Entre el amor y la hacienda

Capítulo 16: El enemigo que nadie veía venir

Capítulo 16: El enemigo que nadie veía venir

Daniel leyó el mensaje una tercera vez.

Sé que estás revisando los documentos de Grupo Ardentia. Si quieres proteger a tu hermana, será mejor que dejes de investigar.

No era una amenaza especialmente elaborada, pero precisamente por eso le preocupaba. Quien lo había enviado sabía qué estaba investigando y conocía el vínculo entre aquella empresa y su familia.

—No le contestes —dijo Elena, acercándose a su hijo—. Primero tenemos que averiguar quién es.

—Eso pienso hacer.

Daniel guardó una captura de pantalla, anotó la hora en que había recibido el mensaje y envió la información a su abogado. Después llamó al responsable de seguridad informática de una de las empresas familiares para solicitar que verificara, por los medios disponibles, si había señales de acceso no autorizado a sus cuentas o documentos.

No quería alarmar a Isabella sin tener información suficiente, pero tampoco iba a ocultarle una amenaza que podía afectarla directamente.

—¿Vas a llamarla? —preguntó Elena.

—Sí. Necesita saberlo, pero quiero explicarle que todavía no hay pruebas de que Sebastián esté detrás del mensaje.

Elena asintió.

—Dile que estamos con ella. No quiero que vuelva a sentirse sola por intentar protegernos.

Daniel marcó el número de su hermana.

En la Hacienda Los Olivos, Isabella estaba sentada en el porche de su cabaña cuando sonó el teléfono.

La noche anterior había dormido mejor que en días anteriores. No había dejado de preocuparse por los documentos, pero la cena familiar le había recordado que todavía podía disfrutar de las cosas sencillas.

Contestó con una sonrisa.

—Buenos días, Daniel.

—Buenos días, Isa. ¿Tienes un momento?

La seriedad de su voz borró la sonrisa de su rostro.

—Claro. ¿Qué pasó?

Daniel le explicó que había recibido un mensaje intimidatorio después de comenzar a revisar la información relacionada con Grupo Ardentia.

Isabella se puso de pie.

—¿Te amenazaron por investigar?

—Eso parece, pero todavía no sabemos quién envió el mensaje ni si tiene relación directa con Sebastián.

—¿Crees que fue él?

—No puedo asegurarlo. No quiero que saques conclusiones sin pruebas, y tampoco quiero que vivas con miedo por algo que aún estamos tratando de aclarar.

Isabella caminó hasta la barandilla del porche y observó el campo.

—Daniel, Sebastián me escribió ayer. Sabía que estoy en la hacienda y mencionó a Alejandro. Me dijo que Alejandro no podía protegerme de todo.

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

—¿Por qué no me lo habías dicho?

—Te envié las capturas.

—Tienes razón. Las vi, pero no había podido revisarlas con calma. Voy a incorporarlas a la información que estamos reuniendo.

Isabella apretó los dedos alrededor del teléfono.

—¿Y si esto afecta a mamá o a ti?

—No vamos a permitir que el miedo nos haga tomar decisiones precipitadas. Vamos a verificar los hechos y, si existen indicios de alguna conducta ilícita, buscaremos las medidas legales correspondientes.

—No quiero que les pase nada por mi culpa.

Daniel respondió de inmediato.

—Escúchame bien. Tú no eres responsable de las decisiones que Sebastián haya tomado. Si alguien utilizó nuestra información sin autorización, la responsabilidad será de quien lo haya hecho. No cargues con una culpa que no te pertenece.

Isabella sintió que los ojos se le humedecían.

—Está bien.

—Y otra cosa, hermana. Por favor, no te reúnas con Sebastián ni aceptes documentos que te mande. Si necesitas recuperar tus cosas de la casa, organizaremos una manera segura de hacerlo.

—No quiero volver allí.

—No tienes que hacerlo ahora.

Cuando terminó la llamada, Isabella permaneció varios minutos en silencio.

La idea de que alguien pudiera estar observando sus movimientos la inquietaba. Sin embargo, esta vez no permitió que el miedo la encerrara en la cabaña.

Guardó el teléfono, respiró profundamente y decidió caminar hasta los establos.

Necesitaba ver a Alejandro.

No para que resolviera sus problemas, sino porque a su lado había comenzado a comprender que recibir apoyo no significaba perder su independencia.

Alejandro estaba supervisando la llegada de un proveedor cuando la vio acercarse.

Bastó una mirada para que comprendiera que algo había sucedido.

—¿Malas noticias?

Isabella asintió.

—Mi hermano recibió una amenaza relacionada con la investigación de Grupo Ardentia.

Alejandro se despidió del proveedor y caminó con ella hacia un lugar más tranquilo.

—¿Qué decía?

Isabella le explicó lo ocurrido y le mostró el mensaje que Daniel le había compartido.

Alejandro lo leyó con el rostro serio.

—¿Tu hermano ya está tomando medidas?

—Sí. Está trabajando con su abogado y va a verificar si hubo algún acceso no autorizado a los documentos de la familia.

—Bien. Es importante que no respondan a quien envió esto y que conserven todas las pruebas.

Ella lo miró con preocupación.

—No quiero que la hacienda se vea involucrada en un problema que no le corresponde.

—Isabella, tú eres nuestra huésped. Que alguien intente intimidarte no significa que hayas hecho algo malo ni que tengas que marcharte.

—Pero Sebastián ya vino una vez.

—Y se le negó el acceso porque tú no querías verlo. Eso no va a cambiar.

Alejandro hizo una pausa.

—Si vuelve, avisaremos a quien corresponda y actuaremos con prudencia. No vamos a buscar una confrontación.

Isabella agradeció que no hablara de enfrentarse a Sebastián ni de resolver el asunto por su cuenta. La seguridad que encontraba en Alejandro no provenía de grandes promesas, sino de la serenidad con que respetaba sus decisiones.

—A veces me pregunto cómo puede existir tanta maldad en alguien a quien creí conocer —confesó.

Alejandro apoyó los brazos en la cerca.




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