Capítulo 34 — Las consecuencias
Durante varios segundos, ninguno de los cuatro se movió.
El nombre de Elías Blackwood permanecía sobre la mesa, escrito en aquella hoja antigua que Rowan todavía sostenía entre los dedos, y aunque para Clara no era más que un nombre que acababa de descubrir, la reacción de los tres hermanos le decía que, para ellos, significaba mucho más.
Había visto esa expresión antes. La había visto cada vez que aparecía una pieza que no encajaba con lo que creían saber sobre su familia, pero esta vez era diferente.
Sebastián parecía estar repasando mentalmente recuerdos que no había pensado en años; Finn había perdido por completo la facilidad con la que solía esconder las situaciones incómodas detrás de una sonrisa, y Rowan permanecía inmóvil, mirando el documento con una concentración que hacía imposible saber qué pasaba por su cabeza.
Clara recorrió sus rostros uno a uno; ya no quería esperar. Ya había esperado demasiado.
—¿Quién era realmente Elías? —preguntó finalmente, apoyando una mano sobre la mesa mientras mantenía la mirada en Rowan—. Y no me digáis solamente que era vuestro tío. Eso ya lo sé.
Rowan levantó lentamente la mirada hacia ella. Durante unos segundos pareció estar buscando una respuesta que pudiera darle sin abrir una puerta demasiado grande, pero terminó cerrando la carpeta con cuidado antes de dejarla sobre la mesa.
—Era el hermano de nuestro padre. —Su voz había perdido aquella seguridad provocadora que utilizaba con tanta facilidad, y apoyó una mano sobre la carpeta cerrada—. Murió hace muchos años, antes de que nosotros llegáramos a comprender muchas de las cosas que ocurrían en esta familia.
Clara frunció ligeramente el ceño.
—¿Y qué clase de cosas? —preguntó, inclinándose hacia delante, incapaz de ocultar la impaciencia que comenzaba a crecerle mientras observaba cómo Sebastián y Finn intercambiaban una mirada rápida.
Sebastián tomó la palabra.
—Elías siempre fue una figura complicada dentro de Blackwood. —Se pasó lentamente los dedos por el borde de una de las hojas antes de levantar los ojos hacia ella—. Nuestro padre apenas hablaba de él, y Eleanor tampoco solía hacerlo.
—Eso no explica por qué el nombre de mi madre aparece entre sus documentos. —Clara deslizó una de las hojas hacia ella y señaló la anotación con la punta del dedo—. Porque aquí no pone solamente Elías. También aparece Catherine Foster.
El silencio que siguió fue inmediato y esta vez Clara lo vio con absoluta claridad. Finn dejó de mover la taza que tenía entre las manos. Rowan volvió a mirar la hoja y Sebastián cerró los ojos durante un instante antes de abrirlos nuevamente.
Clara sintió que algo dentro de ella se tensaba.
—La conocíais. —No fue una pregunta. La certeza se instaló en su voz mientras retiraba lentamente el dedo del papel—Eleanor conocía a mi madre.
Sebastián no respondió inmediatamente.
—No exactamente de la manera que estás pensando.
Clara soltó una pequeña risa, aunque no había humor alguno en ella.
—Entonces explícame de qué manera estoy pensando.
Finn bajó la mirada hacia la mesa y dejó escapar una respiración lenta antes de intervenir.
—Creo que ninguno de nosotros sabía que Catherine estaba relacionada con Elías.
Clara giró hacia él.
—¿Y eso debería tranquilizarme?
Finn levantó los ojos y, por una vez, no intentó suavizar la situación con una sonrisa.
—No. —Negó despacio con la cabeza—. Probablemente debería preocuparnos a todos.
Aquella respuesta hizo que Clara permaneciera unos segundos en silencio. Porque era exactamente lo que ella estaba pensando.
Se volvió hacia los documentos y comenzó a revisar las páginas que habían quedado extendidas sobre la mesa. Algunas eran notas de Eleanor; otras parecían referencias antiguas, nombres, fechas y pequeñas anotaciones que, vistas por separado, no significaban demasiado. Pero juntas empezaban a formar algo que Clara todavía no podía ver.
—¿Por qué Eleanor estaba investigando a mi madre? —preguntó mientras pasaba una página con cuidado, aunque sus ojos apenas podían concentrarse en las palabras—. ¿Qué tenía que ver Catherine Foster con Blackwood?
Rowan se acercó lentamente a la mesa y se inclinó para observar el documento que Clara estaba leyendo.
—Eso es precisamente lo que tenemos que averiguar.
Clara levantó los ojos hacia él.
—No me gusta esa respuesta.
Una sonrisa apenas perceptible apareció en la comisura de los labios de Rowan, aunque esta vez no tenía nada de provocadora.
—A mí tampoco.
Clara volvió a los documentos. El silencio se había convertido en una concentración compartida que hacía que los cuatro parecieran estar siguiendo el mismo hilo aunque todavía ninguno supiera hacia dónde conducía.
Sebastián fue quien rompió aquella quietud.
—Aquí hay algo. —Levantó una hoja que había quedado debajo de varias carpetas y la sostuvo frente a la luz que entraba por la ventana.
Clara se acercó inmediatamente.
—¿Qué es?
—Una anotación de Eleanor. —Sebastián recorrió las líneas con el dedo antes de continuar—. Estaba fechada varios años antes de que tú llegaras a Blackwood.
Clara sintió que el corazón comenzaba a latirle con mayor fuerza.
—¿Y qué dice? —preguntó Clara, inclinándose ligeramente hacia delante mientras sus ojos permanecían fijos en el papel, como si pudiera descubrir la respuesta antes de que Sebastián llegara a pronunciarla.
Sebastián la miró durante unos segundos antes de responder. Su expresión se volvió más seria mientras recorría una última vez aquellas líneas con la mirada.
—Habla de Catherine.
El nombre de su madre volvió a llenar la habitación y Clara sintió que algo se tensaba dentro de ella. Extendió lentamente la mano hacia Sebastián, sin apartar los ojos del documento.
—Déjame verla.