Abril 30, 2019
LUIS ÁNGEL POV:
Pasaron dos días desde los eventos ocurridos en la playa.
Los ánimos dentro de la “resistencia”, nombre que le pusieron Daniela y Fernanda a la causa en contra de Nerissa, estaban a flor de piel.
Había un grupo encabezado por las chicas que apoyaban mi cuestionable decisión con respecto a pactar con Silvana. No les cerraban del todo las condiciones que ella había puesto, pero confiaban en mi criterio.
El otro grupo, encabezado por Erick, estaba en total desacuerdo conmigo. Durante estos días escuché varios comentarios, como “Debió matarla, “Traicionó la memoria de Ravenna” o “¿Así que ahora perdonamos a quienes nos traicionan?”.
Erick no decía nada. Ese era el problema. No sabía si su silencio significaba desaprobación, decepción o algo peor. Aunque también quedarte callado puede ser una forma de complicidad.
Su silencio me pesaba más que las críticas de los demás.
El descontento de ese grupo creció más cuando supieron que dejé que Lukas se marchara. Yo lo veía como parte de mi estrategia. Lukas podía transmitir la falsa noticia de mi muerte. Él lo creería, porque nadie dio la orden de apresarlo.
Pero los demás lo vieron como una falta de juicio.
El bombardeo de críticas no paraba de ponerme en alerta. Tanto es así que hasta cuidaba qué tono usaba o qué lenguaje corporal empleaba.
Con cada paso que daba, con cada palabra que decía, me preguntaba si estaba haciendo lo correcto.
Decidí tomarme un micro descanso para tratar de calmar los latidos de mi corazón. Decidí salir a mi patio a tomar aire fresco.
En la salida escuché una conversación entre dos guardias que decían que yo estaba tomando decisiones erróneas sobre vidas ajenas cuando apenas acababa de asumir como Eterno.
Cuando vieron que estaba frente a ellos, los guardias se callaron de repente y se pusieron pálidos. Pensaron que les recriminaría por sus comentarios. No les dije nada y salí al patio.
Respiraba agitado. Me doblé un poco y apoyé mis manos en mis rodillas.
Luchaba por meter tanto aire a mis pulmones como podía.
—Luis Ángel —me interrumpió Patricia.
—¿Qué? —le respondí irritado, casi gritando. Mi amiga pegó un pequeño brinco y agachó por un segundo la mirada—. Lo siento… yo —balbuceé mientras intentaba pedirle perdón.
—No te preocupes —me sonrió apenas—. Te busca adentro el señor De la Piedra. Quiere discutir contigo el asalto a Oridia.
Asentí e ingresé con paso rápido.
La sala de mi casa se había vuelto el centro de mando de la Resistencia. Mapas de Oridia pegados en las paredes; también había fotos de las autoridades del Consejo y Nerissa.
Sobre la mesa de centro armaron un tablero con fichas para organizar el ataque.
El señor De la Piedra asintió con su cabeza como saludo. El resto de la Guardia Ancestral hizo lo mismo. Algunos miembros de la Guardia de Oridia también se nos unieron.
—Y bien, ¿qué tenemos? —comencé preguntando.
—Hasta donde tenemos entendido, Nerissa se encuentra en la antigua oficina de Ravenna —respondió el señor De la Piedra—. Desde ahí recibe a todos lo que están de acuerdo con ella. Todo el perímetro del palacio está siendo custodiado por guardias de la familia Osma. El puente también está resguardado. Sería impráctico atacar desde ahí.
—Debemos suponer que el interior del palacio también está protegido —interrumpió uno de los hombres del señor De la Piedra.
—La única forma de adentrarnos sin ser descubiertos sería por algún túnel o habitación secreta —volvió a hablar el señor De la Piedra.
—Creo que conozco de un lugar —sugerí.
—¿Cuál?
Estaba a punto de hablar, pero Erick entró a la habitación pisando fuerte.
Todos giraron a verlo. Luego me miraron a mí. Y nuevamente a él. La tensión era palpable.
—No creo que te refieras al manantial —soltó Erick, con voz severa y la mirada dura—. Es una pésima idea.
Ni siquiera había terminado de explicar mi idea y ya la estaba descartando.
—¿Cuál manantial? —preguntó el señor De la Piedra.
—¿Por qué es una pésima idea? —rebatí—. Nadie sabe en dónde está. El ruido de la catarata puede cubrirnos, tiene acceso directo al palacio y…
—Es una trampa —me interrumpió—. La salida al palacio es angosta. Solo pasaríamos de uno en uno. Nos encontrarán y acabarán fácil antes de siquiera mover un alfiler —afirmó.
Sentí cómo se me tensaba la mandíbula. No sabía si estaba discutiendo la estrategia o simplemente buscando otra razón para llevarme la contraria.
—Contamos con el factor sorpresa. La Guardia Ancestral tiene entrenamiento para infiltraciones, ¿no es así, señor De la Piedra?
—Erhm, sí, claro —contestó algo desprevenido el mayor.
—¿Lo ves? Si ellos nos cubren, los demás podremos…