Capítulo 32 — Cuando Rowan dejó de jugar
Clara no llegó muy lejos. Había recorrido apenas la mitad del pasillo cuando escuchó pasos detrás de ella. No tuvo que girarse para saber quién era.
—¿Siempre huyes cuando una conversación empieza a ponerse interesante? —La voz de Rowan consiguió que se detuviera, y Clara cerró los ojos durante un instante antes de darse la vuelta.
Lo encontró apoyado contra el marco de una puerta, con los brazos cruzados y aquella expresión que ella empezaba a reconocer como una mezcla peligrosa de diversión y desafío.
—No estoy huyendo. —Clara cruzó los brazos, aunque la pequeña tensión de sus hombros parecía contradecirla.
—Claro que no. —Rowan ladeó ligeramente la cabeza, observándola con aquella sonrisa que parecía decirle que no terminaba de creerla.
—Estoy cansada. —Clara soltó el aire lentamente, como si aquella explicación bastara para poner fin a la conversación.
—Eso ya lo ha dicho Sebastián. —La sonrisa de Rowan se hizo un poco más amplia, demasiado satisfecha de haber encontrado una nueva oportunidad para provocarla.
—Entonces quizá deberías escuchar a tu hermano de vez en cuando. —Clara levantó ligeramente una ceja, devolviéndole la provocación.
—Lo intento. —Rowan se encogió ligeramente de hombros, aunque su expresión perdió parte de su ligereza—. No siempre estoy de acuerdo con él.
Clara soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.
—¿Por qué siempre tienes que llevarle la contraria?
La expresión de Rowan cambió lentamente. La pregunta parecía haberle llegado a un lugar que no esperaba y, durante unos segundos, permaneció mirándola sin responder, como si estuviera decidiendo hasta qué punto quería dejarla entrar.
—Porque normalmente sé cuándo tiene razón. —Su voz sonó tranquila, pero aquella respuesta tenía algo diferente, algo que hizo que Clara dejara de sonreír.
—¿Y conmigo?
Rowan sostuvo su mirada durante unos segundos antes de responder.
—Contigo no estoy tan seguro de nada. —Dio un paso hacia ella, reduciendo lentamente la distancia que los separaba.
Clara permaneció inmóvil.
Rowan se había acercado lo suficiente para que ella pudiera percibir el calor de su cuerpo a pesar del frío que entraba por las ventanas del pasillo. No apartó la mirada de ella; al contrario, la sostuvo con una intensidad que hizo que Clara fuera demasiado consciente de la proximidad entre ambos.
—¿Sabes qué es lo que más me preocupa de ti? —preguntó él, inclinando ligeramente la cabeza, sin dejar de observarla, y durante unos segundos Clara tuvo la sensación de que Rowan estaba viendo mucho más de lo que ella había pretendido mostrar.
—Que hago demasiadas preguntas. —Clara arqueó una ceja, intentando mantener aquella seguridad que empezaba a costarle un poco más de lo que quería admitir.
—Eso también. —Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, aunque esta vez no tenía nada de aquella ligereza que utilizaba normalmente para provocarla; había algo más en ella, algo que hizo que Clara permaneciera atenta a cada uno de sus movimientos.
Ella sonrió.
—Entonces, ¿qué es? —preguntó, inclinándose apenas hacia él, como si realmente quisiera obligarlo a contestar, aunque en el fondo empezaba a sospechar que quizá no estaba preparada para escuchar la respuesta.
Rowan sostuvo su mirada durante unos segundos antes de acercarse un poco más, lo suficiente para que Clara tuviera que levantar ligeramente el rostro para continuar mirándolo.
—Que cada vez me resulta más difícil saber cuándo estás preguntando porque quieres una respuesta... y cuándo lo haces porque quieres saber qué siento. —La última palabra salió acompañada de una leve tensión en su mandíbula, mientras sus ojos permanecían fijos en los de ella, como si reconocerlo en voz alta le hubiera costado mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.
La sonrisa de Clara desapareció poco a poco.
—¿Y qué sientes? —preguntó sin apartar la mirada, aunque la pregunta había salido de sus labios antes de que pudiera detenerla.
Rowan se quedó completamente quieto.
Por primera vez Clara tuvo la impresión de haber conseguido dejarlo sin una respuesta preparada. Sus ojos recorrieron lentamente el rostro de ella antes de detenerse de nuevo en los suyos, y durante un instante ninguno de los dos pareció recordar que seguían en mitad del pasillo.
Rowan dio otro paso hacia ella; no llegó a tocarla. No lo necesitaba.
La distancia entre ambos se había reducido hasta el punto de que Clara podía sentir el calor de su respiración y, de repente, fue demasiado consciente de la forma en que él la estaba mirando.
—Eso es precisamente lo que no debería decirte. —Su voz descendió hasta convertirse casi en un murmullo, y aquella vez no había rastro de juego en ella.
—¿Por qué? —preguntó Clara, sin apartar la mirada.
Rowan respiró profundamente antes de responder. No apartó los ojos de ella; al contrario, permaneció observándola durante unos segundos, como si estuviera intentando decidir cuánto podía decir sin cruzar una línea que ambos parecían acercarse cada vez más a tocar.
—Porque todavía no sé qué hacer con ello.
Clara sintió que el corazón comenzaba a golpearle con fuerza contra el pecho.
—Quizá no tengas que hacer nada. —La suavidad de su voz pareció sorprenderla incluso a ella.
Rowan dejó escapar una respiración lenta y, durante unos segundos, no respondió. Después levantó una mano y, con una lentitud que hizo que Clara permaneciera completamente quieta, apartó con los dedos un mechón de cabello que había quedado junto a su rostro.
El roce apenas duró un instante, pero fue suficiente para que Clara sintiera cómo un escalofrío le recorría la piel.
Los dedos de Rowan descendieron ligeramente hasta rozarle la mejilla antes de detenerse.
—Ese consejo sería mucho más fácil de seguir si no estuvieras mirándome de esa manera. —Su voz sonó más baja, mientras su pulgar permanecía apenas un segundo sobre la piel de ella antes de apartarse.