ladró con suavidad ya que sentía una extrañeza en el aire. Eso le sirvió al alvinter para salir de su estado de hipnosis y volver a concentrarse, era consciente de que no llegaría a las respuestas por sí solo, por lo que tenía que obtenerlas de una fuente externa.
—Esto es lo que buscaban ¿verdad? —quiso saber dando unos pasos al frente. Quedando un poco por delante de Hakon aunque detrás de los investigadores en la orilla.
Esas palabras también sacaron a la mujer de su maravilla, se mantuvo agachada a la orilla pero se giró para ver a los guías. —No exactamente —comenzó a explicar—. Usando como base los datos que obtuvimos en un análisis del territorio pensamos que la fuente de energía mágica, el fenómeno que localizamos, estaría más relacionado de alguna forma con lo que ustedes llaman “Chispa”. Esto es una gran sorpresa inesperada para nosotros también.
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Editado: 15.09.2026