Zamná despertó sobresaltado por el aullido de los perros. Mantenía cerrado el ojo izquierdo, quizá por las secuelas del rayo que había atravesado su cuerpo.
Poco después, Sirhan, Eshkol y Zamná se reunieron cerca de mí.
Gema comprendió que habíamos descubierto su identidad.
Intentó escapar.
Sirhan fue más rápido. La interceptó antes de que pudiera llegar a la puerta y le apuntó con su arma.
—¿A dónde crees que vas?
—¡¿Qué diablos estás haciendo?! —exclamó Zamná al ver la hostilidad del agente.
Sirhan no bajó el arma.
—Siempre te tuve en la mira, Gema. Después de que comenzaron las sospechas sobre un posible traidor, decidí investigar a cada uno de ustedes.
Dio un paso hacia ella.
—Tus antecedentes habían sido borrados. Eso me llevó a investigar tu procedencia. Zamná abrió las puertas de su casa pensando que protegía a un animal indefenso, sin imaginar que podía estar ocultando a una auténtica depredadora.
Gema permaneció inmóvil.
—Con ayuda de algunos colegas busqué tu rostro en archivos criminales de distintos países. Finalmente encontré algo.
Sirhan sacó unos documentos.
—Tu rostro apareció relacionado con el asesinato de un hombre llamado Miklós Lykaios.
Gema palideció.
—Eso es imposible.
—¿Por qué?
—¡Porque Miklós Lykaios era mi padre!
El silencio cayó sobre la habitación.
Eshkol entrecerró los ojos. Sirhan no bajó el arma.
—¿Y cómo puedes demostrarlo?
Gema apretó los puños.
—Ahora mismo no puedo. Pero créanme cuando les digo que no soy una traidora. Nunca habría puesto sus vidas en peligro.
—Tal vez no seas una traidora —respondió Sirhan—. Pero eso no demuestra que seas inocente.
—¡Nunca he matado a nadie!
—¿Por qué sigues mintiendo?
Sirhan levantó los documentos.
—¿O deberíamos llamarte Gema Schanzkowska?
La miró fijamente.
—La Doncella de Hierro.
Eshkol reaccionó de inmediato.
—¿Tú eres la sicaria del Bohemian Collyseum?
Gema cerró los ojos durante unos segundos.
Finalmente cedió.
—De acuerdo. Sí. Yo soy la Doncella de Hierro.
Eshkol permaneció en silencio.
Sirhan avanzó otro paso.
—¿Quién te envió? ¿Para quién trabajas? Mis informantes hablaron de una sicaria contratada para investigar a Ulysses Navarro. Si no eres tú, entonces ¿quién más?
Me señaló.
—¡Ahora dime qué quieres de él!
—¡Todo esto es una confusión!
—Entonces explícala.
Sirhan agitó el documento frente a ella.
—Aquí está escrito que eres la Doncella de Hierro y que estás relacionada con la muerte de Miklós Lykaios.
Miró hacia mí.
—Pero hay algo que no entiendo.
Levanté la vista.
Sirhan continuó:
—Troyano 999 acaba de decir que Gema es la asesina de otra persona.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Acaso los asesinó a ambos?
Miré a Gema. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Mataste a Valentina?
Gema negó con la cabeza.
—No.
Mi respiración se volvió irregular.
—¿Y a Miklós?
—Tampoco.
—¡Entonces alguien está mintiendo!
Sentí que algo dentro de mí se desgarraba.
Durante años había imaginado el momento en que tendría delante al asesino de Valentina. Había pensado en todas las formas posibles de hacerle pagar.
Ahora tenía frente a mí a la mujer cuya fotografía acababa de señalar como culpable.
Y estuve a punto de matarla.
Di un paso hacia ella.
Pero me detuve.
Recordé que Gema me había salvado de una muerte segura. Recordé nuestras conversaciones. Su mirada. Su voz. La noche anterior. La mujer con la que, apenas unas horas atrás, había imaginado que quizá podía comenzar una nueva vida.
Y entonces apareció otra posibilidad.
Si Miklós era realmente su padre, ¿qué significaba eso?
¿Y si la mujer que tenía delante no era la asesina que yo había buscado?
¿Y si alguien había utilizado su identidad?
¿O acaso estaba mintiendo?
Mi mente se convirtió en un campo de batalla.
Una parte de mí quería matarla.
Otra quería seguir amándola.
Recordé todas las oportunidades que había tenido para matarme. Había podido hacerlo en el Bohemian Collyseum. Había podido hacerlo durante nuestro entrenamiento. Incluso la noche anterior.
¿Por qué no lo hizo?
¿Acaso quería algo peor que mi muerte?
¿Quería destruirme lentamente?
¿Quería arrebatarme a las personas que más amaba?
No sabía quién era realmente Miklós Lykaios.
No sabía por qué alguien había querido matarlo.
No sabía qué relación tenía Gema con su muerte.
No sabía qué había ocurrido realmente con Valentina.
Y, sobre todo, no sabía quién demonios era Troyano 999.
Bajé lentamente la mirada.
Dentro de mí, dos fuerzas comenzaban a enfrentarse otra vez.
El lobo negro contra el lobo blanco.
El odio contra el amor.
La venganza contra la duda.
Y, por primera vez, comprendí que quizá mi verdadero enemigo no estaba frente a mí.
Quizá estaba detrás de todo aquello, observándonos desde las sombras.
De repente, algo interrumpió aquella confrontación.
El teléfono volvió a sonar.
Contesté de inmediato, convencido de que se trataba de los secuestradores.
Pero escuché otra vez aquella voz distorsionada.
—Apuesto a que ahora debe encontrarse sumamente confundido. Pero cálmese. En breve le explicaré lo sucedido.
Guardé silencio.
—Comenzaré aclarando algo: Gema no es la asesina de Valentina Arriaga, como le hice creer.
Sentí que el aire regresaba a mis pulmones.
—Por otro lado, como ya habrá descubierto, sí es la asesina de Miklós Lykaios.
Apreté los dientes.
—Si me mentiste antes, ¿por qué habría de creerte ahora?
—Acepto que le mentí. Pero todo tiene una explicación. Necesitaba poner a prueba su fuerza de voluntad.