Entre el amor y la hacienda

Capítulo 13: Los secretos de Sebastián

Capítulo 13: Los secretos de Sebastián

La noche parecía más silenciosa que de costumbre en la Hacienda Los Olivos.

Isabella permanecía sentada en el pequeño sofá de su cabaña, con el teléfono entre las manos y la mirada fija en los mensajes de Patricia. Había leído aquellas palabras tantas veces que comenzaba a sentir que cada lectura abría una herida diferente.

Sebastián no te fue infiel una sola vez.

Y hay algo más. La boda no era lo único que él quería de ti.

¿Qué podía significar aquello?

Durante meses había creído conocer al hombre con quien estaba a punto de casarse. Había imaginado una vida juntos, una casa llena de recuerdos, viajes, celebraciones familiares y mañanas compartidas. Había confiado en él sin reservas, incluso cuando su madre le preguntaba si estaba segura de que Sebastián era la persona indicada.

Ahora, cada recuerdo parecía esconder una mentira.

Alejandro estaba sentado frente a ella, respetando el silencio que Isabella necesitaba. No intentaba quitarle el teléfono ni exigía que le contara lo que estaba pensando. Simplemente permanecía allí, ofreciéndole una compañía que, sin saber cómo, comenzaba a resultarle reconfortante.

—¿Crees que debería contestarle? —preguntó Isabella finalmente.

Alejandro se tomó unos segundos antes de responder.

—Creo que tienes derecho a conocer la verdad. Pero también tienes derecho a decidir cuándo estás preparada para escucharla.

—¿Y si lo que me dice es otra mentira?

—Entonces tendrás que comprobarlo antes de creerle.

Isabella levantó la mirada.

—Hablas como si todo fuera sencillo.

—No lo es. Créeme, he pasado años intentando distinguir entre lo que quiero creer y lo que realmente ocurrió.

Ella entendió que Alejandro no hablaba únicamente de Sebastián. Había algo en su tono que le recordaba que él también había perdido a alguien y que conocía el dolor de vivir con preguntas sin respuesta.

—Gracias por quedarte —susurró.

—No tienes que agradecerme cada vez que alguien te trata con cariño, Isabella.

Aquella frase le llegó más profundamente de lo que esperaba.

Alejandro se levantó despacio.

—Voy a dejarte descansar. Si mañana quieres hablar con Patricia, puedes hacerlo. Si no quieres, también está bien.

Cuando llegó a la puerta, Isabella lo llamó.

—Alejandro.

Él se volvió.

—¿Sí?

—¿Podrías quedarte unos minutos más?

La pregunta lo sorprendió. No porque no quisiera quedarse, sino porque comprendió lo difícil que debía ser para ella pedir compañía después de tantas decepciones.

—Claro.

Volvió a sentarse.

Y durante aquellos minutos no hablaron de Sebastián, ni de Patricia, ni de las heridas del pasado. Hablaron de cosas pequeñas: de los caballos que Rafael aseguraba entender mejor que a las personas, de las ocurrencias de Mateo y de la obsesión del niño por convertir cualquier situación en una misión importante.

Por primera vez en toda la noche, Isabella sonrió.

Alejandro se descubrió observándola con una ternura que comenzaba a resultarle peligrosa.

No porque quisiera apresurar nada, sino porque cada día le costaba más fingir que aquella mujer era solamente una huésped de la hacienda.

A la mañana siguiente, Isabella despertó con una decisión tomada.

No iba a permitir que el miedo siguiera gobernando su vida.

Después de desayunar, se sentó junto a la ventana de la cabaña, abrió la conversación con Patricia y escribió:

Voy a escucharte, pero quiero que seas completamente sincera. No voy a aceptar explicaciones a medias ni a creer nada sin pruebas. ¿Qué es lo que sabes?

La respuesta llegó pocos minutos después.

Gracias por contestar. Sé que no merezco que me escuches, pero necesito explicarte lo que pasó.

Isabella apretó los labios.

Empieza por las infidelidades.

Patricia tardó en responder.

Cuando finalmente lo hizo, las palabras aparecieron una detrás de otra.

Sebastián estuvo con otras dos mujeres mientras ustedes estaban comprometidos. Una fue antes de que yo me involucrara con él. La otra fue después.

Isabella sintió un nudo en el estómago.

¿Cómo lo sabes?

Porque él mismo me lo contó. Me dijo que no significaban nada y que tú jamás te enterarías.

Isabella dejó el teléfono sobre la mesa.

Dos mujeres más.

Dos historias que se sumaban a la traición que había descubierto con sus propios ojos.

Cerró los ojos y respiró profundamente. No lloraría por Sebastián otra vez. Al menos, no permitiría que él siguiera arrebatándole la tranquilidad de aquella manera.

El teléfono vibró de nuevo.

Pero eso no es lo más importante, Isabella.

Ella volvió a tomarlo.

¿Qué quería Sebastián de mí?

La respuesta de Patricia tardó casi diez minutos.

Quería tener acceso a los negocios de tu familia. Y no solamente porque pensara casarse contigo.

Isabella sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

Su familia tenía inversiones y diversas participaciones empresariales. Ella nunca había ocultado esa realidad, pero tampoco la había convertido en el centro de su relación con Sebastián. Había supuesto que él estaba interesado en construir una vida juntos, no en utilizar su posición para conseguir beneficios.

Explícate, escribió.

Esta vez Patricia envió un mensaje de voz.

Isabella lo escuchó una vez. Después volvió a escucharlo, procurando prestar atención a cada palabra.

—Sebastián hablaba de tu familia desde mucho antes de que ustedes anunciaran la boda. Al principio decía que quería integrarse a los negocios, que tenía ideas para invertir y que podía aportar contactos. Después comenzó a hablar de tu patrimonio, de las decisiones que podrías tomar cuando estuvieran casados y de cómo sería más fácil hacer ciertas operaciones si él tenía tu confianza. Yo pensé que eran conversaciones normales entre una pareja que iba a casarse, pero después escuché algo que me hizo desconfiar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.